Imagina que conduces un coche y, de repente, se enciende una luz roja en el salpicadero. Lo más probable es que vayas al taller de inmediato para evitar una avería gorda, ¿verdad? Con nuestro cuerpo, y especialmente con nuestro corazón, deberíamos hacer exactamente lo mismo. Sin embargo, a menudo cometemos el error de esperar a que “falle” o nos dé un susto para empezar a preocuparnos por él.
Aquí es donde entra en juego la cardiología preventiva, una disciplina médica cuyo objetivo principal no es curar el corazón cuando ya está enfermo, sino cuidarlo y protegerlo mucho antes de que aparezcan los primeros síntomas.


