Extremadura señala el futuro

La digitalización ha dejado de ser una promesa para convertirse en una necesidad ineludible en prácticamente todos los ámbitos de nuestra sociedad. La banca, la administración pública, el comercio, el transporte o las comunicaciones han experimentado una transformación profunda gracias a la incorporación de nuevas tecnologías que han simplificado procesos, reducido tiempos de espera y acercado los servicios al ciudadano. La sanidad, uno de los pilares esenciales del Estado del bienestar, no podía permanecer al margen de esta revolución. Sin embargo, la verdadera transformación digital no consiste en acumular herramientas tecnológicas, sino en ponerlas al servicio de las personas. La tecnología solo tiene sentido cuando facilita la vida de los pacientes, ayuda a los profesionales sanitarios y hace que el sistema sea más eficiente sin perder su carácter humano. Precisamente por eso, la puesta en marcha de la Tarjeta Sanitaria Virtual por parte del Servicio Extremeño de Salud merece ser reconocida como una iniciativa que va mucho más allá de la simple incorporación de una aplicación móvil: representa un paso decidido hacia una sanidad más moderna, más accesible y mejor preparada para afrontar los desafíos del presente y del futuro.

La implantación de esta herramienta permite que cualquier ciudadano pueda llevar en su teléfono móvil la misma identificación sanitaria que hasta ahora conservaba en su cartera. Gracias a un código QR generado desde la aplicación Centro de Salud Online o desde su versión web, los pacientes pueden identificarse tanto en hospitales y centros de salud como en las oficinas de farmacia de Extremadura con la misma validez legal que ofrece la tradicional tarjeta física. La identificación es inmediata, segura y plenamente integrada en los sistemas de información del Servicio Extremeño de Salud, de modo que el profesional sanitario puede acceder en tiempo real a la información necesaria para prestar la asistencia correspondiente. En las farmacias ocurre exactamente lo mismo: el código QR permite acceder a la receta electrónica con la misma operatividad que la tarjeta sanitaria convencional.

Puede parecer un cambio pequeño, casi anecdótico para quien observa la noticia desde fuera, pero en realidad constituye uno de esos avances silenciosos que terminan transformando la relación entre el ciudadano y la administración sanitaria. La historia de la innovación demuestra que las tecnologías que realmente cambian las cosas no siempre son las más espectaculares, sino aquellas que consiguen simplificar procesos cotidianos hasta el punto de que dejamos de percibir su complejidad. La receta electrónica es probablemente el mejor ejemplo. Hace apenas dos décadas era habitual acudir al centro de salud únicamente para recoger recetas en papel, una situación que hoy nos parece completamente superada gracias a la digitalización. La Tarjeta Sanitaria Virtual tiene capacidad para recorrer un camino similar.

Lo verdaderamente importante es que Extremadura no ha entendido la transformación digital como una cuestión estética ni como un simple ejercicio de modernización institucional. La ha concebido como una herramienta útil para mejorar la experiencia del paciente. Ese es precisamente el criterio que debería inspirar cualquier proyecto tecnológico dentro del Sistema Nacional de Salud. No se trata de digitalizar por digitalizar, sino de ofrecer soluciones que reduzcan trámites, eviten desplazamientos innecesarios, agilicen la identificación de los usuarios y permitan que los profesionales dediquen menos tiempo a cuestiones administrativas y más tiempo a aquello que realmente aporta valor: la atención sanitaria.

Vivimos, probablemente, la mayor revolución tecnológica que ha conocido la sanidad desde la incorporación masiva de la informática a los hospitales. La inteligencia artificial empieza a ayudar a detectar tumores con una precisión extraordinaria, los algoritmos colaboran en el análisis de pruebas diagnósticas, la telemedicina ha demostrado durante los últimos años que puede complementar la atención presencial en numerosos procesos asistenciales y la historia clínica electrónica permite que la información viaje con el paciente allí donde sea necesaria. Europa trabaja intensamente en el desarrollo del Espacio Europeo de Datos Sanitarios para facilitar un intercambio seguro de información clínica entre países, mientras que la Organización Mundial de la Salud lleva años defendiendo la salud digital como una herramienta imprescindible para construir sistemas sanitarios más resilientes, eficientes y centrados en las necesidades de las personas.

