La vida después del cáncer de mama: “El premio es estar viva, pero también quedan heridas y duelos que no se ven”

La medicina actual logra tasas de supervivencia superiores al 89%, pero el sistema sanitario mantiene como asignatura pendiente el acompañamiento integral de las pacientes en su proceso de reinserción cotidiana

Cada año se diagnostican en España más de 37.000 nuevos casos de cáncer de mama. La tasa de supervivencia a cinco años alcanza el 82,8% al 89,3%, superando el 99% cuando la enfermedad se detecta de forma localizada y exclusiva en la mama. Sin embargo, superar un cáncer de mama no siempre significa dejar atrás la enfermedad.

El cansancio, los problemas de memoria, los efectos secundarios de los tratamientos hormonales, las dificultades para volver al trabajo y el miedo a una recaída forman parte de una realidad que muchas mujeres afrontan cuando termina la fase más dura del proceso. Una etapa en la que las secuelas físicas y emocionales pueden prolongarse durante años y en la que la atención psicológica y el seguimiento multidisciplinar siguen siendo asignaturas pendientes de un sistema sanitario saturado.

Una mujer se hace una mamografía en una imagen de archivo. / DAVID REVENGA

Según nos explica la doctora Esther Holgado, directora médica de GenesisCare España, “el cáncer de mama es más frecuente en mujeres de mayor edad, pero también afecta a mujeres jóvenes que tienen que interrumpir su vida durante el proceso. Cuando terminan los tratamientos, deben reanudarla, y eso no siempre resulta sencilla”. Una situación que, por ejemplo, se traslada al ámbito laboral. “Algunas pacientes han estado fuera de sus trabajos durante mucho tiempo y, cuando regresan, se encuentran con que ya no ocupan los mismos puestos o que no tienen la misma capacidad de resistencia que antes”.

Muchas continúan con tratamientos hormonales que, aunque consisten en pastillas que pueden tomar en casa, tienen efectos secundarios importantes. No obstante, la doctora Holgado pone el foco en las consecuencias después de la quimioterapia. “Refieren problemas de memoria o dificultades de concentración. Son mujeres jóvenes que, de repente, se sienten mentalmente más torpes, y eso afecta a su día a día y a su desempeño profesional”.

Además, hay algo se que ve con mucha frecuencia: el bajón emocional que experimentan cuando terminan los tratamientos. “Es como si, de repente, tomaran conciencia de todo lo que les ha sucedido. Mientras están recibiendo tratamiento, concentran sus esfuerzos en recuperarse, pero cuando termina esa etapa aparece el impacto emocional”, recalca la especialista.

Superar un cáncer de mama no siempre significa recuperar la vida que se tenía antes del diagnóstico. Muchas mujeres deben enfrentarse a una realidad de la que todavía se habla poco: las secuelas que deja la enfermedad cuando los tratamientos terminan. Cambios físicos, menopausia precoz, dificultades para ser madre, alteraciones en la sexualidad o problemas para retomar la carrera profesional son algunas de las consecuencias que pueden prolongarse durante años. Isabel Sánchez, Cristina Erena y Noelia Sanz Peñalver conocen bien esa otra cara del cáncer de mama. A través de sus testimonios, las tres ponen voz a las heridas invisibles de una enfermedad que no siempre termina cuando desaparece el tumor.

Isabel, el duelo por una maternidad que nunca llegó

Isabel Sánchez, paciente de cáncer de mama
Isabel Sánchez, paciente de cáncer de mama / CEDIDA

Isabel Sánchez tenía 35 años cuando recibió un diagnóstico de cáncer de mama, poco después de regresar de su luna de miel.Acababa de comenzar una nueva etapa junto a su marido cuando todos sus planes quedaron suspendidos. “Lo primero que le pregunté a la doctora era que si me iba a morir”, recuerda en una conversación telefónica con este periódico. Dos años antes había perdido a su padre por la misma enfermedad y el miedo volvió a instalarse en su vida.

Entre las decisiones que tuvo que afrontar apareció una para la que todavía no estaba preparada: la maternidad. “Ni siquiera nos había dado tiempo a planteárnosla”, explica. Antes de comenzar el tratamiento intentó congelar sus óvulos, pero el procedimiento no tuvo el resultado esperado.

Confiesa que “es uno de los días que recuerdo con más tristeza y dolor”. Y es que, la noticia de que los óvulos extraídos no tenían la calidad suficiente supuso un golpe que, asegura, llegó a ser incluso más duro que el propio diagnóstico.

Durante los primeros años, su única prioridad -como lo es para todas las pacientes- fue superar la enfermedad. “Vives de revisión en revisión“, señala. Sin embargo, cuando las consultas comenzaron a espaciarse, reaparecieron los proyectos que había dejado aparcados. Entre ellos, la posibilidad de ser madre.

Isabel continúa con tratamiento hormonal y, tras consultar con distintos especialistas, se encontró ante una decisión difícil: interrumpirlo para intentar un embarazo, sin garantías sobre el resultado. Finalmente, decidió no hacerlo por miedo a las posibles consecuencias. “Yo no decidí no ser madre, simplemente la vida y la enfermedad cambiaron las reglas de un futuro que yo me había imaginado de otra manera”.

Se trata de un duelo no siempre aparece durante el tratamiento, sino años después, cuando la vida parece haber recuperado cierta normalidad. “No es tristeza, es dolo”, recalca. A las consecuencias sobre la maternidad se suman las relacionadas con la sexualidad, otro aspecto del que considera que todavía se habla demasiado poco. Un tabú rodeado de los cambios físicos, la pérdida de autoestima y los efectos del tratamiento hormonal han transformado su relación con su cuerpo y su vida íntima. “Toca adaptarte y toca reinventarte”, afirma.

