La densidad mineral ósea: ¿un parámetro clave en el tratamiento de la osteoporosis?

Durante la última década se ha desarrollado el concepto de manejo de la osteoporosis dirigido a objetivos. En 2024, un grupo de trabajo de la American Society for Bone and Mineral Research (ASBMR) determinó que este enfoque debería incluir objetivos específicos de densidad mineral ósea durante el tratamiento, con el fin de garantizar una reducción óptima del riesgo de fractura.

Esta recomendación se sustentó en dos pilares: el primero son varios estudios en los que se asocia una mayor densidad mineral ósea durante el tratamiento con un menor riesgo de fractura, mientras que el segundo es una metarregresión de ensayos clínicos individuales en los que se detectó que los agentes que producían mayores incrementos de la densidad mineral ósea también lograban una mayor reducción del riesgo de fractura.

Sin embargo, las conclusiones extraídas de estos estudios podrían no ser sólidas tal y como expresó el Dr. Ian R. Reid, miembro del Departamento de Medicina de la Facultad de Ciencias Médicas y de la Salud de la Universidad de Auckland (Nueva Zelanda), en un ViewPoint publicado recientemente en la revista The Lancet Diabetes and Endocrinology. 

Sus reservas se basaron en dos aspectos: en primer lugar, en los ensayos en los que se consideró la densidad mineral ósea durante el tratamiento como la suma de la densidad mineral ósea basal y de su variación durante la terapia, se observó que la influencia de la densidad mineral ósea durante el tratamiento refleja en gran medida el efecto de la densidad mineral ósea basal sobre el riesgo de fractura, más que un efecto del cambio en la densidad mineral ósea durante el tratamiento.

En segundo lugar, los hallazgos de la metarregresión dependen en gran medida de la inclusión en el análisis de tratamientos menos eficaces. Entre los antiresortivos más eficaces no se observa dicha relación. Por ejemplo, aunque el denosumab produce mayores efectos sobre la densidad mineral ósea que el zoledronato, ambos agentes presentan una eficacia antifractura similar en los ensayos clínicos.

Por lo tanto, una conclusión fundamental del enfoque de tratamiento orientado a alcanzar un objetivo de densidad mineral ósea carece, según el Dr. Reid, de respaldo en los ensayos clínicos, lo que sugiere que este marco conceptual presenta deficiencias. Así pues, para el facultativo de la Universidad de Auckland, el uso de objetivos de densidad mineral ósea en el manejo de la osteoporosis no está respaldado por la evidencia disponible, y las mediciones frecuentes de la densidad mineral ósea requeridas por este enfoque de tratamiento orientado a objetivos incrementarán los costes sin aportar un beneficio demostrable.

Ante esta controvérsia, desde Univadis España hemos contactado con el Dr. Guillermo Martínez Díaz-Guerra, miembro del grupo de Metabolismo Mineral y Óseo de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), con el objetivo de profundizar en sí realmente la densidad mineral ósea ha de ser un parámetro clave en el tratamiento de la osteoporosis.

Para contextualizar la situación actual, el Dr. Martínez confirmó la existencia de dicho debate entre los especialistas: “los objetivos del tratamiento en la osteoporosis siguen siendo motivo de controversia. El objetivo primordial de evitar nuevas fracturas es demasiado simplista para su aplicación clínica, y por otro lado no existe acuerdo de cuál debe ser el papel de otros parámetros subrogados (densidad mineral ósea, marcadores de remodelado óseo, etc)”.

Esto no significa que deba descartarse la densidad mineral ósea como parámetro en el tratamiento de la osteoporosis, todo lo contrario, “esta debe tenerse en cuenta siempre, pero no de forma aislada. Es fundamental conocer también la edad del paciente, si ha habido fracturas previas, sobre todo si son recientes (< 2 años), y si existen otros factores de riesgo clínicos (tabaquismo, uso de corticoides, etc.)”, profundizó el portavoz de la SEEN.

Ante el cuestionamiento del Dr. Reid de que alcanzar una densidad mineral ósea determinada durante el tratamiento reduzca por sí mismo el riesgo de fractura, el Dr. Martínez declaró que “los datos que respaldan esta recomendación proceden de análisis post-hoc de ensayos clínicos aleatorizados, con grandes grupos de pacientes con distintas características, por ejemplo mujeres con osteopenia tratadas con zoledronato y mujeres con osteoporosis y/o fracturas tratadas con denosumab. Por ello, es difícil trasladar estas recomendaciones a la práctica clínica porque la respuesta del paciente individual en la densitometría puede no replicar lo que ocurre en los ensayos”.
¿Cuándo cambiar el tratamiento ante la falta de eficacia?
El Dr. Reid puso en duda el hecho de cambiar el tratamiento de un paciente simplemente porque no ha alcanzado un determinado objetivo de densidad mineral ósea. Ante este posicionamiento, el Dr. Martínez declaró que “no existe unanimidad en cuándo se debe cambiar el tratamiento de la osteoporosis por falta de eficacia; en general se tiene en cuenta si ha habido nuevas fracturas (al menos dos), si el paciente presenta pérdida significativa de densidad mineral ósea a pesar del tratamiento o si hay una respuesta insuficiente en marcadores de resorción ósea en el caso de los antirresortivos. También hay factores relacionados con el paciente que deben tenerse en cuenta: efectos secundarios, intolerancia, precio, etc.”.
¿Cómo actuar en el caso de pacientes de muy alto riesgo?
Si la densidad mineral ósea no es el único parámetro a considerar, surge la duda de como manejar a pacientes de muy alto riesgo: “las guías clínicas actuales posicionan el uso prioritario de los tratamientos anabólicos como teriparatida o romosozumab en pacientes de muy alto riesgo, tales como aquellos que han tenido una fractura vertebral o de cadera reciente. No obstante, el tratamiento a largo plazo es imprescindible y, por ello, tras el periodo de uso de los anabólicos (12 meses romosozumab y 24 meses teriparatida) debe continuarse el tratamiento inexcusablemente con un antirresortivo (bifosfonato o inhibidor del RANK-L/denosumab)”, explicó el portavoz de la SEEN.
El papel de las densitometrías
El Dr. Reid criticó la realización frecuente de densitometrías porque considera que los posibles cambios detectados son pequeños y la precisión de la técnica puede dificultar detectar modificaciones reales. Pero, por otro lado, reconoció que el seguimiento de la densidad mineral ósea podría favorecer la adherencia al tratamiento con algunos fármacos orales.

Comparte esta ambivalente posición el Dr. Martínez, para quién, debido a las limitaciones de la densitometría ósea, “no se deben sobreinterpretar los cambios en esta en el paciente individual ya que muchas veces responden más a la variabilidad de la técnica que a un efecto real del tratamiento. Sin embargo, lo cierto es que no disponemos de herramientas objetivas para informar al paciente de cómo evoluciona su proceso, y el propio paciente agradece la densitometría, una prueba barata y no molesta. Por ello, considero que realizar una densitometría de seguimiento cada uno o dos años es razonable”.

El Dr. Guillermo Martínez Díaz-Guerra no declaró ningún conflicto de interés. El Dr. Ian R. Reid declaró haber recibido honorarios como ponente de Amgen, Abbott y Medison Pharma, así como haber trabajado como consultor para Theramex.

 

 

 

 

 

FUENTE: Univadis

Ana Manterias
Ana Manterias
Colabora en el portal desde el ámbito de la comunicación y el marketing, con una visión estratégica orientada al sector de la sanidad y la salud, las enfermedades y la nutrición. Especializada en relaciones institucionales, coordina la línea editorial de todos los autores con un enfoque riguroso y coherente.

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