- La autoexigencia mantenida durante los días libres puede dificultar la recuperación emocional y hacer que las vacaciones resulten menos reparadoras
Madrid, 3 de julio de 2026. Las vacaciones suelen asociarse a descanso, ocio y desconexión. Sin embargo, para algunas personas los días libres generan incomodidad, sensación de improductividad o culpa por no estar resolviendo tareas o aprovechando cada hora.
Esta sensación aparece cuando el valor personal se asocia de forma excesiva al rendimiento. En estos casos, la relajación se interpreta como una concesión que debe justificarse y no como una necesidad básica para recuperarse. Este patrón se observa con frecuencia en perfiles muy responsables, acostumbrados a exigirse mucho y con dificultades para poner límites a la disponibilidad laboral.
“El sentimiento de culpa no está en las vacaciones, sino en la creencia de que detenerse equivale a fallar. Esa idea activa una especie de vigilancia interna que provoca que, aunque la persona esté fuera del trabajo, siga revisando mentalmente lo pendiente o pensando que debería estar haciendo algo útil”, explica Soledad Scarcella, psicóloga de Blua de Sanitas.
Esta forma de relacionarse con el reposo hace que los días libres pierdan parte de su función reparadora. “Las vacaciones no producen recuperación por sí solas. Lo que permite recuperarse es reducir la exigencia mental habitual. Cuando la persona mantiene la misma presión interna que durante el resto del año, el organismo sigue funcionando en estado de alerta y el descanso pierde gran parte de su efecto reparador”, añade Soledad Scarcella.
Ante esta situación, los expertos alertan de las consecuencias sobre el bienestar psicológico de mantener la autoexigencia durante las vacaciones:
- Sueño menos reparador: la activación mental sostenida dificulta la conciliación del sueño y, en algunos casos, provoca despertares frecuentes. Por eso, aunque se duerman más horas, puede aparecer sensación de cansancio al despertar.
- Mayor irritabilidad: cuando los días libres se viven desde la obligación, cualquier interrupción o plan imprevisto puede generar impaciencia. La mente sigue funcionando en modo tarea, incluso en un periodo pensado para recuperarse.
- Dificultad para disfrutar: la presión por aprovechar el tiempo reduce la atención hacia lo placentero. Actividades sencillas como leer, pasear o no hacer nada pueden vivirse con incomodidad si se interpretan como tiempo desperdiciado.
- Cansancio emocional: sostener la exigencia interna también durante las vacaciones impide que el sistema psicológico baje el ritmo, lo que incrementa la sensación de saturación y desgaste.
- Problemas de concentración al volver: la falta de recuperación real suele hacer que la reincorporación se afronte con menor claridad mental, más dispersión y peor tolerancia a la presión.
“Relajarse no significa desentenderse de las responsabilidades. Significa permitir que el organismo recupere recursos para poder responder después con más estabilidad. Cuando la autoexigencia impide descansar incluso en periodos destinados a la recuperación, puede ser útil consultar con un profesional para identificar qué creencias o hábitos están manteniendo ese malestar. En este sentido, la videoconsulta permite acceder a apoyo psicológico también durante las vacaciones, sin necesidad de esperar a la vuelta”, concluye la psicóloga de Blua de Sanitas.
Sobre Sanitas
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Sanitas forma parte de Bupa, compañía internacional líder en salud, que cuenta con más de 67 millones de clientes en todo el mundo. La compañía cuenta con empleados, principalmente en Reino Unido, Australia, España, Chile, Polonia, Nueva Zelanda, la RAE de Hong Kong, Turquía, Brasil, México e India. También cuenta con empresas asociadas en Arabia Saudita.


