Aplicar el protector media hora antes de salir, cubrir zonas olvidadas y repetirlo cada dos horas evita que la protección se quede en un gesto insuficiente
Madrid, 26 de junio de 2026. En verano, la exposición solar de las personas mayores no se produce solo en la playa. Un paseo, una comida en una terraza, el jardín de una segunda residencia, una salida al centro de día o un trayecto a pie hasta la farmacia suponen suficiente radiación para provocar quemaduras, manchas o irritaciones si la piel no está protegida.
Con el paso de los años, la piel pierde grosor, elasticidad y capacidad de reparación. A esto se suma el daño solar acumulado durante décadas, que favorece la aparición progresiva de lesiones. Por eso, el protector solar en personas mayores no debe entenderse como un producto ocasional, sino como una medida de prevención diaria durante los meses de mayor radiación.
“En una persona mayor, una quemadura solar tiene más impacto que en un adulto joven. La piel suele ser más fina, se reseca con facilidad y tarda más en regenerarse. Además, si existen heridas, úlceras, manchas previas o cicatrices recientes, la radiación irrita la zona y dificulta la recuperación”, explica Cristina Villegas, jefa de servicio de Dermatología del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja.
La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios recomienda evitar la exposición solar entre las 12:00h y las 16:00h, utilizar protectores que cubran frente a radiación UVA y UVB, aplicarlos media hora antes de la exposición y reaplicarlos al menos cada dos horas. También recuerda que la crema no sustituye a otras medidas como sombreros, gafas de sol, ropa ligera que cubra la piel y permanecer en zonas de sombra.
“La fotoprotección debe adaptarse a la situación funcional de cada persona. En ocasiones, la dificultad no está en conocer la recomendación, sino en poder aplicarla correctamente. Si hay rigidez en los hombros, dificultad para agacharse, pérdida de fuerza o deterioro cognitivo, zonas como la espalda, los pies o la parte posterior de las piernas quedan sin cubrir. En esos casos, ayudar a aplicar el protector también forma parte del cuidado preventivo, porque evita molestias que después limitan salidas, descanso o movilidad”, señala Miriam Piqueras, directora Médica de Sanitas Mayores.
Ante esta situación, los especialistas de Sanitas Mayores recomiendan seguir una rutina sencilla para proteger la piel de forma correcta:
Aplicarlo antes de salir de casa. El protector debe aplicarse unos 30 minutos antes de la exposición, sobre piel limpia y seca. En personas mayores, hacerlo antes de vestirse facilita cubrir zonas que después quedan parcialmente expuestas, como hombros, escote, cuello, antebrazos y piernas.
Utilizar cantidad suficiente. Para la cara, se pueden usar como referencia dos líneas de producto extendidas en dos dedos. Para el cuerpo, la AEMPS recomienda utilizar aproximadamente dos cucharadas, unos 30 ml, cuando hay muchas zonas descubiertas. Una capa demasiado fina reduce de forma considerable la protección real.
Seguir un orden para no olvidar zonas. Conviene empezar por cara, orejas, labios con bálsamo con SPF, cuello y nuca. Después, manos, antebrazos, piernas y empeines. En personas con poco cabello, el cuero cabelludo debe protegerse con crema o con sombrero. Las orejas, el dorso de las manos y los empeines son zonas que a menudo quedan sin cubrir y reciben mucha radiación en paseos o terrazas.
Reaplicar el protector cuando corresponda. Una aplicación por la mañana no sirve para todo el día. Si la persona permanece al aire libre, debe renovarse cada dos horas y siempre después de sudar, bañarse o secarse con una toalla. En salidas cortas, como un paseo de 20 o 30 minutos fuera de las horas centrales, basta con una aplicación correcta antes de salir.
Evitar la exposición prolongada. No se debe buscar una exposición mantenida para “acostumbrar” la piel. La salida al aire libre forma parte de una rutina saludable, pero en personas mayores la prioridad debe ser realizar actividad exterior de forma segura, preferiblemente a primera hora de la mañana o al final de la tarde. Si existen dudas sobre vitamina D, fragilidad ósea o necesidad de suplementación, conviene consultarlo con un profesional sanitario, ya sea de manera presencial o a través de videoconsulta.
Revisar el estado del producto. No conviene usar cremas abiertas desde el verano anterior si han superado el periodo recomendado tras la apertura o si presentan cambios de olor, color o textura. El calor acumulado en coches, bolsos o terrazas también altera el producto.
“El protector solar permite mantener salidas, paseos y actividades al aire libre sin asumir riesgos innecesarios. Incorporarlo a la rutina diaria, igual que la hidratación o la medicación pautada, facilita que el verano sea más seguro para las personas mayores y para quienes las acompañan”, concluye la directora Médica de Sanitas Mayores.
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