La Dra. Mª Mar Freijo es Jefa de Sección de la Unidad Neurovascular del Hospital Universitario de Cruces (Barakaldo) y coordinadora del Grupo Neurovascular del Instituto Biocruces-Bizkaia.
También es la Coordinadora del Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología (SEN), revisora y moderadora habitual de las comunicaciones del Grupo, así como la Directora de Curso de Acreditación de Neurosonología y Secretaria del Proyecto Ictus.
Licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) es autora de numerosos artículos en revistas nacionales e internacionales y ha participado en diversos ensayos clínicos y proyectos sobre el manejo de ictus. Actualmente miembro de la Comisión de Dirección de la Red RICORS de enfermedades cerebrovasculares del Instituto de Salud Carlos III y tutora de especialistas de Neurología en formación y también ha sido profesora del Departamento de Neurociencias de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU).
En España alrededor de 120.000 personas sufren un ictus cada año y unas 25.000 fallecen. A su vez, el Ministerio de Sanidad señala que el ictus es la segunda causa de muerte en mujeres y la tercera en hombres. ¿Seguimos siendo suficientemente conscientes de la dimensión que tiene esta patología?
Respesta.- Creo que todavía no somos suficientemente conscientes de la verdadera dimensión del ictus tanto por las cifras como por el impacto que supone en la vida de las personas. No solo es una de las primeras casusa de mortalidad sino también de la discapacidad adquirida en la población adulta pudiendo dejar secuelas que limitan de forma importante la autonomía y la calidad de vida de las personas que lo sufren.
El ictus sigue siendo más frecuente a partir de los 65 años, pero el Ministerio de Sanidad señala que su incidencia aumentó un 25% entre los 20 y los 64 años. ¿Qué está ocurriendo para que el ictus tenga cada vez más presencia también entre personas más jóvenes?
Respesta.- Aunque el ictus continúa siendo más frecuente en edades avanzadas, algunos estudios sugieren que la incidencia podría estar aumentando también en personas jóvenes y de mediana edad. Además de las causas específicas más habituales en estos pacientes, se está estudiando el papel que pueden desempeñar los factores de riesgo vascular, así como la posible influencia de determinados de vida. Por ello, la prevención es fundamental también en personas jóvenes, dirigida tanto a la detección precoz de los factores de riesgo vascular como a su adecuado control cuando estén presentes.
“En el ictus, cada minuto cuenta y la rapidez en la atención es fundamental para poder beneficiarse de los tratamientos disponibles”
Recientemente usted ha señalado que la hipertensión es el principal factor de riesgo vascular del ictus, junto al colesterol elevado, las arritmia, la diabetes o el tabaquismo. Si tuviera que señalar un problema que todavía estamos infravalorando, ¿cuál sería?
Respesta.- Conocer la importancia de la detección precoz de los factores de riesgo vascular, así como de su adecuado control y de la adherencia al tratamiento que precise cada uno de ellos.
El Día Mundial del ictus pretende precisamente aumentar el conocimiento de la población sobre esta enfermedad y su sensibilización. La Sociedad Española de Neurología mantiene campañas destinadas a que la población reconozca los síntomas, y sepa que ante un solo síntoma debe llamar al 112. ¿Qué cree que todavía no hemos conseguido transmitir suficientemente bien a la población?
Respesta.- La importancia de solicitar asistencia sanitaria de forma inmediata. En el ictus, cada minuto cuenta y la rapidez en la atención es fundamental para poder beneficiarse de los tratamientos disponibles.
La estrategia del ictus del Sistema Nacional del Sistema Nacional de Salud insiste en que el tratamiento debe realizarse con rapidez y mediante equipos especializados. ¿Seguimos perdiendo oportunidades porque el paciente tarda demasiado en reconocer los síntomas o en pedir ayuda?
