Más del 30% de la población presenta niveles insuficientes de esta hormona liposolube, incluso en países soleados. Especialistas de la Clínica Universidad de Navarra recuerdan la importancia de este nutriente para la función muscular, el sistema inmune, el metabolismo y la regulación de la inflamación
23 de julio de 2026.- Durante años, la vitamina D se ha asociado casi en exclusiva a la exposición solar y a la prevención de problemas óseos. Sin embargo, la evidencia científica acumulada en la última década ha ampliado de forma notable su papel en el organismo. Hoy se sabe que este nutriente, que actúa más como una hormona que como una vitamina clásica, influye en múltiples sistemas y funciones del cuerpo humano.
“La vitamina D no solo regula la absorción de calcio y fósforo, también interviene en la función muscular, el sistema inmune, el metabolismo y la regulación de la inflamación”, explica la Dra. Ana Hernández Moreno, responsable del Área de Nutrición de la Clínica Universidad de Navarra en Pamplona.
A pesar de vivir en un entorno con abundantes horas de sol, el déficit de vitamina D sigue siendo muy frecuente. El motivo principal está en los hábitos de vida actuales y en distintos factores biológicos: el trabajo en interiores, el uso necesario de fotoprotección y la menor intensidad de la radiación solar durante varios meses del año dificultan la síntesis cutánea.
A esto se suman otros factores como la edad avanzada, los fototipos altos, la obesidad, ciertas enfermedades crónicas o una dieta nutricionalmente pobre. “Aunque vivamos en un país soleado, la combinación de todos estos factores hace que el déficit siga siendo frecuente”, subraya la especialista en Endocrinología y Nutrición.
Alimentación y suplementos: cuándo están indicados
La dieta por sí sola rara vez cubre las necesidades de vitamina D, ya que los alimentos que la contienen de forma natural son escasos, por lo que debe ir acompañada de otras indicaciones, como la exposición controlada a la luz natural.
En determinados casos la suplementación está indicada, pero siempre bajo criterio médico. “No se trata de tomar vitamina D por si acaso”, advierte la Dra. Hernández. En personas sanas sin déficit ni factores de riesgo, no se ha demostrado beneficio, y un consumo excesivo y prolongado puede provocar efectos adversos.
Salud ósea y etapas clave en la mujer
El papel mejor conocido de la vitamina D es su relación con la salud ósea. Es esencial para que el calcio se absorba correctamente y se incorpore al hueso, un equilibrio especialmente importante en etapas como la menopausia.
“El calcio son los ladrillos del hueso y la vitamina D es el cemento: si falta uno de los dos, el hueso no se forma correctamente”, explica el Dr. Álvaro Ruiz Zambrana, especialista en Ginecología y Obstetricia de la Clínica Universidad de Navarra.
Además, durante el embarazo y la lactancia las necesidades de vitamina D también aumentan. “El feto y el recién nacido obtienen este nutriente de la madre, por lo que es fundamental mantener unos niveles adecuados para el correcto desarrollo óseo del bebé y para mantener la salud ósea de la madre”, señala el especialista, quien recuerda la relación de esta vitamina con el metabolismo de la glucosa y el control de la tensión arterial también durante la gestación.


