La salud mental infantil y adolescente se caracteriza por una dificultad conocida: muchos problemas empiezan antes de que sean clínicamente visibles. La ansiedad y la depresión suelen consolidarse durante la adolescencia, pero los procesos de vulnerabilidad pueden estar presentes años antes. En la práctica, la detección depende de síntomas declarados, observación familiar o escolar, escalas de cribado, entrevistas clínicas y acceso efectivo a profesionales.
La salud digital está abriendo otra vía: no sustituir la evaluación clínica, sino detectar señales tempranas en datos que ya forman parte de la interacción familiar o sanitaria. Hasta ahora, una parte importante del fenotipado digital en salud mental se ha centrado en variables conductuales y fisiológicas: sueño, movilidad, interacción con dispositivos, frecuencia cardiaca, actividad física o patrones de uso del móvil. El estudio que ahora se publica desplaza el foco hacia una fuente más clínica y menos instrumental: el lenguaje.


