Cuando el deseo de envejecer en casa choca con la complejidad de los cuidados que se necesitan

La población mayor de 65 años representa alrededor del 20 % en España y podría alcanzar en torno al 30-31 % hacia 2050, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Además, cerca de dos millones de personas mayores de 65 viven solas, lo que supone una de cada cinco de este grupo de edad, según el INE.

El hogar sigue siendo el eje del proyecto de vida de las personas mayores. Es una de las conclusiones de la recién presentada “Encuesta de necesidades sociales de las personas de 50 y más años de Bizkaia”. Realizada a partir de 3.000 entrevistas domiciliarias a personas de 50 y más años del territorio, ofrece una radiografía de cómo afronta el futuro este colectivo. Un dato clave es que el 74 % preferiría seguir viviendo en su propio domicilio en caso de dependencia. No obstante, el estudio advierte de las dificultades reales para hacer efectivo ese deseo en algunas ocasiones, como la existencia de barreras arquitectónicas, viviendas no adaptadas o pérdida de movilidad. El estudio, encargado por la Diputación Foral de Bizkaia, ratifica que allí las personas envejecen con altos niveles de bienestar, actividad y cohesión social.

Esta cifra es cercana a la que el Imserso publica en su Encuesta de Personas Mayores, recogida en su Libro Blanco del Envejecimiento Activo. Un 87,3 % de las personas mayores españolas quieren seguir viviendo en su casa, aunque sea solas.

“Que el domicilio es donde las personas quieren envejecer es una realidad, aunque puede llegar un momento en que ese cuidado en el domicilio sea muy difícil”, opina Naiara Fernández, directora asistencial del grupo sociosanitario IMQ Igurco, en declaraciones a EL MÉDICO INTERACTIVO.

Modelos dinámicos y adaptados a las personas

“Los modelos de atención tienen que ser dinámicos, adaptados a las necesidades y acordes con los deseos de las personas. Debemos desarrollar, desde las políticas sociales y sanitarias —ya que las necesidades son dobles—, un catálogo de servicios que se ajuste tanto a las preferencias como a las necesidades. Además, es fundamental coordinar ambos sistemas, para que no sean estancos, sino naturales, incluso con entradas y salidas de cada uno de ellos”, explica Fernández.

Por ejemplo, tras una hospitalización o un problema de salud, puede que una persona no pueda regresar inmediatamente a su domicilio y necesite una estancia temporal en un recurso sociosanitario. Después, con los apoyos adecuados, podría volver a casa y continuar viviendo allí, desarrollando su preferencia de estar en el domicilio.

Fernández apunta que las necesidades de cuidados son muy diversas y requieren la participación de distintos agentes: la familia, las personas allegadas, los servicios comunitarios, los servicios sociales e incluso los recursos económicos. La dimensión social y económica influye en la salud y en la calidad de vida de las personas mayores.

Además, las necesidades van a ser muy cambiantes dependiendo de qué enfermedades crónicas tiene una persona. “Si tiene o no un deterioro cognitivo, si ese deterioro está asociado a síntomas psicológicos y conductuales, si puede o quiere que le apoyen o rechaza el apoyo… Hay tal diversidad de problemas que pueden aparecer en el proceso de dependencia de una persona que la continuidad en casa puede ponerse en riesgo”, manifiesta la directora asistencial de IMQ Igurco.

A mayor complejidad más recursos son necesarios

Cuanto más crece la complejidad de cuidados, más recursos especializados son necesitan. “A veces se van a dar en la residencia, de forma temporal o permanente. Coordinarlos en casa, si no se cuenta con un apoyo sociofamiliar férreo, es francamente complicado a día de hoy en situaciones de complejidad de cuidados”, especifica.

La tecnología, palanca de nuevos modelos de cuidado
Desde hace años, la tecnología se está consolidando como una herramienta clave para hacer viable el cuidado en casa. Soluciones de teleasistencia avanzada permiten monitorizar a la persona mayor, detectar incidencias y mantener una conexión constante con familiares y servicios de emergencia.

Los nuevos modelos amplían este enfoque hacia un acompañamiento más integral y proactivo, incorporando tecnología y equipos profesionales para apoyar tanto a la persona en situación de dependencia como a su entorno cuidador, con el objetivo de mejorar su calidad de vida y favorecer la permanencia en el domicilio.

Un ejemplo de esta tendencia es etxeTIC de la Diputación Foral de Bizkaia, un servicio gratuito de apoyo a los cuidados para la permanencia en el hogar que busca mejorar la calidad de vida objetiva (cómo está) y la percibida (cómo se siente) de las personas en situación de dependencia y sus cuidadores. “Es más un acompañamiento a cuidar en el marco de los planes de atención en el domicilio”, resume la directora asistencial de IMQ Igurco. Este grupo sociosanitario fue el primer centro en poner en marcha el modelo en 2022 en Bizkaia, siendo uno de los principales gestores del servicio y desarrollador de la parte de la plataforma tecnológica y metodología de apoyo domiciliario. Desde entonces el modelo se ha ido extendiendo progresivamente dentro del territorio.

