El gasto anual asociado al herpes zóster superaría los 121 millones de euros en poblaciones de riesgo y cada episodio puede suponer más de 1.100 € en costes sanitarios y sociales de media

  • Dos nuevos estudios publicados analizan el impacto clínico y económico del herpes zóster en pacientes con enfermedades crónicas e inmunocomprometidos en España

  • La incidencia del herpes zóster alcanza hasta 659 casos por 100.000 habitantes en pacientes inmunocomprometidos y 614 casos por cada 100.000 en pacientes con comorbilidades, con mayor coste promedio asociado en el caso de los primeros 1

  • También señalan que el dolor persistente y las complicaciones pueden impactar negativamente en la calidad de vida y la evolución de enfermedades de base

El herpes zóster representa una elevada carga sociosanitaria y económica para el sistema sanitario y la sociedad española, especialmente entre personas con condiciones de inmunocompromiso y enfermedades crónicas. Así lo ponen de manifiesto dos investigaciones recientes que analizan tanto su impacto clínico como su repercusión económica en poblaciones de riesgo. Uno de estos estudios, ‘Prevención del herpes zóster en el paciente con enfermedades crónicas: una necesidad por su impacto socio-sanitario’, ha sido elaborado por médicos de Atención Primaria, Neumología, Endocrinología y Cardiología de varios centros de Madrid, Comunidad Valenciana y Andalucía y publicado en la revista Medicina de Familia, de la Sociedad de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN)2. Mientras que el segundo, ‘The real-world economic impact of herpes zoster disease in patients with selected underlying conditions in Spain’, ha sido publicado en la revista científica Human Vaccines and Immunotherapeutics1.

Según esta última investigación, donde se cuantifica el impacto económico directo e indirecto del herpes zóster en pacientes de riesgo, se estima que el coste anual agregado del herpes zóster en España superaría los 121 millones de euros en poblaciones de alto riesgo y cada episodio puede suponer alrededor de 1.100 € en costes sanitarios y sociales en pacientes con comorbilidades y cerca de 1.208 € en pacientes con condiciones de inmunocompromiso1. Además, respecto del coste total, los costes indirectos (asociados a bajas laborales) representaron el 4,7 % en pacientes con comorbilidades y el 22,9 % en pacientes con condiciones de inmunocompromiso. Se trata de una investigación retrospectiva de carácter observacional, basada en bases de datos de historia clínica electrónica de siete comunidades autónomas en un periodo de 7 años (2014-2021), donde se ha comparado pacientes con infección por herpes zóster frente a cohortes control sin la enfermedad, pero con la misma condición de base (inmunocompromiso o comorbilidad), emparejadas por variables demográficas y clínicas.

La Dra. Helena Moza Moríñigo, coautora de este estudio y especialista en Medicina Preventiva y responsable de la Unidad de Inmunización del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, ha indicado que “la cuantificación del coste económico real del herpes zóster es importante porque permite conocer con precisión el impacto clínico, sanitario y social de la enfermedad, especialmente en poblaciones con comorbilidades o inmunodepresión; una información fundamental para orientar políticas de salud pública y optimizar recursos asistenciales”.

También desde la perspectiva asistencial, el herpes zóster supone un aumento del uso de recursos sanitarios, especialmente en poblaciones vulnerables debido a que los pacientes con patologías de base requieren más consultas de Atención Primaria, visitas a especialistas, pruebas diagnósticas, prescripción farmacológica, atenciones en urgencias, así como hospitalizaciones y estancias prolongadas1. Este incremento de actividad asistencial refleja no solo la gravedad clínica de la infección en estas poblaciones, sino también la presión asistencial adicional de la enfermedad sobre el sistema sanitario.

El virus varicela-zóster, el mismo que provoca la varicela, queda latente en el organismo pudiendo reactivarse años más tarde en forma de herpes zóster. Cuando se reactiva, puede llegar a desencadenar un dolor intenso, incapacitante e incluso prolongado en algunas personas, especialmente a partir de los 50 años y aquellas que tienen el sistema inmunitario comprometido o con comorbilidades como diabetes, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), asma o patologías cardiovasculares2. De hecho, la incidencia del herpes zóster alcanza hasta 659 casos por 100.000 personas en pacientes inmunocomprometidos y 614 casos por cada 100.000 personas en pacientes con comorbilidades1.

En España, los datos del sistema nacional de vigilancia mostraron un aumento del 41 % en la incidencia de herpes zóster (HZ) en personas de 50 a 54 años (333,5 casos/100.000 habitantes) en comparación con las personas de 45 a 49 años (235,7 casos/100.000 habitantes). La incidencia de HZ continuó aumentando con la edad, alcanzando los 877,1 casos/100.000 habitantes en personas de 80 a 84 años3.