Respesta.- Si, todavía se producen retrasos en la atención especializada como consecuencia del reconocimiento tardío de los síntomas o de una demora en la solicitud de asistencia médica. Por eso, es tan importante que la población conozca los principales signos de alarma y que, ante la aparición brusca de uno de ellos llame inmediatamente al 112. Pero la atención del ictus es una cadena en la que intervienen diferentes eslabones. Además de conseguir que el paciente solicite ayuda inmediatamente, es fundamental que todo el circuito asistencial funcione de forma coordinada y ágil, desde la atención extrahospitalaria hasta la llegada a un centro con capacidad para ofrecer los tratamientos específicos que precise cada paciente.
La unidad de ictus del Hospital Universitario de Cruces, que usted dirige, atiende anualmente a más de 700 pacientes y tiene una población de referencia superior a las 780.000 personas. En el año 2023 obtuvo, además, la acreditación ESO Stroke Centre, que exija acreditar estructura, organización, actividad científica y resultados asistenciales. ¿Qué significa en la práctica trabajar en una unidad de estas características?
Trabajar en una Unidad de Ictus certificada por la ESO significa cumplir unos estándares de calidad europeos. Para obtener la certificación la Unidad pasa por una evaluación externa y, posteriormente se somete a revisiones periódicas.
Esto permite garantizar que la atención al paciente con ictus está organizada, coordinada y basada en criterios de calidad y favorece además la mejora continua de la asistencia.
La actualización de la estrategia del ictus del Sistema Nacional de Salud dedica una de sus 6 líneas estratégicas a la neurorrehabilitación y a la vida después del ictus. ¿Qué es lo que más necesita un paciente y su familia una vez superada la fase aguda?
Necesita contar con una atención continuada y coordinada por los diferentes profesionales adaptada a las necesidades del paciente y sus cuidadores, con el objetivo de conseguir la mejor calidad de vida posible para ambos.
Cuando hablamos de secuelas solemos pensar en problemas de movilidad, pero un ictus también puede afectar al lenguaje al sistema cognitivo, o a la autonomía personal. ¿Estamos dando suficiente visibilidad a esas secuelas que no siempre se ven?
Es cierto que solemos asociar las secuelas del ictus a la dificultad para movilizarse, pero también puede haber limitación para comunicarse tanto para hablar como para comprender, alteraciones visuales, de la deglución o cognitivas. Son secuelas que pueden limitar de forma significativa la autonomía y las actividades de la vida diaria con un importante impacto tanto para el paciente como para su entorno.
“Todavía se producen retrasos en la atención especializada como consecuencia del reconocimiento tardío de los síntomas o de una demora en la solicitud de asistencia médica”
Si miramos una década hacia delante, ¿Cómo cree que habrá cambiado la atención del al paciente con ictus? ¿Estamos ante una enfermedad que podremos prevenir, tratar, e incluso anticiparnos de una manera mucho más personalizada?
Creo que en los próximos 10 años veremos avances importantes tanto en la prevención como en el tratamiento del ictus. Probablemente podamos identificar mejor a las personas con mayor riesgo y disponer de tratamientos cada vez más personalizados. El objetivo será seguir avanzando en la prevención y el tratamiento, anticiparnos a ella cuando sea posible, reducir el riesgo de recurrencia y disminuir su impacto posterior.
Para terminar… Después de tantos años atendiendo a pacientes con enfermedades cerebrovasculares, ¿Qué es lo que más le sigue sorprendiendo del ictus y qué es lo que más le gustaría que la sociedad entendiera sobre esta enfermedad?
Lo que más me sigue sorprendiendo es la variabilidad en la evolución de los pacientes y que en ocasiones resulte difícil predecirla con precisión. El cerebro es un órgano complejo con una organización y unas redes de conexiones que presentan unas características individuales, por lo que la respuesta al daño cerebral producido por un ictus y las secuelas pueden variar de unas personas a otras, incluso ante lesiones de características similares.
Me gustaría que la sociedad entendiera la importancia de la prevención tanto antes de sufrir un ictus como después de haberlo sufrido, para evitar que vuelva a producirse y que supiera reconocer sus síntomas y solicitar atención sanitaria de forma inmediata, para poder llegar lo antes posible al centro que pueda ofrecer el tratamiento específico que necesita cada persona.
Y sobre todo, que después del ictus sigue habiendo un camino de recuperación en el que el paciente y su familia necesitan ayuda y acompañamiento.


