Así se desprende de este documento que recoge los resultados de una encuesta cumplimentada por Consejerías de Sanidad, para conocer la situación actual en materia de la planificación, organización y gestión de las ECV en cada Comunidad
Pese a la existencia de marcos estratégicos formales y de un núcleo asistencial consolidado, existen dificultades para evaluar y comparar resultados entre territorios y una brecha entre planificación, implementación real y experiencia del paciente
Los resultados indican que las CC. AA. han avanzado en la institucionalización de los ejes estratégicos de la Estrategia en Salud Cardiovascular del Sistema Nacional de Salud
La integración de la perspectiva de género, la investigación e innovación, la rehabilitación cardiaca y la implantación homogénea de sistemas de información robustos son los componentes que aun presentan un desarrollo parcial
Madrid, 12 de mayo de 2026. – ¿Cuál es la situación actual en materia de la planificación, organización y gestión de las enfermedades cardiovasculares (ECV) en las Comunidades Autónomas? Con el objetivo de ofrecer una completa radiografía en este ámbito, Cardioalianza –entidad que representa a los pacientes cardiovasculares en España- ha llevado a cabo el informe “Situación de políticas, gestión y atención a las ECV en España”, cuyos resultados presenta en una Jornada inaugurada por María Fernández, subdirectora general de Calidad Asistencial del Ministerio de Sanidad, y Tomás Fajardo, presidente de Cardioalianza.
A través de una encuesta cumplimentada por 9 Consejerías de Sanidad (Andalucía, Aragón, Canarias, Castilla-La Mancha, Cataluña, Comunidad Foral de Navarra, Comunidad Valenciana, La Rioja y Ciudad Autónoma de Melilla), el análisis de datos y revisión bibliográfica, este documento identifica y evalúa la existencia, tipología, grado de actualización y prioridades de estrategias o planes autonómicos así como el grado de formalización de las políticas autonómicas en el ámbito de las enfermedades cardiovasculares; la implementación de herramientas para la priorización de la atención y el seguimiento de los pacientes; la disponibilidad de recursos y la organización de la atención, incluyendo unidades de rehabilitación cardiaca, rutas asistenciales, protocolos clínicos y coordinación entre niveles asistenciales; y la incorporación de enfoques transversales, tales como equidad, perspectiva de género y participación de pacientes en la planificación y evaluación de los servicios.
Tal y como señala el presidente de Cardioalianza, Tomás Fajardo, “las enfermedades cardiovasculares representan una de las principales causas de morbimortalidad en España y una de las mayores cargas asistenciales y económicas para el Sistema Nacional de Salud. Por ello, y dado su impacto, la salud cardiovascular debe ser considerada un ámbito prioritario de intervención desde la planificación sanitaria, abarcando tanto la prevención como la atención clínica, la rehabilitación y el manejo de la cronicidad”.
“No obstante, en un modelo sanitario descentralizado como el español -añade-, el desarrollo y la implementación efectiva de las políticas de salud depende en gran medida de las Comunidades Autónomas. De ahí la importancia de este informe que ofrece información sistematizada del abordaje de las ECV a nivel autonómico, tanto de la priorización, la estructuración como el despliegue operativo de las estrategias en salud cardiovascular en cada caso”.
Situar la salud cardiovascular como una prioridad política real
Los resultados del informe muestran que el abordaje de las enfermedades cardiovasculares en España ha alcanzado un alto grado de desarrollo estratégico en el ámbito autonómico; pero este avance no se traduce de forma homogénea en la práctica asistencial. Para Tomás Fajardo, “la existencia de diferencias territoriales en recursos, acceso, sistemas de información y capacidad de implementación pone de manifiesto la necesidad de reforzar el liderazgo y la coordinación a nivel nacional, asegurando que la Estrategia en Salud Cardiovascular se despliegue con criterios comunes, financiación suficiente y mecanismos de evaluación comparables”.
