Al igual que la glucosa, la fructosa favorece el crecimiento de la célula tumoral pero para ello necesita que el hígado la transforme en lípidos, según muestra un estudio.
Un rasgo común de las células tumorales es su avidez por la glucosa, que les sirve de combustible para crecer. La fructosa también participa en ese fenómeno de “metabolismo de Warburg”, pero una nueva investigación muestra que en lugar de ser captada directamente por los tumores, llega a ellos una vez se ha metabolizado en el hígado.


