A nivel mundial, alrededor de 100 millones de personas son portadoras de genes relacionados con la talasemia y cada año nacen más de 300.000 niños con formas graves
En España, se estima que existen entre 200 y 225 pacientes con formas moderadas o graves de beta-talasemia
La terapia génica, ya aprobada en Europa, abre una nueva etapa en el abordaje de la enfermedad, pero su acceso sigue sin estar garantizado en España
Esta terapia no está indicada para todos los pacientes, requiere una cuidadosa selección y conlleva procedimientos complejos que no están exentos de riesgos
Este 8 de mayo, 12 edificios y espacios institucionales se iluminarán de rojo en todo el país para visibilizar la talasemia
Madrid, 5 de mayo de 2026. Con motivo del Día Internacional de la Talasemia, que se celebra cada 8 de mayo, la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH), su Grupo Español de Eritropatología (GEE) y la Asociación Española de Lucha contra las Hemoglobinopatías y Talasemias (ALHETA) hacen un llamamiento conjunto para mejorar la visibilidad de esta enfermedad rara en España y garantizar el acceso equitativo a las terapias más innovadoras. La talasemia es una enfermedad genética que altera la producción de hemoglobina y provoca anemia crónica, con un impacto significativo en la vida de los pacientes desde la infancia. A nivel mundial, se calcula que alrededor de 100 millones de personas son portadoras de genes relacionados con esta patología y cada año nacen más de 300.000 niños con formas moderadas o graves de beta-talasemia. Una enfermedad rara, con un fuerte impacto en la calidad de vida En nuestro país, las formas más graves son poco frecuentes, con unos 200-225 pacientes, según el registro del GEE, pero su impacto es muy elevado. En los casos más severos, los pacientes necesitan transfusiones cada 3-6 semanas desde la infancia y tratamientos continuos para evitar la acumulación de hierro, que puede ser mortal. “En las formas más graves, los pacientes conviven desde muy pequeños con una anemia intensa que les obliga a acudir al hospital de manera regular para recibir transfusiones, lo que afecta directamente a su rutina diaria, a la escuela, al trabajo y a su vida social”, explica María Menor, hematóloga del Hospital Universitario Príncipe de Asturias, de Alcalá de Henares (Madrid). “Todo ello genera una carga física y emocional importante y un impacto claro en su calidad de vida”. Diagnóstico precoz y atención especializada, claves En este contexto, el GEE trabaja en el desarrollo de nuevas herramientas clínicas, como la próxima publicación de la guía española para el diagnóstico y manejo de la talasemia, con el objetivo de mejorar la atención y homogeneizar la práctica clínica en todo el país. Avances terapéuticos y nueva etapa en la enfermedad “El abordaje actual es mucho más completo, individualizado y eficaz que hace unas décadas”, explica María Menor, “y el trasplante de médula ósea sigue siendo una opción curativa en algunos casos”. El gran punto de inflexión ha llegado con la terapia génica, ya aprobada en Europa, que permite modificar las propias células del paciente con el objetivo de corregir la enfermedad. “La terapia génica ha supuesto un avance histórico y ha cambiado el horizonte terapéutico de la talasemia”, señala la experta. “Por primera vez, es posible que algunos pacientes dejen de depender de transfusiones tras una única intervención, con una mejora muy importante de su calidad de vida”. Aunque también recuerda que “esta terapia no está indicada para todos los pacientes, requiere una cuidadosa selección y conlleva procedimientos complejos que no están exentos de riesgos”. España, ante el reto del acceso a la innovación En esta misma línea, la presidenta del GEE, Marta Morado, subraya la necesidad de garantizar la equidad: “No podemos permitir que el acceso a los tratamientos más innovadores dependa del lugar de residencia. Es fundamental asegurar que todos los pacientes puedan beneficiarse de los avances disponibles”. Un llamamiento a la visibilidad y la concienciación “Es fundamental recordar a la sociedad que la talasemia existe y que detrás de su diagnóstico hay personas que conviven con una enfermedad crónica desde la infancia”, concluye María Menor. “Y para las autoridades sanitarias, el mensaje es claro: es necesario seguir apostando por el diagnóstico temprano, la atención especializada y la incorporación equitativa de la innovación terapéutica”. |