Para el presidente de Cardioalianza, en este contexto, avanzar hacia un modelo más equitativo y orientado a resultados requiere “situar la salud cardiovascular como una prioridad política real, impulsando la cohesión del sistema, la medición sistemática de resultados y la incorporación efectiva de la voz del paciente en la toma de decisiones”.
Principales resultados de la encuesta a Comunidades Autónomas:
- Todas las CC. AA. participantes disponen de un marco estratégico que incorpora las ECV, mayoritariamente a través de Estrategias o Planes específicos (8 CC. AA.) y, en un caso (1 CC. AA.), integrándolas como prioridad en el Plan de Salud, lo que sugiere una consolidación de las ECV como eje estructural de la política sanitaria autonómica. No obstante, coexisten estrategias con más de una década de antigüedad, lo que introduce heterogeneidad en el grado de actualización estratégica.
- Predomina un enfoque estratégico centrado en las patologías de mayor carga en la morbimortalidad y de demanda asistencial, como la cardiopatía isquémica, la insuficiencia cardiaca y las arritmias, y menor cobertura en otras ECV menos prevalentes (como las valvulopatías, las cardiopatías congénitas, otras cardiopatías y las enfermedades del aparato circulatorio), lo que puede generar inequidades en la atención y el acceso a cuidados especializados para estos pacientes.
- Las estrategias autonómicas en ECV incorporan indicadores de seguimiento de forma generalizada, pero presentan unafinanciación específica limitada.
- Predominio del enfoque asistencial frente a componentes sociales, de equidad y ciclo vital en los planes específicos de ECV: Todas las CC. AA. incluyen de forma sistemática el diagnóstico y tratamiento precoz, la coordinación asistencial y continuidad de cuidados, la formación a profesionales sanitarios y el transporte urgente por evento cardiovascular y una amplia mayoría también atención psicosocial, empoderamiento del paciente, sistemas de información digital y objetivos de reducción de incidencia/mortalidad. En contraste, determinadas prioridades presentan una menor presencia en los marcos estratégicos autonómicos, como la equidad y género / desigualdades sociales en salud, la investigación e innovación, el apoyo al cuidador/familiar del paciente cardiovascular o la coordinación/transición de cardiología pediátrica a adultos.
- La estratificación del riesgo cardiovascular está generalizada, pero no siempre plenamente sistematizada.
- Fuerte desigualdad territorial en la disponibilidad de unidades de rehabilitación cardiaca, con territorios que cuentan con 1 única unidad (3 CC. AA.) y otros que alcanzan hasta 16 o 25 unidades (1 CC. AA., respectivamente). Esta variabilidad sugiere diferencias sustanciales en el potencial de acceso de la población a un recurso clave dentro del continuum asistencial cardiovascular.
- La disponibilidad de registros o sistemas de información específicos para la monitorización de las ECV presenta una implantación heterogénea entre las CC. AA. frente a una buena implantación de los programas de prevención secundaria y control del riesgo cardiovascular.
- Heterogeneidad interterritorial en la implementación de rutas asistenciales y protocolos clínicos para pacientes con ECV: todas las CC. AA. participantes han implementado alguna ruta asistencial o protocolos clínicos específicos para la atención a pacientes con ECV, pero su despliegue es heterogéneo: 5 CC. AA. disponen de protocolos para todas las principales ECV, mientras que 4 CC. AA. los han desarrollado únicamente para patologías concretas.
- La incorporación de la perspectiva de género en la prevención, diagnóstico y tratamiento de las ECV en mujeres presenta un grado de desarrollo heterogéneo entre las CC. AA.
- La equidad en el acceso a la atención cardiovascular es un objetivo compartido, pero con distintos niveles de implementación.
- Coordinación asistencial generalizada, aunque no plenamente homogénea.
- La valoración general del grado de desarrollo de un enfoque integral para las ECV tiende hacia una evaluación positiva.
- La participación de pacientes está extendida, pero poco sistematizada en la evaluación, lo que sugiere un reconocimiento amplio al valor del enfoque participativo en el diseño de políticas en ECV, si bien con niveles de institucionalización heterogéneos entre territorios.


