Así han producido a los 10 millones de dosis de la vacuna de la gripe que llegarán a España esta temporada.
Hasta España se prevé que lleguen casi dos millones de dosis de alta carga de la vacuna contra la gripe de Sanofi, además de una parte de los casi diez millones de la dosis estándar. En total, nuestro país ha comprado 25 millones de dosis de vacuna frente a la gripe estacional por valor de 277,8 millones para los próximos tres años. Sanofi es una de las empresas seleccionadas para este suministro junto a Viatris y Seqirus. Con estos pinchazos se busca proteger a los casi 9,1 millones de españoles mayores de 65 años, además de 1,7 millones de menores de seis años, embarazadas y población de riesgo, los grupos a quienes se recomienda inmunizarse contra el virus estacional.
Las dosis encargadas a Sanofi saldrán de la localidad de Val-de-Reuil, a 100 kilómetros de París, una fábrica de 305.000 m2 -el equivalente de 42 campos de fútbol- despacha cada año 600 millones de dosis contra una veintena de virus. Se trata de la mayor planta de vacunas del Europa y aquí se manufacturan escudos inmunitarios contra todo tipo de enfermedades: rabia, tos ferina, fiebre amarilla, hepatitis A y B, polio, difteria, meningitis, tétanos, y neumococo, además de combinaciones pediátricas como la triple vírica.
Cabe subrayar que la fórmula contra la gripe es la infección: seis de cada diez pinchazos que se administran en todo el mundo salen de esta fábrica. Estos días, la planta ya ultima las últimas dosis, pues la temporada de vacunación contra el virus acaba de empezar en el hemisferio norte. Y este diario fue testigo de este complejísimo proceso y de las estrictas medidas de seguridad, asepsia y organización que requiere elaborar tantísimas vacunas sin fallos.
Aunque aún queden partidas en la planta francesa, -“siempre hay pedidos que completar a última hora”-, las vacunas contra la gripe ya están en las neveras de las consultas españolas. Estas primeras semanas de octubre, ya están disponibles las peticiones de la cita en las CCAA. Este año están llamados a la protección vacunal los mayores, los niños menores de seis años y los pacientes de riesgos y se espera superar el porcentaje medio para todo el país en 2024 que fue del 58,47%, ya que la meta está en el 75%, según la OMS.
Con más de 40 años de experiencia en la producción de vacunas contra la gripe, “Sanofi abastece de escudos inmunitarios a 150 países en todo el mundo”, explica durante la visita Matthieu Puyet, director de la planta, quien antes de comenzar la visita explica el viaje anual de los antígenos frente a la gripe. «Todo empieza en febrero, cuando la OMS escoge los linajes que debemos incluir». Cada año es una nueva carrera. Aquí trabajan todos los días del año, en un mínimo de dos turnos, según la época y la parte de la planta. “Cuando suena la campana, todo ha de estar listo para ello”, dice Puyet.
La receta antigripal se cambia cada año, según las características del virus en el hemisferio contrario. “Observamos cuáles son las cepas predominantes y se ajusta lo mejor posible la vacuna a la previsión de la gripe circulante en la estación invernal“, apunta Marco del Riccio, experto en Salud Pública y enfermedades respiratorias de la Universidad de Florencia.
La visita se centra en la parte de llenado, control de calidad y empaquetado. Para acceder a las instalaciones hay que portar calzado especial, batas y cubrepelo, a los que se irán añadiendo complementos de guantes y gafas según la zona en la que nos hallemos. “Nada de joyería, ni maquillaje, ni relojes… todo fuera”, advierte una mujer que nos acompaña a los vestuarios. Además, de forma previa, todos los que realizan la visita han de realizar un curso on-line para conocer los detalles de qué se puede hacer y qué no. “Por favor, nada de andar mirando el móvil. Hay que pararse para hacerlo“, nos repiten en varias ocasiones.
¿Cómo fabrican una vacuna?
Primera parada: de un tanque de 500 litros se extraen unas 10 dosis por vial, hasta sumar unas 70.000 unidades. O bien una dosis por jeringa, lo que son unas 400.000 vacunas. El tanque está en una especie de armario empotrado a menos cinco grados. En su interior se halla la fórmula secreta del escudo que se vaya a inocular: el antígeno del virus correspondiente, junto a los excipientes forman el compuesto final.

Las salas de llenado, en las que solo trabaja una persona verificando que la automatización es correcta, se encuentran a 10ºC. Durante la visita, también observamos cómo se llenan viales de polio. “El proceso para la gripe es igual”, apostilla Pierre Caillaud, director de fabricación de vacunas en Sanofi Pasteur, nuestro cicerone durante las dos horas de la expedición. “Pero en vez de viales, son jeringuillas”.
Todos los envases contenedores pasan por un proceso de esterilización previa, en los que se lavan y se secan a unos 300 grados en un horno. Al finalizar, cada uno es inspeccionado por las máquinas para que cumplan con los parámetros de seguridad y calidad. “Si alguno no lo hace, se le saca de la línea”, apunta Caillaud, que repite esta frase en cada una de las paradas.
Verificar todo lo que sale
¿Cuántas dosis se desechan? No hay un número concreto, pero cualquier fallo en el contenido, en el etiquetado o empaquetado hace que nunca lleguen a la meta. En la zona de envasado se rellenan 12.000 viales a la hora. La persona que trabaja en la sala se encarga de recogerlos y prepararlos en palés para la siguiente parada.