“Hace muchos años que llevamos desarrollando ese cambio de tendencia y, después de la pandemia, convirtiéndolo en una realidad”, detalla Fernández. Antes ya realizaban seguimiento en casa a personas dependientes que no querían o no necesitaban institucionalización, trabajando con las familias en cuidados complejos, prevención, ejercicio físico y participación comunitaria. Además, desarrollaron una herramienta de valoración para identificar necesidades en distintas áreas (funcional, social, emocional y sanitaria). El objetivo es mantener a las personas el mayor tiempo posible en su entorno habitual, mejorando su autonomía y calidad de vida mediante intervenciones como apoyo psicológico, adaptación del hogar, programas de ejercicio y telerrehabilitación.

La geriatría, especialidad de un futuro que no llega

“Se dice que la geriatría es la especialidad del futuro, pero ese futuro no termina de llegar. Mientras las personas mayores crecen y aumentan sus necesidades, también crece el gasto sanitario derivado de una atención fragmentada. Cada vez son más las personas que pilotan por el sistema, sin una respuesta coordinada ni una implantación homogénea de la geriatría en todos los sistemas sanitarios. Esa necesidad acaba repartiéndose entre distintas especialidades, pero sin ofrecer una solución global. El reto de atender a las personas mayores, dependientes o con discapacidad en el domicilio, que es donde nos están diciendo que quieren ser atendidos, necesita una respuesta global y coordinada. Y eso es precisamente lo que todavía sigue fallando”, lamenta Fernández.

La salud y las políticas sociales comparten partida presupuestaria, pero la coordinación real entre ambos ámbitos sigue siendo una asignatura pendiente. Aunque cada vez se habla más de salud en un sentido global, son pocos países cuentan con una verdadera cartera de atención sociosanitaria, según explica Fernández. En este contexto, en España empiezan a surgir iniciativas para cubrir ese vacío. Euskadi y Cataluña han desarrollado direcciones y planes específicos de integración sociosanitaria, y comunidades como Madrid también avanzan en esa línea. “El objetivo es coordinar respuestas globales, pero vamos más tarde que las necesidades de la población”, concluye.

El acompañamiento del cuidador, asignatura pendiente 

“Hay que intentar que la persona permanezca donde quiera el mayor tiempo posible, siempre y cuando se pueda mantener su calidad de vida”, resume Fernández. Y añade: “Una persona que elige vivir en casa, si de repente empieza a tener dolor, úlceras, limitaciones funcionales y progresivo aislamiento está perdiendo calidad de vida. En este caso, aunque la preferencia inicial sea el domicilio, está perdiendo calidad de vida”.

Otro tema es el sistema de financiación. Muchas personas quieren seguir viviendo en su casa, pero cuando la situación de dependencia se vuelve compleja, el cuidado en el domicilio se vuelve insuficiente. La familia asume una carga que no siempre puede sostener. Y el sistema no responde con suficiente rapidez ni coordinación para apoyar esta situación. En palabras de Fernández: “Deberíamos definir servicios más globales y dinámicos, centrados en las personas, procurando dar respuestas más rápidas para que no se produzca sufrimiento de la persona ni de su cuidador”.

La toma de decisiones en torno al ingreso en una residencia está atravesada por múltiples “puntos de dolor”, tanto para la persona cuidadora como para la familia. “Esta decisión se vive como un fracaso en el rol de cuidado, incluso cuando se adopta la decisión tras ver que ya no es posible atender adecuadamente las necesidades de la persona dependiente”, dice la experta. En muchos casos, el ingreso se convierte en un proceso de duelo para el cuidador, que además debe enfrentarse al estigma social asociado.

“Todo el mundo quiere cuidar en casa, son pocas las situaciones en las que nadie toma el ingreso en residencia como un abandono, como un ‘no quiero cuidar’, ‘no veo que lo hago bien o que lo pueda hacer de la manera que merece o necesita’”, añade. Al final, el acompañamiento al cuidador es otra asignatura pendiente.

 

 

 

 

 

FUENTE: Univadis

Ana Manterias
Ana Manterias
Colabora en el portal desde el ámbito de la comunicación y el marketing, con una visión estratégica orientada al sector de la sanidad y la salud, las enfermedades y la nutrición. Especializada en relaciones institucionales, coordina la línea editorial de todos los autores con un enfoque riguroso y coherente.

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