Andradas (Madrid), Márquez (Extremadura), Esteban (Baleares), Granda (Castilla y León) y Martínez Ochoa (La Rioja) analizan asuntos como la vacunación, los RRHH, la prevención, los cribados, la preparación y respuesta ante emergencias
La Salud Pública autonómica necesita más profesionales, nuevos perfiles, mejores sistemas de información y estructuras capaces de reaccionar ante amenazas sanitarias cada vez más complejas. Ese diagnóstico atravesó buena parte de la mesa sobre ‘Retos y logros de la Salud Pública autonómica’, celebrada dentro de la jornada ‘Retos y necesidades de la salud pública en España. Liderazgo autonómico y resiliencia del sistema sanitario’.
La jornada, organizada por Fundamed y la Cátedra de Innovación y Gestión Sanitaria de la Universidad Rey Juan Carlos con el apoyo de CSL Seqirus, reunió a las directoras generales de Salud Pública Elena Andradas (Comunidad de Madrid), Cristina Granda (Castilla y León), Yolanda Márquez (Extremadura), Antonia Elena Esteban (Baleares) y Eva Martínez Ochoa (La Rioja). La mesa la moderó Ángel Gil (URJC y GRIPEXPERT), exponiendo cuestiones como el peso real de las autonomías en la toma de decisiones, los recursos humanos, el enfoque One Health, la prevención, los cribados, la innovación vacunal y la preparación ante emergencias.

Ángel Gil, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Rey Juan Carlos y miembro de GRIPEXPERT, defendió desde el inicio que la Comisión de Salud Pública constituye una pieza fundamental en el funcionamiento del Sistema Nacional de Salud y preguntó hasta qué punto las comunidades consiguen trasladar sus posiciones a la Administración central. Para el moderador, resulta especialmente relevante que los mensajes no procedan únicamente de cada dirección general, sino que estén respaldados por “esa visión de la Comisión de Salud Pública”.
Andradas: “La Comisión de Salud Pública tiene un papel técnico importantísimo”
Elena Andradas, directora general de Salud Pública de la Comunidad de Madrid, defendió con claridad el funcionamiento de la Comisión de Salud Pública y la capacidad de las comunidades para alcanzar acuerdos. “Sinceramente creo que la Comisión de Salud Pública tiene un papel técnico en nuestro ámbito importantísimo”, aseguró. Según explicó, los directores generales reciben asuntos previamente trabajados por las ponencias técnicas y, “con muchísima frecuencia somos capaces los directores de llegar a acuerdos, a consensos, y elevar nuestras propuestas” al pleno del Consejo Interterritorial, que “la mayor parte de las ocasiones nos apoya siempre”. También recordó que la aplicación posterior exige trasladar las decisiones a la organización sanitaria de cada territorio y coordinarse con sus equipos directivos.
Una de las cuestiones que más desarrolló fue la necesidad de reforzar las plantillas y abrir Salud Pública a nuevas disciplinas. Andradas explicó que, tras la pandemia, Madrid reorganizó sus unidades territoriales dentro de las áreas de Vigilancia y Salud Pública, Seguridad Alimentaria y Sanidad Ambiental y Prevención y Promoción de la Salud, al tiempo que impulsó nuevas plazas en las ofertas públicas de empleo. “Así hemos conseguido incrementar en un 19% el global de nuestras plazas”, señaló. Madrid ha reconocido además especialidades como Medicina Preventiva y Salud Pública, Psicología, Microbiología y Parasitología y Bioinformática dentro de su cuerpo de técnicos superiores, mientras mantiene abiertas pruebas selectivas para incorporar esos perfiles. “Necesitamos tener las 24 horas del día, los 7 días de la semana, los 365 días del año, equipos fuera del horario laboral preparados para detectar cualquier emergencia y dar una respuesta ágil”, añadió al abordar la equiparación de los módulos de guardia.

Andradas vinculó las prioridades preventivas directamente con la información que proporcionan los sistemas de vigilancia. “Monitorizamos el estado de salud de la población”, explicó, recordando que la vigilancia abarca tanto enfermedades transmisibles como patologías no transmisibles y factores de riesgo. Puso como ejemplo el crecimiento “absolutamente exponencial” de las urgencias hospitalarias por trastornos del comportamiento alimentario detectado durante la pandemia, que llevó a desarrollar programas junto a Educación, centros escolares, familias y unidades asistenciales. También citó el crecimiento de las infecciones de transmisión sexual y el contexto de uso sexualizado de drogas o chemsex en Madrid, ante el que se ha desarrollado un trabajo coordinado con el Servicio Madrileño de Salud, sociedades científicas, ONG y ayuntamientos para prevenir las ITS y el VIH y mejorar los circuitos de cribado.