Camino de la zona de revisión de calidad de viales nos cruzamos con una pila de dosis de polio esperando su turno. En una de las salas de inspección, los viales son sometidos a un exhaustivo examen, unos 400 cada minuto. Esto es posible porque se ha dispuesto un sistema con dos máquinas unidas por caminos a modo de Scalextric. En la primera sala se verifica la presencia de oxígeno. “No debe haber”, dice tajante Caillaud. En la segunda hay 18 cámaras que revisan si hay fallos, roturas o desperfectos que pongan en riesgo la sustancia que se va a inocular. “Realizamos un doble check“, detalla.
Durante la explicación del funcionamiento del sistema, se rompe uno de los viales que contiene una dosis contra la fiebre amarilla. La luz roja señala la parada de la máquina. Las personas que allí se encuentran solucionan con agilidad el problema en menos de 15 minutos. Mientras uno rellena el parte del suceso, dos desmontan el sistema con presteza, uno saca un aspirador y retira los cristales, y para finalizar, otro limpia con varias sustancias cada una de las piezas. Todos los viales que recorrían la máquina serán desechados. Aquí no se juega con la seguridad.
Etiquetar y empaquetar viales y jeringuillas
El siguiente paso es el empaquetado. Hasta llegar hay un paseo. El sistema de circulación tanto dentro de los edificios como fuera sigue un estricto orden que todos respetan. Nadie va con móviles en la mano. Se circula por la derecha, se cede el paso y se respetan los pasos de cebra y los ceda al paso, tanto en el caso de vehículos de motor, como los transportines.
Todos los procesos son hipnóticos. Imagine perder la noción del tiempo mientras se llenan los viales o ver pasear por cintas las jeringas durante varios metros hasta que un brazo las coloca por grupos en una caja. O cómo una máquina introduce los prospectos, ya doblados, en el interior de la caja previamente doblada. “¿Y aquí qué hay?”, pregunta Meral Akcay, viróloga y profesora de Microbiología de la Universidad de Emory, que forma parte de la expedición.
Una pista que nos da el director de fabricación de vacunas en Sanofi es el color del capuchón o de la pegatina que se coloca en las jeringuillas y las cajas en las que salen de las salas de envasado. A lo largo de la visita hemos visto viales con tapa naranja para polio y rosa para fiebre amarilla.
En una de las salas de empaquetado circulan jeringuillas precargadas de Hexasim. “Esta es de la vacuna que combina difteria, tétanos, tos ferina, hepatitis B (rDNA), poliomielitis (inactivada) y vacuna conjugada contra Haemophilus influenzae tipo b (adsorbida)”, cuenta Caillaud. Esta vacuna se emplea en menores de seis a 24 meses.
Aquí los fallos que se detectan son en el etiquetado. “Comprobamos con ayuda de los sistemas de verificación visual que cada vial o dosis tiene impresa la fecha y el número de lote de forma correcta”, explica Caillaud. En todo el proceso se mantiene la trazabilidad a través de un QR, el datamatrix. El código de verificación de medicamentos bidimensional en formato legible recoge toda la información necesaria para su seguimiento: código del producto, código de reembolso, número de serie, lote y fecha de caducidad. “Esto nos permite aportar información de que el medicamento no es falso y sí seguro. Es el método de trazabilidad de fabricación”, resume el director de fabricación de vacunas.

Uno de los responsables de esta zona nos señala que llegan a empaquetar 300 viales y 700 jeringuillas por minuto. Cada caja sale con un book de 40 fotos, en cada una de ellas se ha verificado un aspecto concreto: colocación de los componentes interiores, presencia del prospecto, roturas, ausencia de componentes… En esta zona, además de las máquinas, hay inspecciones humanas que revisan de cerca los viales empaquetados, las cajas con las jeringuillas, no solo por fallos, sino de forma aleatoria. Hay cajas con los colores de un semáforo donde depositan el vial según el resultado de la evaluación.
Cabe destacar que, durante la visita de las instalaciones solo nos cruzamos con vacunas de gripe para este año, en concreto con la fórmula tetravalente, Vaxigrip, casi al final de su proceso: en el empaquetado. En esa sala circulaban las dosis ya dentro de las inyecciones. En este caso eran completas, aguja y compuesto precargado en el cilindro. Y el prospecto estaba en francés, así que su destino no era España.
Se trata de la dosis estándar. Pero Sanofi tiene una versión premium. Un escudo reforzado con cuatro veces más de antígeno que está destinada para los mayores de 65 años con patologías de riesgo y pacientes vulnerables. “Se ha demostrado que evita las hospitalizaciones y reduce los eventos cardiovasculares derivados de la infección”, apunta la viróloga, Akcay. La gripe no es una infección banal, insiste Akcay. “La infección respiratoria puede suponer la descompensación del organismo que ya se enfrentan a otras patologías y el corazón sufre mucho», recuerda enumerando el rastro de problemas que deja a su paso por el cuerpo una “simple” gripe.
Puyet recuerda que ese es su leitmotiv: conseguir que no haya infección o que sea leve. Y señala que allí en los 42 campos de fútbol “nuestro reto es combinar la fabricación de una vacuna estacional con el resto, que se emplean todo el año”. En la planta, en apenas unos meses han de organizar el ciclo para las antigripales porque la inmunización debe empezar “con el tiempo suficiente para crear el escudo en los organismos, pero no aplicarse muy tarde, cuando el virus ya circula de manera generalizada“, remacha Del Riccio.