Isabel reclama un mayor acompañamiento para las pacientes y sus parejas, porque las consecuencias del cáncer van mucho más allá de las revisiones médicas. “El cáncer no desaparece cuando la enfermedad deja de ser visible”. Y recuerda que, detrás de cada diagnóstico, también quedan proyectos interrumpidos, decisiones difíciles y heridas que no siempre se ven.

Cristina, cuando superar el cáncer no significa recuperar tu carrera

 

Cristina, paciente de cáncer de mama
Cristina, paciente de cáncer de mama / CEDIDA

Cristina Erena llevaba cerca de dos décadas trabajando en una gran multinacional del sector de la belleza cuando el cáncer de mama interrumpió -sin avisar- su trayectoria profesional. Tenía alrededor de 45 años, ocupaba un puesto de directora comercial y dirigía un equipo de 18 personas. Hasta entonces, apenas había tenido problemas de salud. “Fue una frenada en seco”, recuerda a este periódico.

Tras el diagnóstico, decidió concentrar toda su energía en el tratamiento y la recuperación. La empresa le transmitió inicialmente su apoyo, pero su baja coincidió con un momento especialmente complejo: fue operada en febrero de 2020, justo antes del estallido de la pandemia.

Mientras Cristina afrontaba las intervenciones y los tratamientos, el mundo laboral cambiaba a gran velocidad. La digitalización, el teletrabajo y una reorganización interna transformaron la compañía en la que había desarrollado buena parte de su carrera. Cuando llegó el momento de reincorporarse, después más de siete meses de baja, descubrió que su puesto había desaparecido.

“Yo era la directora comercial de una de las marcas de esta compañía y me dijeron que ese puesto ya no existía”, explica. Aunque le ofrecieron otras responsabilidades, eran muy diferentes a las que había desempeñado hasta entonces. Pasó de dirigir un equipo de 18 personas a uno de dos. Para ella, aquello supuso otro golpe después de todo lo vivido.

Su intento de recuperar el espacio profesional que consideraba que le correspondía generó tensiones que, según relata, terminaron en un despido algo más de dos años después.

La experiencia también la obligó a replantearse sus prioridades. Comenzó a prestar más atención a su alimentación, incorporó el ejercicio físico a su rutina y buscó apoyo psicológico para gestionar el impacto emocional. “Afortunadamente, he podido elegir vida en vez de elegir carrera”, reconoce.

De ahí que uno de sus mensajes sea claro: que las empresas deben revisar cómo acompañan a quienes regresan al trabajo después de un cáncer. Para ella, no se trata únicamente de facilitar una reincorporación, sino de evitar que la enfermedad se convierta en una etiqueta profesional.

“Que no se les quite de la foto”, reclama. Superar un cáncer, defiende, no significa haber perdido el talento, la ambición ni la capacidad de seguir aportando.

Noelia, vivir en un cuerpo que ya no reconoces

Noelia Sanz, paciente con cáncer de mama
Noelia Sanz, paciente con cáncer de mama / CEDIDA

“Físicamente, ya no soy la Noelia que dejé atrás, ni por fuera ni por dentro”. Con estas palabras, Noelia Sanz Peñalver resume las consecuencias que el cáncer de mama ha dejado en su cuerpo y en su vida cotidiana. Después de seis meses de quimioterapia, una mastectomía radical con extirpación de 22 ganglios linfáticos, quince sesiones de radioterapia y varios tratamientos posteriores, ha tenido que aprender a “convivir con secuelas que no siempre resultan visibles”.

Dolores articulares y óseos, neuropatía en manos y pies y fatigapersistente forman parte de su día a día. Antes era una mujer muy deportista, pero ahora su cuerpo no siempre responde como le gustaría. «Aunque quienes me rodean me dicen que físicamente me ven bien, yo he tenido que aceptar cómo mi cuerpo ha cambiado en un tiempo récord», explica.

A ese desgaste se suma la menopausia inducida por el tratamiento hormonal, una experiencia para la que reconoce que no estaba preparada. Los sofocos y los cambios físicos son solo una parte de sus consecuencias. En su caso, la primera dosis de supresión ovárica vino acompañada de una serie de síntomas: tristeza, náuseas, mareos y un malestar emocional difícil de gestionar.

El impacto del cáncer de mama va más allá del propio paciente. También alcanza a la familia. Madre de dos niñas pequeñas, Noelia conocía de cerca lo que significaba perder a un ser querido por cáncer: su padre falleció cuando ella tenía 17 años. Por eso, cuando recibió su diagnóstico, uno de sus mayores temores fue que sus hijas atravesaran la misma experiencia.

De esa experiencia nació también @lacompaneradeallado, una cuenta de Instagram en la que comparte su proceso y conversa con otras pacientes. A través de ella ha descubierto que muchas mujeres se sienten solas cuando terminan los tratamientos y su entorno interpreta que ya están recuperadas.

Reconoce que “a veces también me toca llorar frente al espejo”. Por eso, reivindica que se hable más de las secuelas físicas, la menopausia inducida y el impacto emocional de la enfermedad. Co. Como aprendido, recuperar la apariencia de antes no significa necesariamente recuperar la vida que se tenía.

 

FUENTE: La Nueva España 

 

Xavi Mascarell
Xavi Mascarell
Colaborador habitual, de profesión sanitario, su interés se centra en las especialidades médicas, las asociaciones profesonales del sector y la actividad hospitalaria. Ha seguido de cerca avances en epidemiología, vacunas y prevención de la salud.

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