Científicos de Alemania y Reino Unido han descubierto cómo una proteína clave regula el receptor cerebral que controla el hambre, un hallazgo que abre nuevas vías para tratar la obesidad y mejorar la comprensión del equilibrio energético del organismo.
Es cierto que no siempre comemos porque tengamos hambre, sino que la ansiedad, el aburrimiento o la tristeza también contribuyen a la ingesta compulsiva de alimentos que, además, suelen ser muy calóricos y poco nutritivos; es lo que se conoce como hambre emocional. Sin embargo, sentirnos saciados evita comer de más y un equipo de investigadores de la Universidad de Leipzig1 y de la Charité – Universitätsmedizin de Berlín ha identificado un mecanismo fundamental que ayuda al cerebro a regular la sensación de hambre y, con ello, el control del peso.


