Expertos afirman que retrasar el acceso al primer móvil ayuda a prevenir adicciones digitales y los riesgos asociados al uso de internet
Los avances tecnológicos han propiciado el uso masivo de pantallas entre los más jóvenes. La conocida como generación Z –aquellas personas nacidas entre la década de 1990 y finales de los 2000– se sirven de las nuevas tecnologías como canal para comunicarse, informarse y entretenerse. No obstante, a pesar de los beneficios que ofrece la digitalización, también existen riesgos asociados a un mal uso de estas tecnologías, como una menor seguridad en su información personal o el uso abusivo.
En este sentido, un nuevo estudio publicado en Anales de Pediatría alerta sobre los riesgos de un acceso demasiado temprano al primer teléfono móvil con internet propio. La investigación, realizada con más de 3.300 adolescentes gallegos de entre 14 y 18 años, revela que disponer de un smartphone a los 11 años o antes se asocia con un mayor uso problemático de internet y con más conductas de riesgo.
La edad media de acceso al primer smartphone en la muestra fue de 11,7 años, siendo ligeramente más temprana en las chicas (11,61) que en los chicos (11,80). Un 37,4% de los adolescentes tuvo su primer móvil con internet a los 11 años o antes, frente a un 30,2% que lo recibió a los 13 o más tarde. “La edad de acceso al primer smartphone constituye un factor diferencial en los hábitos digitales de los adolescentes”, subraya el estudio realizado por Patricia Gómeza, Abel Nogueira-Lópezb, David Liñaresc, María Angustias Salmerón-Ruizd, Antonio Rial-Boubeta.
El trabajo confirma que quienes tuvieron un móvil antes de los 12 años hacen un uso más intensivo del mismo. El 36,2% de estos adolescentes pasa más de cinco horas diarias conectados, frente al 23,1% de los que lo recibieron más tarde. Además, el 81,2% mantiene el dispositivo en su habitación por la noche y un 34,2% se conecta a partir de medianoche, cifras notablemente superiores a las del grupo de acceso tardío.
El patrón de uso también afecta al entorno escolar. Los adolescentes con acceso más temprano llevan con más frecuencia el móvil a clase y lo utilizan durante el horario lectivo, además de estar registrados en un mayor número de redes sociales. El 73,5% de ellos tenía perfil en tres o más plataformas, frente al 57,1% de los que recibieron el dispositivo a los 13 años o después.
La prevalencia global de uso problemático de internet (UPI) fue del 31,4%, pero alcanzó el 37,4% entre los adolescentes que accedieron al smartphone antes de los 12 años, frente al 23,9% del grupo más tardío. “Acceder a un smartphone de forma temprana incrementa significativamente las probabilidades de desarrollar un uso problemático de internet, más allá del efecto de la edad o del género”, destaca el artículo.
El estudio también analizó la exposición a conductas de riesgo online. Los adolescentes con acceso más temprano presentaron porcentajes superiores en ‘sexting’ pasivo, aceptación de desconocidos en redes, contacto con extraños, encuentros en persona tras conocerse online, juego de azar por internet y haber sido víctimas de ciberacoso. En palabras de los investigadores, “el smartphone a edades tempranas se convierte en la puerta de entrada a riesgos online para los que los adolescentes aún no cuentan con las herramientas necesarias”.
Un problema de salud pública crecientes
Los autores vinculan estos hallazgos con un problema de salud pública creciente. Recuerdan que, del mismo modo que en las adicciones con sustancia un inicio temprano predice un consumo de mayor riesgo, algo similar puede estar ocurriendo con las llamadas adicciones sin sustancia. “Retrasar la edad de acceso al primer smartphone debe considerarse una medida preventiva necesaria”, afirman.
El impacto del uso nocturno preocupa especialmente a los expertos, ya que interfiere en los hábitos de sueño de los adolescentes. La investigación advierte que estas alteraciones pueden comprometer el desarrollo integral en una etapa vital de maduración cerebral. “Un sueño saludable en la infancia y la adolescencia es imprescindible para un desarrollo integral sano”, recuerdan.
Como conclusión, el estudio pide a pediatras, profesionales de Atención Primaria, educadores y familias que tomen un papel activo en la orientación sobre el uso del móvil. Los autores insisten en que no se trata de estigmatizar la tecnología, sino de fomentar un acceso más tardío y un uso responsable. “Estamos ante un problema de salud pública que exige un alto grado de responsabilidad social por parte de toda la comunidad”.
***Noticia publicada en ConSalud.es el día 19 de agosto de 2025.


