La administración intravenosa de atorvastatina durante el infarto reduce el daño miocárdico frente a la administración de una dosis de carga oral previa al infarto

  • Aunque la revascularización precoz ha mejorado el pronóstico del infarto, parte del daño cardíaco sigue siendo difícil de evitar, lo que plantea la necesidad de nuevas estrategias terapéuticas durante el evento isquémico.

  • Publicado en European Heart Journal, un estudio del IR Sant Pau demuestra que el momento y la vía de administración de la atorvastatina son determinantes y que su uso intravenoso durante el infarto ofrece una mayor protección del tejido cardíaco que la estrategia con dosis de carga oral previa al infarto.

  • Estos hallazgos abren la puerta a nuevas aproximaciones en el tratamiento del infarto para limitar el daño desde sus fases iniciales y mejorar la recuperación funcional del corazón a medio plazo.

Barcelona, 10 de junio de 2026. Reducir el daño que sufre el corazón durante un infarto sigue siendo uno de los principales retos en cardiología, incluso cuando se consigue reabrir la arteria coronaria a tiempo. Parte de la lesión miocárdica continúa siendo difícil de evitar pese a los avances en la reperfusión. En la búsqueda de soluciones para limitar este daño, un estudio liderado por el Instituto de Investigación Sant Pau (IR Sant Pau), publicado en European Heart Journal, muestra que la administración intravenosa de atorvastatina durante el propio evento puede mejorar la protección del corazón en comparación con la administración de una dosis de carga oral previa al infarto.

Aunque las guías clínicas recomiendan el uso temprano de estatinas tras el infarto, persisten dudas sobre su impacto cuando se administran en fases más precoces y, especialmente, durante el propio episodio isquémico. Esta incertidumbre se traslada también al momento y a la vía de administración, factores que podrían influir en su capacidad para limitar el daño miocárdico.

«La principal aportación del estudio es demostrar por primera vez que la administración intravenosa de atorvastatina durante el propio evento isquémico, tiene un impacto significativamente mejor sobre el daño cardíaco que la administración de una dosis de carga oral previa al infarto», explica la Dra. Gemma Vilahur, jefa del grupo de Patología Molecular y Terapéutica de las Enfermedades Aterotrombóticas e Isquémicas del IR Sant Pau y jefa de grupo del Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Cardiovasculares (CIBERCV, CB16/11/00411), autora de correspondencia del estudio.

Un modelo altamente traslacional que reproduce lo que ocurre en pacientes

El estudio se llevó a cabo en un modelo de cerdo hipercolesterolémico, que reproduce afecciones frecuentes en pacientes con enfermedad cardiovascular y permite analizar de forma controlada el daño cardíaco asociado al infarto. Los animales recibieron tratamiento oral con atorvastatina durante los días previos al infarto, con el objetivo de reproducir el contexto clínico de pacientes que ya están en tratamiento con  estos fármacos hipolipemiantes.

Sobre esta base, los investigadores compararon dos estrategias de administración en el momento del evento agudo: una dosis de carga oral previa al infarto y la administración intravenosa durante el propio episodio isquémico, una formulación desarrollada en el entorno del IR Sant Pau y objeto de patente y creación de una spin-off (Ivestatin Therapeutics S.L.). En concreto, la dosis oral de carga se administró 2 horas antes de inducir el infarto, mientras que la formulación intravenosa se administró 15 minutos después del inicio del episodio isquémico. El infarto se indujo de forma controlada mediante la oclusión con balón de angioplastia de una arteria coronaria y posterior revascularización, lo que permitió simular el proceso que se produce en pacientes. El daño cardíaco se evaluó mediante resonancia magnética cardíaca seriada a los pocos días del evento (día 3) y de nuevo semanas después (día 42). La resonancia magnética cardíaca es una técnica de imagen de referencia para la caracterización tisular y la cuantificación del tamaño del infarto. Este seguimiento en dos momentos distintos del proceso permitió obtener una medida precisa de la lesión y de su evolución en el tiempo.

«Trabajar con un modelo que reproduce de forma bastante fiel lo que ocurre en pacientes y combinarlo con técnicas de imagen cardíaca nos ha permitido evaluar cómo influye el momento y la vía de administración del tratamiento en el daño cardíaco», explica Sergi Otero, estudiante de doctorado, investigador del grupo de Patología Molecular y Terapéutica de las Enfermedades Aterotrombóticas e Isquémicas y primer firmante del estudio. «Este diseño nos ha dado la oportunidad de analizar no solo la lesión inicial, sino también la evolución del corazón tras el infarto».

