La ansiedad ya no es un problema excepcional entre niños y adolescentes. Tampoco las autolesiones, las alteraciones de conducta o las ideas suicidas. Lo que durante años parecía una preocupación creciente empieza ahora a consolidarse como una auténtica emergencia silenciosa dentro de los servicios sanitarios.
Un estudio desarrollado en el Hospital Universitario Cruces vuelve a poner cifras a una realidad que pediatras, psiquiatras y psicólogos llevan tiempo observando en consulta: los problemas de salud mental en menores aumentan de forma sostenida y cada vez llegan casos más complejos a los servicios de urgencias.
La investigación, presentada en el marco de la reunión anual de la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría, analizó cientos de miles de atenciones pediátricas registradas durante los últimos años y detectó un incremento continuado de las consultas relacionadas con trastornos psicológicos y psiquiátricos.
Ansiedad, agresividad y conductas suicidas
Entre los motivos más frecuentes de atención aparecen:
- crisis de ansiedad,
- problemas graves de conducta,
- episodios de agresividad,
- trastornos alimentarios,
- autolesiones,
- e intentos de suicidio.
Precisamente el aumento de las conductas suicidas es uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas. Los servicios pediátricos alertan de que cada vez atienden con mayor frecuencia menores en situación de sufrimiento emocional severo.
Y no se trata de una percepción aislada.
Datos de UNICEF y de la World Health Organization llevan años advirtiendo del deterioro progresivo de la salud mental en adolescentes, especialmente tras la pandemia, el aumento de la presión social y el impacto creciente de las redes sociales sobre la autoestima, el sueño y la regulación emocional.
La OMS ya considera el suicidio una de las principales causas de muerte entre jóvenes en numerosos países desarrollados.
Un problema que ya llega a urgencias
Los especialistas recuerdan que los servicios de urgencias funcionan muchas veces como una especie de “radiografía social” de lo que ocurre fuera del hospital.
Y el mensaje que están viendo preocupa.
Santiago Mintegi, responsable del estudio y especialista en Urgencias Pediátricas, advirtió durante la presentación del trabajo que la frecuencia de estos casos se ha disparado durante los últimos años. Según explicó, situaciones que hace una década se observaban ocasionalmente forman hoy parte habitual de la actividad asistencial.
Pero detrás de las cifras hay otra realidad todavía más compleja: muchos hospitales siguen sin disponer de recursos específicos para atender adecuadamente crisis psiquiátricas infantiles.
Los profesionales reclaman espacios adaptados, circuitos diferenciados y más formación especializada para afrontar situaciones especialmente delicadas, donde intervienen factores emocionales, familiares y sociales de enorme complejidad.
Menores que piden ayuda
Uno de los mensajes que más repiten los expertos es que no puede normalizarse el sufrimiento emocional de niños y adolescentes.
El aumento de cuadros depresivos, aislamiento social, ansiedad o autolesiones entre menores se ha convertido en motivo de preocupación constante en consultas pediátricas y de salud mental de toda Europa.
Informes recientes publicados por Save the Children y por la Asociación Española de Pediatría alertan además de un incremento de síntomas relacionados con:
- baja autoestima,
- hiperexigencia,
- miedo al fracaso,
- dependencia emocional digital,
- problemas de sueño,
- y dificultades para gestionar frustraciones o relaciones sociales.
Muchos especialistas consideran que la pandemia actuó como acelerador de una situación que ya venía deteriorándose lentamente desde años antes.
La falta de recursos preocupa a los profesionales
Aunque las consultas psiquiátricas siguen representando una parte relativamente pequeña del total de urgencias pediátricas, los expertos recuerdan que son casos que requieren mucho más tiempo, intervención multidisciplinar y personal específicamente formado.
Además, no todos los hospitales cuentan con psiquiatras infantiles disponibles de forma inmediata ni con áreas preparadas para atender crisis emocionales graves.
Francisco Javier Benito, responsable de Urgencias Pediátricas en Cruces, insistió en la necesidad de adaptar los servicios hospitalarios a una realidad asistencial que ya no puede considerarse puntual.
Porque el perfil de paciente también está cambiando.
Cada vez llegan menores más jóvenes con cuadros emocionales intensos, dificultades de regulación conductual o situaciones familiares complejas que terminan estallando en urgencias.
Una generación bajo presión
Los especialistas evitan simplificar las causas de este fenómeno, pero sí reconocen que probablemente existe una combinación de factores sociales, tecnológicos, educativos y emocionales detrás del incremento observado.
Redes sociales, sobreexposición digital, presión académica, aislamiento, incertidumbre social, dificultades familiares o cambios en la forma de relacionarse aparecen de forma recurrente en los análisis realizados en distintos países.
La revista científica The Lancet Psychiatry ha publicado en los últimos años diversos trabajos que relacionan el uso intensivo de plataformas digitales y la hiperconectividad con mayores tasas de ansiedad, trastornos depresivos y alteraciones de autoestima en adolescentes.
Y mientras la investigación sigue intentando entender todas las causas, los profesionales sanitarios insisten en algo mucho más inmediato: los menores están pidiendo ayuda.
Por eso muchos especialistas reclaman dejar de considerar la salud mental infantojuvenil como un asunto secundario dentro de las políticas sanitarias.
Porque detrás de cada cifra hay niños, adolescentes y familias enteras intentando gestionar un sufrimiento que muchas veces llega demasiado tarde al sistema sanitario.
Y porque, como advierten cada vez más pediatras y psiquiatras, el verdadero riesgo no es solo el aumento de los casos. El verdadero peligro sería acostumbrarse a ellos.
FOTOGRAFÍA DE CABECERA: ABC