La responsable madrileña puso especial énfasis en comunicar los resultados de la innovación y la vacunación. “A mí me parece que un tema importante es el ser capaz de explicar los resultados en salud que estamos consiguiendo”, afirmó. Citó como “punto de inflexión” y ejemplo, la introducción de nirsevimab, con la que Madrid consiguió “reducir en más de un 90% los ingresos en los menores de un año por bronquiolitis”, y señaló que la vacunación frente al virus respiratorio sincitial en adultos de residencias permitió una “reducción de más de un 72% de ingresos hospitalarios”. Recordó, además, que el presupuesto de vacunas representa aproximadamente “un 5% del gasto farmacéutico de la Comunidad de Madrid” y concluyó que existe margen para aumentar la inversión si se explican mejor los resultados. Para los próximos años pidió consolidar la organización y las plantillas, avanzar en interoperabilidad, reforzar las competencias normativas de Salud Pública, aprobar la nueva red madrileña de vigilancia y seguir trabajando en la Ley de Salud Pública: “Son elementos que yo creo que nos marcan ahí un camino para seguir avanzando”.
Márquez: “No solamente somos técnicos, sino que también somos políticos”
Yolanda Márquez, directora general de Salud Pública de la Junta de Extremadura, reivindicó el carácter particular de los responsables autonómicos, situados entre la gestión técnica y la decisión política. Recordó que una antigua directora general los había definido como “politécnicos”, un concepto con el que quiso resumir su papel como “nexo de unión entre los grupos de trabajo y la ponencia y nuestros consejeros o nuestras consejeras”. “Es verdad que hacemos también un trabajo técnico, pero también tenemos que ver la parte política”, añadió. Para Márquez, las direcciones generales deben tener presente que “no solamente somos técnicos, sino que también somos políticos”, porque las decisiones deben encajar igualmente en las prioridades del gobierno autonómico, las consejerías y los servicios regionales de salud.
La falta de personal fue una de sus principales preocupaciones. “Las direcciones generales de Salud Pública en cualquiera de las comunidades autónomas adolecemos de necesidad de personal”, afirmó. Márquez subrayó que el problema no se limita a médicos o enfermeras, porque las administraciones necesitan incorporar perfiles como bioestadísticos capaces de analizar toda la información obtenida mediante los sistemas de vigilancia. Extremadura cuenta con la particularidad de que su Dirección General está integrada en el Servicio Extremeño de Salud, lo que facilita participar en comisiones y consejos junto a las direcciones de Primaria y Hospitalaria, aunque ese modelo también presenta dificultades. “Al final no dejamos de ser el patito feo de la salud”, reconoció. La ampliación de tareas agrava la presión: además de la vigilancia epidemiológica, citó la vigilancia entomológica relacionada con el virus del Nilo, el seguimiento animal, las vacunas y la promoción de la salud. “Necesitamos ese personal y hay que buscarlo donde sea”, remarcó.

Márquez coincidió con el resto de responsables en que Salud Pública dispone de una “visión panorámica” de los problemas gracias a sus distintas redes de vigilancia, pero advirtió contra una expansión indiscriminada de sus competencias. Explicó que, por encontrarse dentro del Servicio Extremeño de Salud, cuando aparece un asunto que no corresponde directamente a la asistencia sanitaria existe una tendencia a derivarlo automáticamente hacia Salud Pública. “Tienen que saber verdaderamente que la Salud Pública no es el fondo de saco donde van todos los problemas que no son asistencia sanitaria”, advirtió. La responsable extremeña defendió que esa capacidad transversal debe ir acompañada de una definición clara de funciones y de recursos suficientes para poder asumirlas.
Ante futuras emergencias, Márquez insistió en que estar preparado significa mucho más que acumular material. “Ante una emergencia no es el haber almacenado productos en un almacén que ni siquiera sabe si están caducados”, señaló. La preparación exige planes estratégicos previos, simulacros y análisis de la respuesta obtenida en esos ejercicios: “Hemos aprendido de la COVID-19, sí, por supuesto que hemos aprendido, pero tenemos que seguir manteniendo ese estado de alerta”. Entre sus prioridades futuras situó nuevamente los recursos humanos, un presupuesto acorde con las funciones y la incorporación de profesionales no sanitarios y mejores sistemas de información. Como ejemplo de la digitalización pendiente, recordó que veterinarios y farmacéuticos seguían utilizando actas en papel autocopiativo y calificó esa situación como “arcaico, no, lo siguiente, primitivo”.
