La testosterona no solo influye en la fuerza, la libido y la composición corporal, también juega un papel clave en la longevidad, la salud ósea, la masa muscular y el bienestar general. Así lo destaca la ciencia reciente en el contexto del envejecimiento saludable. Pero su uso indiscriminado o cuando no existe indicación también es fuente de problemas de salud y de comportamiento.
Un reciente anuncio del Departamento de Defensa de Estados Unidos confirma que el país medirá los niveles de testosterona de forma anual a todos los militares mayores de 30 años —incluidas las mujeres— y ofrecerá tratamientos de reemplazo a quienes presenten deficiencias, con el objetivo de “restaurar y optimizar las capacidades naturales” de las tropas. Esta medida, impulsada por el secretario de Defensa Pete Hegseth, busca elevar el rendimiento físico y restaurar el “más alto estándar masculino” en las Fuerzas Armadas. ¿Qué es lo que se busca con ello? ¿Tiene sentido?
Estudios científicos respaldan la relación entre niveles óptimos de testosterona y una mejor calidad de vida durante el envejecimiento: preservación de masa muscular (frente a la sarcopenia), mantenimiento de la densidad ósea, mejora de la energía, el estado de ánimo y la función sexual. Aunque no es un elixir de la juventud, la terapia bien supervisada puede contrarrestar algunos efectos del envejecimiento y contribuir a una longevidad saludable. Pero tampoco es una panacea. Y además hay medios fisiológicos para aumentar su acción.
Para abordar estos temas ponemos a vuestra disposición al Dr. Manuel J. Castillo, catedrático emérito de Fisiología Médica en la Universidad de Granada y presidente científico de la Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad (SEMAL). El Dr. Castillo puede explicar los mecanismos de acción de la testosterona en la longevidad, los beneficios reales, los riesgos y las recomendaciones basadas en evidencia científica.
FOTOGRAFÍA DE CABECERA: La Vanguardia