Menor daño inicial y mejor evolución del corazón

Los resultados mostraron que la administración intravenosa durante el infarto se asoció a una reducción significativa del daño miocárdico en la fase aguda (día 3 tras el evento), con menor necrosis, es decir, menor muerte del tejido cardíaco, y menor edema, asociado a la inflamación del corazón, en comparación con la estrategia de administración oral previa. Concretamente, la administración de atorvastatina intravenosa consiguió reducir en un 20 % el tamaño del infarto y en un 13 % el porcentaje de edema en comparación con la dosis de carga oral. Estos parámetros, evaluados mediante resonancia magnética, reflejan una menor afectación del músculo cardíaco en el momento en que se produce el infarto.

Esta diferencia inicial se mantuvo a lo largo del tiempo. A los 42 días, los animales tratados con la formulación intravenosa presentaron una menor extensión de la cicatriz (20 % menor) y una mejor preservación de la fracción de eyección del ventrículo izquierdo, con una reducción del volumen telesistólico, un indicador de una mejor capacidad del corazón para contraerse y bombear sangre, en comparación con la administración oral previa. El estudio no mostró diferencias relevantes en el fenómeno de no-reflow, es decir, la falta de perfusión en el tejido a pesar de la correcta reapertura de la arteria, en los primeros días tras el infarto. Esto sugiere que el beneficio del tratamiento intravenoso no se debe a cambios en la circulación microvascular, sino a una acción directa sobre el daño del miocardio durante la fase isquémica.

«La clave es que estamos interviniendo en el momento en que se produce la lesión, no después», explica Sergi Otero. «Eso permite reducir el daño inicial y tiene un efecto en cascada sobre la evolución posterior del corazón, tanto a nivel estructural como funcional». Estos resultados refuerzan la importancia de intervenir lo antes posible durante el propio evento isquémico.

Actuar en el momento clave para proteger el corazón

Las estatinas forman parte del tratamiento estándar tras un infarto y, en determinados contextos, se emplean dosis de carga antes de intervenciones coronarias. Sin embargo, su administración previa presenta limitaciones, ya que el infarto agudo suele producirse de forma impredecible y no siempre es posible anticipar el momento del evento. En este escenario, la vía intravenosapermite una acción inmediata en una fase crítica, cuando el tejido cardíaco está sufriendo el daño isquémico y aún es potencialmente recuperable. La posibilidad de modular el daño desde sus fases iniciales no solo tiene impacto inmediato, sino que influye directamente en el proceso de remodelado del corazón y en su capacidad de recuperación a medio plazo, un aspecto clave en la evolución clínica de los pacientes tras un infarto y en el posterior desarrollo de insuficiencia cardíaca.

Más allá de su efecto hipolipemiante, es decir, su capacidad para reducir los niveles de colesterol en sangre, los autores del trabajo han demostrado que la atorvastatina administrada por vía intravenosa actúa de manera casi inmediata sobre distintos mecanismos implicados en el daño miocárdico. Entre ellos, reduce la muerte de los cardiomiocitos, atenúa la respuesta inflamatoria y activa la proteína quinasa activada por AMP (AMPK), un regulador clave del metabolismo energético celular. Estos efectos contribuyen a limitar la extensión de la lesión y a preservar la viabilidad del tejido cardíaco durante el infarto.

«Estos resultados nos indican que el momento y la vía de administración son un factor clave en la eficacia del tratamiento», señala la Dra. Gemma Vilahur. «Poder actuar directamente durante el evento abre una nueva vía para proteger el corazón en una fase en la que hasta ahora las opciones terapéuticas eran limitadas».

En conjunto, los hallazgos refuerzan la importancia de intervenir de forma precoz durante el infarto y apuntan al potencial de la administración intravenosa de estatinas como estrategia complementaria en el manejo del evento agudo. Su futura evaluación en estudios clínicos será clave para determinar su impacto en pacientes y su posible incorporación a la práctica asistencial.

Artículo de referencia:

Otero S, Radike M, Ben-Aicha S, Mendieta G, Gutiérrez M, Sutelman P, Borrell-Pagès M, Hidalgo A, Badimon L, Vilahur G. Cardioprotection with intravenous statin administration during myocardial infarction vs. oral preloading: a preclinical study. Eur Heart J 2026. https://doi.org/10.1093/eurheartj/ehag269.
Belen Latorre Olivan
Belen Latorre Olivan
Estudiante de último curso de periodismo, es una apasionada de la comunicacion cientifica y sanitaria. Compagina sus estudios y las colaboraciones con nuestro portal con la gestión de comunicación de una plataforma de pacientes. Coordina las noticias científicas de este portal.

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