La microbiota intestinal está de moda, y no solo entre los científicos. Varias empresas ofrecen pruebas para evaluarla, mientras que otras proponen complementos alimenticios para optimizarla. El Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica de Francia (INSERM, por sus siglas en francés) ha dedicadoun artículo de su sección dirigida a combatir la desinformación a estas iniciativas, cuyos supuestos han sido analizados en varios estudios.
¿Se puede evaluar la calidad de la microbiota intestinal?
La literatura científica muestra “que, hasta la fecha, no existe ningún umbral claramente definido para determinar si una microbiota es sana o está desequilibrada” y que lo determinante es la diversidad de su flora, cuya composición varía de un individuo a otro. Sin embargo, varias empresas ofrecen pruebas para evaluar la calidad de la microbiota intestinal a partir de muestras de heces.
Unos investigadores enviaron la misma muestra a varios de estos laboratorios. Los resultados son reveladores: la salud intestinal se calificó como excelente, normal o deficiente, dependiendo del laboratorio. Algunos de ellos incluso señalaban riesgos para la salud (como cáncer, enfermedades neurodegenerativas, síndrome del intestino irritable, depresión, etc.).
En lo que respecta a los tratamientos de “reconstitución“ de la microbiota, los expertos del Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica de Francia recuerdan, en primer lugar, que los prebióticos y los probióticos son complementos alimenticios. Por lo tanto, no cuentan con los resultados sólidos obtenidos en ensayos clínicos rigurosos realizados con medicamentos. En consecuencia, en la actualidad no hay nada que permita demostrar su eficacia.
No existe ningún argumento científico a favor de los prebióticos o probióticos comerciales
Además, dos estudios han demostrado que su afirmación de “reequilibrar” la microbiota intestinal carecía de fundamento. En primer lugar, los participantes recibieron un tratamiento con antibióticos para alterar su microbiota. A continuación, tomaron una mezcla de 11 cepas de probióticos con el fin de acelerar la recuperación de ésta (proceso que, apuntan los autores, se produciría de forma natural en la mayoría de los casos).
- El primer estudio ha demostrado que, en algunas personas, las bacterias probióticas proliferan en el intestino, mientras que en otras son rechazadas.[1]
- En el segundo estudio, la ingesta de estos complementos no solo no permitió acelerar la recuperación de la microbiota, sino que la retrasó en algunas personas, en ocasiones durante varias semanas.[2]
Además, otras investigaciones han arrojado resultados preocupantes:
- Un estudio sugiere que la bacteria E. coli “Nissle 1917”, recetada para tratar los trastornos digestivos, podría llegar a dañar el ADN y suponer un aumento del riesgo de cáncer colorrectal.[3]
- Otro estudio ha demostrado que algunos probióticos pueden aumentar la mortalidad en pacientes con pancreatitis aguda grave.[4]
- Una revisión bibliográfica de 384 ensayos clínicos relacionados con los probióticos reveló que solo el 2 % de dichos ensayos sobre estos suplementos describían con precisión sus efectos adversos.[5]
En conclusión, existen formas más eficaces, saludables y científicamente demostradas de mantener una microbiota intestinal sana: una alimentación variada y rica en fibra, la práctica regular de actividad física, un uso prudente de los antibióticos y evitar el consumo de alimentos ultraprocesados, ricos en azúcar y aditivos.
Este contenido fue publicado originalmente en Univadis Francia, parte de la Red Profesional de Medscape.
FUENTE: Univadis