Esteban: “Tenemos que medir, evaluar y comunicar”
Antonia Elena Esteban, directora general de Salud Pública del Gobierno de las Islas Baleares, centró una parte importante de su intervención en la dificultad de demostrar el valor de las políticas preventivas. “Creo que en Salud Pública trabajamos muy bien, pero tenemos que comunicar mejor, evaluar lo que hacemos y demostrar a los decisores. Yo siempre digo lo mismo a los que dejan el dinero: somos rentables”, afirmó. La responsable balear señaló que Salud Pública compite presupuestariamente con un sistema asistencial que tiene beneficiarios mucho más visibles. Por ello insistió: “Tenemos que evaluar y comunicar muy bien lo que hacemos”.
Esta necesidad de cambiar el relato aparece también en prevención. Esteban reconoció la preocupación por las infecciones de transmisión sexual y explicó que Baleares ha empezado a redactar un plan específico, aunque pidió no perder de vista problemas como la cronicidad y el envejecimiento. “Tenemos que ser capaces de dirigir la mirada hacia los retos a los que nos enfrentamos”, afirmó. En su opinión, la vacunación y los cribados deben vincularse también al envejecimiento saludable, la prevención de la fragilidad y una mayor calidad de vida, y no solamente a evitar una enfermedad concreta.“Estamos muy enfocados en relacionar medidas preventivas, campañas de vacunación… sobre todo con enfermedad”, señaló antes de reclamar “otra mirada” que permita explicar sus beneficios durante toda la vida.

En materia de cribados, Baleares trabaja en un rediseño de los circuitos de los tres tipos de cáncer incluidos en sus programas. El proceso ha comenzado por el cáncer de mama porque “en cada hospital realmente es una realidad distinta, los plazos son distintos, la atención es distinta…”. El objetivo es estandarizar la atención hospitalaria de los resultados positivos, cumplir los indicadores temporales marcados por el Ministerio y asegurar la equidad. En vacunación, Esteban recordó las dificultades experimentadas al incorporar algunas vacunas y la lentitud derivada de los procedimientos administrativos. “La Administración es muy garantista y muy, muy lenta… cuesta muchísimo”, afirmó. También pidió corresponsabilidad ciudadana ante coberturas vacunales mejorables: “Los recursos son de todos, la inversión es dinero de todos y las vacunas están para poner”. Valoró además positivamente que las vacunas se hayan incorporado a un fondo de contingencia que permite disponer de financiación adicional para ampliar cohortes o introducir nuevas inmunizaciones.
La preparación frente a nuevas emergencias completa buena parte de las prioridades baleares. Estaban explicó que la comunidad participó antes del verano en un ejercicio impulsado por el Ministerio en torno a un supuesto caso hemorrágico, junto con Protección Civil, y que a partir de aquel simulacro comenzó a trabajar en su propio plan de prevención y respuesta. “La COVID-19 nos pilló desprevenidos, pero hicimos lo que pudimos”, recordó. Su conclusión fue tajante: “Una segunda pandemia que llegará o una segunda crisis en Salud Pública no nos tiene que pillar en las mismas condiciones. Tenemos que haber aprendido”. De cara al futuro, Baleares confía en la Agencia Estatal de Salud Pública presentada recientemente como oportunidad para modificar la gobernanza y reducir el trabajo en silos entre consejerías. Su particular “carta a los Reyes Magos” pasa por “cambiar la estructura, invertir en sistemas de información, en inteligencia sanitaria y en recursos humanos con la incorporación de otros perfiles”.
Granda: “El principal reto para todos al final son los recursos humanos”
Cristina Granda, directora general de Salud Pública de la Junta de Castilla y León, situó las plantillas como el principal problema común de las administraciones autonómicas. “Yo creo que el principal reto para todos al final son los recursos humanos”, afirmó, independientemente de que Salud Pública esté integrada en un servicio regional, una agencia, un organismo autónomo o cualquier otro modelo. La prioridad es disponer de “equipos multidisciplinares y estables”, algo difícil cuando Salud Pública compite con la asistencia sanitaria “no solo en los recursos económicos, sino en los recursos profesionales”. Granda señaló que mejorar las condiciones laborales y la promoción profesional exige un trabajo continuado dentro de las consejerías para “poder fidelizar nuestro personal”.
Castilla y León desarrolla además un enfoque One Health que implica directamente a las áreas de agricultura, ganadería y medio ambiente. Granda explicó que esta estrategia se concreta en protocolos y grupos de trabajo específicos para problemas como la influenza aviar, los vectores y la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo. “Todos los años tenemos casos que hay que gestionar”, indicó sobre esta última enfermedad. Su planteamiento consiste en implicar a “farmacéuticos, veterinarios, especialistas en temas ambientales, médicos, enfermería” y mantenerlos coordinados en equipos multidisciplinares. El objetivo compartido, concluyó, es “preservar la salud de nuestra población”.

