La infectóloga y portavoz de la SEIMC, María Velasco, explica en una entrevista con Gaceta Médica cómo se aborda esta infección capaz de pasar “de 0 a 100″ en un día
El brote de hantavirus asociado al crucero de expedición MV Hondius ha puesto el foco sobre cómo responden los hospitales ante infecciones emergentes capaces de evolucionar de forma fulminante. Mientras las autoridades sanitarias mantienen bajo vigilancia a los contactos estrechos y monitorizan los posibles casos relacionados con la variante Andes —la única del hantavirus con evidencia de transmisión entre personas—, los especialistas recuerdan que el abordaje hospitalario de estos pacientes combina aislamiento, vigilancia estrecha y tratamientos intensivos de soporte.
En este contexto, la ministra de Sanidad, Mónica García, ha confirmado el primer caso positivo por hantavirus entre los 14 pasajeros españoles procedentes del buque. El diagnóstico se ha ratificado tras someter al viajero a una prueba PCR a su llegada al Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla, donde permanece ingresado bajo estrictos protocolos de seguridad clínica. Aunque en un primer momento se encontraba asintomático, el paciente ha comenzado a presentar las primeras muestras de enfermedad con febrícula y síntomas respiratorios. Su estado por el momento es aparentemente estable y sin empeoramiento clínico, según informa el Ministerio de Sanidad.
En cumplimiento del protocolo sanitario para este tipo de patógenos, el afectado será trasladado a la Unidad de Aislamiento de Alto Nivel (UAAN) del mismo hospital Gómez Ulla. En estas instalaciones especializadas se llevará a cabo una monitorización constante a la espera de una segunda prueba PCR que confirme el diagnóstico o determine si se trata de un falso positivo. De acuerdo con el plan coordinado entre el Ministerio y las comunidades autónomas, el paciente recibirá tratamiento en dicha unidad especializada hasta su recuperación clínica total. En caso de que persista la ausencia de síntomas, el protocolo dicta que el aislamiento se mantendrá de forma preventiva hasta la obtención de un resultado negativo que garantice la seguridad sanitaria.
Los diferentes casos
La infectóloga y portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica, María Velasco, explica en una entrevista con Gaceta Médica que el manejo depende de si el paciente ya presenta síntomas graves o si únicamente se encuentra en observación tras una exposición confirmada. «Hay un manejo que es similar para todo tipo de infecciones graves y otro que es específico de los síntomas o del virus que tengan», señala.
En el caso concreto del hantavirus Andes, el principal riesgo es el desarrollo de un síndrome cardiopulmonar severo. La especialista detalla que «el cuadro grave que produce es un edema pulmonar y una afectación cardiogénica; produce fallo cardíaco y edema pulmonar grave».
Ante esta situación, los pacientes requieren cuidados críticos avanzados. «La forma de tratar esta situación es con intubación y ventilación mecánica», explica Velasco. En los casos más complicados, el daño orgánico puede extenderse también al riñón, lo que obliga a utilizar técnicas de depuración extracorpórea. «Se hace un tipo de diálisis o hemofiltración cuando fracasa el riñón», añade.
A ello se suma el tratamiento de soporte habitual en las unidades de cuidados intensivos: fármacos vasoactivos para mantener la presión arterial, control de la fiebre y medidas destinadas a contener la respuesta inflamatoria exagerada que puede desencadenar la infección. «Si tiene mucha inflamación, se usan fármacos para disminuirla, pero no hay tratamientos específicos para esta infección», resume.
Ausencia de antivirales frente al hantavirus
En este contexto, uno de los problemas principales del hantavirus es la ausencia de un antiviral específico con eficacia demostrada. «En este caso no tenemos protocolos», advierte Velasco. La experta recuerda que solo existe «un ensayo pequeño en el que se utilizó ribavirina«, aunque subraya que no puede considerarse un tratamiento consolidado.
La situación recuerda a otros episodios recientes de enfermedades emergentes, desde el ébola hasta los primeros meses de la pandemia de COVID-19, en los que los médicos recurrieron a terapias experimentales mientras se acumulaba evidencia científica. «Ocurrió algo parecido a cuando tuvimos enfermos de ébola, que se probaron algunos fármacos que se tenían noticias de que podían tener eficacia, con distinto grado de evidencia», explica.
Entre las estrategias que pueden valorarse se encuentra también la administración de inmunoglobulinas o anticuerpos mediante transfusión, especialmente en fases tempranas con alta replicación viral. «Esto se hizo también mucho cuando empezó el coronavirus, el SARS-CoV-2», recuerda la experta. No obstante, insiste en que «los resultados son variables» y que actualmente «no hay un tratamiento reconocido» frente al hantavirus Andes.
Por ello, las decisiones clínicas se individualizan según el estado del paciente y el momento de la infección. «Los antivirales funcionan cuando hay virus replicándose», explica la infectóloga, que recalca que estas terapias solo tendrían sentido potencial en fases iniciales.
¿Qué ocurre cuando hay positivos?
Más allá de los pacientes graves, el brote del crucero también ha generado dudas sobre qué ocurre con las personas que dan positivo pero todavía no presentan síntomas. Según explica Velasco, existen varios escenarios posibles.
Uno de ellos es que se trate de un falso positivo, algo que siempre debe contemplarse en cualquier prueba diagnóstica. Otro es que la PCR se haya positivizado antes de la aparición de síntomas, algo que ya se ha descrito en publicaciones científicas procedentes de Chile sobre la cepa Andes. «Unos días antes de empezar con los síntomas podía aparecer PCR positiva», explica. Pero también existe una tercera posibilidad: que la persona nunca llegue a desarrollar la enfermedad. «No es igual infectarse que desarrollar los síntomas de la enfermedad infecciosa», recuerda la especialista.
De hecho, algunos estudios realizados durante brotes previos detectaron personas expuestas al virus que desarrollaron respuesta inmunitaria sin llegar a enfermar. Aun así, la recomendación es mantener una vigilancia estrecha y limitar contactos hasta confirmar la evolución clínica.
«Una persona positiva requiere una reconfirmación en unos días y una vigilancia», afirma Velasco. Esa monitorización tiene un doble objetivo: evitar posibles contagios y detectar precozmente un empeoramiento clínico que, en el caso del hantavirus Andes, puede producirse de forma extremadamente rápido.
«La gravedad va de 0 a 100 en un día». advierte la experta, en referencia al edema pulmonar característico de esta infección, que puede desarrollarse en apenas 24 o 48 horas.
Por ello, el seguimiento hospitalario y epidemiológico de estos pacientes resulta clave. «Vigilar a estas personas significa poder atenderlas lo más precoz posible de la mejor manera», concluye la portavoz de SEIMC.
FUENTE: Gaceta Médica