Todas las personas que han pasado la varicela -hasta el 90% de la población adulta en España- están en riesgo de sufrir un herpes zóster4. De hecho, se estima que una de cada tres personas de entre 50 y 90 años desarrollará esta enfermedad a lo largo de su vida5. A los 85 años, esta probabilidad aumenta a una de cada dos personas6. Esto se debe a que el virus puede permanecer latente durante años o décadas en el organismo y activarse en cualquier momento de la vida, especialmente cuando el sistema inmunitario se debilita por el propio envejecimiento, porque se esté recibiendo un tratamiento inmunosupresor o se padezca una enfermedad crónica6.

Incremento de riesgo en pacientes crónicos

Por su parte, el estudio ‘Prevención del herpes zóster en el paciente con enfermedades crónicas: una necesidad por su impacto socio-sanitario’ confirma que las personas con enfermedades crónicas no solo presentan mayor riesgo de desarrollar herpes zóster, sino también una evolución más compleja. La alteración de la respuesta inmunitaria —derivada tanto de la propia enfermedad de base como de sus tratamientos— puede favorecer la reactivación viral y aumentar la probabilidad de complicaciones2. Entre ellas destaca la neuralgia post-herpética, un dolor neuropático persistente que puede prolongarse durante meses o incluso años, que afecta hasta a un 30% de los pacientes con herpes zóster y tiene un fuerte impacto funcional y emocional2.

En ello ha incidido la Dra. Raquel Alfaro, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria en el Centro de Salud La Milagrosa (Cádiz), miembro del Grupo de Trabajo de Infecciosas, Migrante, Vacunas y Actividades Preventivas (IMVAP) de SEMERGEN y coautora de la publicación, quien ha declarado que “los pacientes crónicos son más susceptibles a desarrollar herpes zóster y a experimentar una evolución más desfavorable de la enfermedad. El dolor asociado puede cronificarse, llegando a ser limitante en la vida diaria y afectando de manera significativa al bienestar del paciente. Además, la aparición de complicaciones —como las alteraciones neurológicas y oftálmicas— contribuye a agravar el impacto clínico, favoreciendo la pérdida de autonomía y deteriorando la calidad de vida en sus dimensiones física, psicológica y social. Todo ello conlleva, a su vez, una mayor demanda de atención y recursos sanitarios”.

Así, en estos pacientes crónicos también es frecuente una mayor intensidad y duración del dolor, más riesgo de recurrencias, deterioro de la enfermedad de base tras el episodio y un incremento de la polimedicación y de las interacciones farmacológicas2. Además, el impacto en su calidad de vida es notable, debido a algunos de los síntomas derivados de la infección, como las alteraciones del sueño, ansiedad, depresión, pérdida de autonomía y limitación de actividades cotidianas2.

Claves para la sostenibilidad sanitaria

Teniendo en cuenta tanto el impacto clínico como económico que supone la enfermedad, los autores del estudio ‘The real-world economic impact of herpes zoster disease in patients with selected underlying conditions in Spain’ señalan la necesidad de actuar en poblaciones con enfermedades crónicas o pacientes inmunocomprometidos, donde la carga clínica y económica es mayor para el sistema de salud.

En concreto, destacan la necesidad de implementar estrategias para la reducción de hospitalizaciones y complicaciones, la disminución del uso de recursos asistenciales, menor gasto farmacológico, reducción de bajas laborales y una mejora de la calidad de vida de los pacientes1.

Así lo ha asegurado la Dra. Moza Moríñigo, quien ha afirmado que “tanto los datos del estudio como las conclusiones derivadas pueden contribuir de manera muy relevante a la toma de decisiones sobre políticas de salud pública que ayuden a reducir la presión asistencial tanto en atención primaria como hospitalaria, los costes sanitarios y las pérdidas de productividad, contribuyendo a una planificación más eficiente y sostenible del sistema”.

En definitiva, los resultados de los nuevos estudios sugieren que, en un contexto de envejecimiento poblacional y aumento de la cronicidad, abordar el herpes zóster desde la anticipación preventiva se perfila como una de las palancas clave para garantizar la sostenibilidad del sistema sanitario y social en España.

 

Ana Manterias
Ana Manterias
Colabora en el portal desde el ámbito de la comunicación y el marketing, con una visión estratégica orientada al sector de la sanidad y la salud, las enfermedades y la nutrición. Especializada en relaciones institucionales, coordina la línea editorial de todos los autores con un enfoque riguroso y coherente.

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