España parte, además, de una posición privilegiada. Nuestro Sistema Nacional de Salud ha sido tradicionalmente uno de los referentes internacionales por su cobertura universal y por la calidad de sus profesionales. La receta electrónica interoperable entre comunidades autónomas constituye uno de los mejores ejemplos de cooperación institucional desarrollados en los últimos años y ha demostrado que la tecnología puede eliminar barreras que durante décadas dificultaban la atención de pacientes desplazados. Sin embargo, todavía existen diferencias importantes entre territorios en cuanto al grado de desarrollo de los servicios digitales. Mientras algunas comunidades han apostado con decisión por nuevas herramientas tecnológicas, otras avanzan con mayor lentitud, generando situaciones en las que un ciudadano dispone de servicios diferentes dependiendo simplemente de dónde resida.

Por eso resulta especialmente relevante reconocer el trabajo desarrollado por Extremadura. En demasiadas ocasiones se habla de innovación sanitaria únicamente cuando procede de grandes hospitales o de comunidades con mayor población y presupuesto, olvidando que la capacidad para liderar proyectos útiles no depende exclusivamente del tamaño de una administración. Lo verdaderamente determinante es la voluntad de avanzar, la planificación y la capacidad para convertir las ideas en realidades que mejoren la vida de los ciudadanos. La puesta en marcha de la Tarjeta Sanitaria Virtual demuestra precisamente eso: que es posible impulsar proyectos de alto valor añadido cuando existe una estrategia clara de transformación digital.

Sería un error interpretar esta iniciativa como un éxito exclusivamente regional. Todo lo contrario. Cuando una comunidad autónoma desarrolla una herramienta útil, contrastada y plenamente operativa, el resto de administraciones deberían verla como una oportunidad para acelerar sus propios procesos de modernización. La sanidad pública española comparte principios, objetivos y desafíos comunes, por lo que las buenas prácticas no deberían quedarse encerradas dentro de las fronteras administrativas de cada territorio. La innovación adquiere su verdadero sentido cuando es capaz de extenderse y beneficiar al mayor número posible de ciudadanos.

En este sentido, resulta difícil encontrar argumentos para retrasar la implantación de herramientas similares en el conjunto del Sistema Nacional de Salud. La identificación digital de los pacientes, integrada con los sistemas de información clínica y plenamente compatible con la receta electrónica, representa un paso lógico dentro del proceso de modernización que la sanidad española viene desarrollando desde hace años. No se trata de una tecnología experimental ni de una apuesta de futuro cuya utilidad esté aún por demostrar. Es una solución madura, segura y perfectamente alineada con la evolución digital que están experimentando los principales sistemas sanitarios europeos.

La digitalización, además, ofrece ventajas que trascienden la simple comodidad del usuario. Un sistema de identificación rápido y fiable reduce errores administrativos, agiliza los procesos de admisión, facilita la trazabilidad de la información clínica y mejora la coordinación entre los distintos niveles asistenciales. Todo ello repercute directamente en la eficiencia del sistema sanitario y, por extensión, en una mejor utilización de unos recursos que siempre son limitados. Cada minuto que un profesional deja de dedicar a resolver incidencias burocráticas puede transformarse en más tiempo para escuchar al paciente, valorar su situación clínica o resolver sus dudas. Esa es la auténtica dimensión de la transformación digital: liberar a las personas de tareas repetitivas para que puedan dedicar su tiempo a aquello que realmente importa.

Esa mejora de la eficiencia no debe analizarse únicamente desde una perspectiva económica. Es cierto que la digitalización permite optimizar recursos, reducir determinadas cargas administrativas y hacer más ágiles numerosos procedimientos, pero su verdadero valor reside en el impacto que tiene sobre la experiencia del paciente. Una persona que puede identificarse de forma rápida en un centro sanitario, acceder sin dificultades a su tratamiento en una farmacia o realizar determinadas gestiones desde su teléfono móvil percibe una Administración más cercana, más accesible y más adaptada a las necesidades de una sociedad que ha cambiado profundamente durante las dos últimas décadas. En un momento en el que los ciudadanos están acostumbrados a realizar operaciones bancarias, contratar seguros, comprar billetes de transporte o relacionarse con la Administración a través de medios digitales, resulta lógico que la sanidad también incorpore herramientas que respondan a esa nueva realidad.

No obstante, defender la digitalización no significa asumir que todos los ciudadanos deben utilizar obligatoriamente las mismas herramientas. Uno de los errores más frecuentes en algunos procesos de transformación tecnológica consiste en pensar que todo lo digital debe sustituir automáticamente a lo analógico. La experiencia demuestra que esa visión no solo es equivocada, sino que puede generar nuevas desigualdades si no se tienen en cuenta las características de la población a la que van dirigidos los servicios públicos.

España es uno de los países con mayor esperanza de vida del mundo y, al mismo tiempo, uno de los que presenta un proceso de envejecimiento demográfico más acusado. Esa realidad constituye un éxito colectivo del sistema sanitario y de las políticas de bienestar, pero también obliga a diseñar los servicios públicos pensando en perfiles muy diferentes de ciudadanos. Hoy conviven generaciones que han nacido rodeadas de teléfonos inteligentes con otras que apenas han tenido contacto con las nuevas tecnologías. Muchas personas mayores utilizan aplicaciones móviles con absoluta normalidad, mantienen videollamadas con sus familias, realizan operaciones bancarias desde el teléfono o gestionan trámites administrativos sin dificultad. Sin embargo, también existen cientos de miles de ciudadanos que no disponen de un dispositivo adecuado, que no se sienten cómodos utilizando herramientas digitales o que, sencillamente, prefieren seguir haciendo las cosas de la manera en que las han hecho durante toda su vida.

Esa realidad no puede ignorarse. La modernización de la sanidad debe ser inclusiva o, de lo contrario, dejará de cumplir uno de los principios básicos que inspiran al Sistema Nacional de Salud: garantizar la igualdad de acceso para todos los ciudadanos, con independencia de su edad, de su lugar de residencia o de sus capacidades tecnológicas. Por eso merece destacarse un aspecto especialmente acertado de la iniciativa extremeña: la Tarjeta Sanitaria Virtual nace para ampliar las opciones del paciente, no para eliminar las existentes.

La tarjeta sanitaria física continúa siendo plenamente válida y operativa. Esa decisión no representa un paso atrás, sino una demostración de sentido común. La innovación no debería consistir nunca en obligar a los ciudadanos a abandonar una herramienta que sigue funcionando correctamente, sino en ofrecer alternativas para que cada persona elija la que mejor se adapte a sus necesidades. Quien desee utilizar la tarjeta virtual encontrará una solución moderna, cómoda y segura. Quien prefiera seguir llevando su tarjeta de plástico en la cartera podrá hacerlo exactamente igual que hasta ahora, sin perder derechos ni encontrarse con barreras innecesarias.

Ese equilibrio entre innovación e inclusión debería convertirse en una referencia para cualquier proceso de digitalización de los servicios públicos. La tecnología tiene que sumar, nunca excluir. Debe facilitar la vida a quienes quieren aprovechar sus ventajas, pero sin convertir el acceso digital en un requisito obligatorio que penalice a quienes no pueden o no desean utilizarlo. Esa convivencia entre ambos modelos será, previsiblemente, la realidad durante muchos años y no existe ningún motivo para plantearla como un enfrentamiento entre pasado y futuro. Ambos sistemas pueden coexistir con absoluta normalidad mientras la sociedad continúa evolucionando.

También conviene recordar que la transformación digital no termina con la puesta en marcha de una nueva herramienta. La tecnología exige un proceso continuo de mejora, actualización y adaptación a las necesidades cambiantes de los ciudadanos. La Tarjeta Sanitaria Virtual constituye un paso importante, pero también abre la puerta a nuevos desarrollos que podrán seguir enriqueciendo la relación entre el paciente y el sistema sanitario. La integración con otros servicios digitales, la posibilidad de incorporar nuevas funcionalidades relacionadas con la gestión de citas, el acceso a información clínica o la interacción con los profesionales son solo algunos ejemplos del enorme recorrido que todavía tiene por delante la salud digital.

En ese camino será imprescindible mantener una apuesta firme por la ciberseguridad y por la protección de los datos personales. La confianza del ciudadano constituye uno de los pilares sobre los que debe asentarse cualquier iniciativa tecnológica en el ámbito sanitario. La información relacionada con la salud pertenece al ámbito más sensible de la vida de cualquier persona y, por tanto, requiere las máximas garantías de confidencialidad. Precisamente por ello resulta especialmente relevante que el acceso a la Tarjeta Sanitaria Virtual se realice mediante sistemas de identificación seguros y homologados, como el sistema Cl@ve, el DNI electrónico o los certificados digitales. La innovación solo será plenamente aceptada si los ciudadanos tienen la certeza de que sus datos están protegidos con el máximo rigor.

Mirando al futuro, sería deseable que el ejemplo de Extremadura sirviera como estímulo para el conjunto de las comunidades autónomas. España necesita avanzar hacia un ecosistema sanitario cada vez más interoperable, más homogéneo en aquellos servicios que aportan valor y más coordinado entre administraciones. Las diferencias organizativas entre los distintos servicios regionales de salud forman parte del modelo de descentralización sanitaria, pero eso no debería impedir que las mejores iniciativas se compartan y se extiendan con rapidez cuando han demostrado su utilidad.

La transformación digital no entiende de fronteras administrativas ni de colores políticos. Cuando una herramienta mejora la atención sanitaria, simplifica la vida de los pacientes y facilita el trabajo de los profesionales, deja de ser patrimonio de una comunidad autónoma para convertirse en una oportunidad para todo el Sistema Nacional de Salud. Esa debería ser la filosofía que guiara los próximos pasos de la digitalización sanitaria en España: aprender de quienes avanzan, compartir el conocimiento y acelerar la implantación de soluciones que ya han demostrado su eficacia.

Nos encontramos en un momento histórico especialmente favorable para impulsar esa evolución. Nunca antes la tecnología había ofrecido tantas posibilidades para mejorar la asistencia sanitaria. La inteligencia artificial, el análisis masivo de datos, la monitorización remota de pacientes, la medicina personalizada, la interoperabilidad de la historia clínica o el desarrollo del Espacio Europeo de Datos Sanitarios configuran un escenario que hace apenas unos años parecía reservado a la ciencia ficción. La Tarjeta Sanitaria Virtual forma parte de ese mismo proceso de transformación y demuestra que la innovación no siempre necesita grandes titulares para generar un impacto real. A veces basta con simplificar un gesto tan cotidiano como identificarse en un centro de salud o retirar un medicamento en la farmacia.

Por todo ello, conviene reconocer sin complejos el trabajo realizado por Extremadura. La comunidad autónoma ha dado un paso que beneficia a sus ciudadanos, que moderniza la relación con el sistema sanitario y que demuestra que la transformación digital puede traducirse en mejoras concretas y fácilmente perceptibles por la población. Ese esfuerzo merece ser valorado, del mismo modo que merece ser reivindicada la necesidad de que el resto de comunidades autónomas aceleren la implantación de herramientas similares para evitar que la calidad de los servicios digitales dependa del código postal del paciente.

Pero ese reconocimiento debe ir acompañado de una convicción igualmente firme: la modernización nunca puede construirse dejando a nadie atrás. El futuro pertenece a la tecnología, pero la sanidad seguirá perteneciendo siempre a las personas. Precisamente por eso, la mejor transformación digital será aquella que ofrezca más opciones, no menos; que amplíe derechos en lugar de restringirlos; que haga más sencilla la vida de quienes desean utilizar un teléfono móvil para relacionarse con el sistema sanitario y que, al mismo tiempo, siga tendiendo la mano a quienes continúan confiando en la tarjeta física que llevan desde hace años en su cartera.

Ese equilibrio entre innovación, inclusión y libertad de elección es, probablemente, la mayor lección que deja la iniciativa extremeña. La Tarjeta Sanitaria Virtual no debe entenderse como el final de una etapa, sino como el comienzo de una nueva forma de concebir la sanidad pública: una sanidad que aprovecha las oportunidades de la tecnología sin olvidar que su verdadera misión continúa siendo exactamente la misma de siempre, cuidar de las personas.

José Angel Jarne
José Angel Jarne
Miembro de ANISALUD (La Asociación Nacional de Informadores de la Salud), José Ángel Jarne ha sido el responsable de varios gabinetes de prensa del sector de periodismo sanitario (de una asociación de pacientes y director de comunicación de una fundación de investigación de células madre). Durante los últimos años se ha dedicado a la gestión de gabinetes de prensa y la organización de eventos en el ámbito privado. Es el director del portal.

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