Los cribados constituyen otra de las áreas que requieren planificación. Granda explicó que Castilla y León tiene plenamente implantados los programas de cáncer de mama y colon y continúa ampliando los rangos de edad, con mama entre los 45 y 74 años y colon hasta los 74. También se están introduciendo innovaciones como la citología líquida en cáncer de cuello uterino y estudiando nuevos cribados mediante pilotos antes de una posible extensión. Lo mismo sucede con el cribado neonatal, que se amplía progresivamente según la evidencia científica y la aparición de nuevos tratamientos. “Es un poco una programación plurianual que necesitamos un diseño a medio plazo”, explicó, porque cualquier ampliación exige calcular presupuesto, capacidad de laboratorio y personal. También subrayó que, aunque Salud Pública diseña y programa, “la cara visible en muchos casos es Atención Primaria” o la atención hospitalaria cuando son necesarias pruebas posteriores.
La misma planificación es necesaria al incorporar nuevas vacunas. “Es complicado. Es un reto incorporar la innovación”, reconoció Granda. El calendario común de vacunaciones e inmunizaciones a lo largo de toda la vida ofrece un marco de referencia, pero cualquier cambio tiene consecuencias presupuestarias, logísticas y de personal. Puso como ejemplo que la adquisición de la vacuna de la COVID-19 directamente por parte de las autonomías limitará el próximo año el margen para otras actuaciones. Su propuesta consiste en avanzar de forma sostenida, “no introducir algo, una novedad y luego ya quedarnos parados”, sino incorporar progresivamente vacunas o nuevas cohortes. En emergencias defendió igualmente que “el papel lo aguanta todo” y que los planes deben ponerse a prueba mediante simulacros, con reservas estratégicas actualizadas y operativas. De cara al futuro resumió sus demandas en “recursos, sistemas de información” y una mayor demanda ciudadana de servicios de Salud Pública que permita hacer visible su impacto y atraer más inversión.
Martínez Ochoa: formación, calidad de los cribados y sistemas interoperables
Eva Martínez Ochoa, directora general de Salud Pública, Consumo y Cuidados del Gobierno de La Rioja, incidió también en la necesidad de reconocer mejor el trabajo y la responsabilidad de los profesionales. En una comunidad pequeña, explicó, las plantillas reducidas obligan a desarrollar numerosas funciones al mismo tiempo. “Puede decirse que los profesionales sanitarios que están en Salud Pública hacen multitarea”, señaló. Son pocos profesionales, muchas veces dedicados a “apagar fuegos”, lo que complica la especialización y el trabajo diario. Además, Salud Pública vuelve a competir con el servicio asistencial y, en ocasiones, recibe profesionales sin preparación específica para las materias que deberán abordar.
La formación aparece, por tanto, como otra prioridad. La Rioja está trabajando en la posible incorporación del diploma de sanidad para disponer de personal sanitario con una base específica en Salud Pública. Martínez admitió que la capacidad para retener profesionales depende cada vez más de las condiciones económicas. “Los profesionales se quedan porque les gusta mucho, pero bueno, yo creo que cada vez prima más la parte económica y los profesionales prefieren ir al servicio de salud”, afirmó. Su apuesta pasa por mejorar la carrera profesional, el reconocimiento y la preparación, aunque los proyectos puedan tener diferente dimensión en función del tamaño de cada comunidad.

En cribados, Martínez reivindicó ante todo la calidad. “No por incorporar más cribados quiere decir que tenemos que tener calidad”, señaló al advertir de que aumentar programas sin asegurar sus circuitos e indicadores no garantiza mejores resultados. La Rioja se encuentra rediseñando procesos y mejorando sus sistemas de información, con una participación ya importante en el cribado de cáncer de mama, pero “mucho margen de mejora en colon” y necesidad de revisar también los circuitos de cérvix. “Tenemos que asegurarnos de que están funcionando, de que los indicadores son los adecuados y de que estamos llegando donde queremos llegar”, explicó.
Martínez defendió asimismo una preparación permanente frente a las emergencias sanitarias. “Tenemos que hacerlo de forma continuada. No podemos esperar a que llegue la crisis. Aunque estemos muy preparados, a veces no sabemos por dónde va a venir o qué es lo que va a suceder”, indicó. La siguiente amenaza puede ser “biológica, química…”, por lo que Salud Pública debe liderar simulacros, revisar reservas estratégicas y mantener una evaluación constante: “No es decir: ‘ya estamos preparados, vamos a esperar‘… Eso no puede ser”. Entre sus grandes necesidades para el futuro situó una reestructuración de recursos humanos y estructurales, mejores sistemas de información y un presupuesto sólido. “Es fundamental tener buenos datos y buenos sistemas de información y interoperables”, afirmó, porque solo así es posible evaluar el impacto de las políticas y demostrar que “la Salud Pública tiene mucho que comunicar” y contribuye a hacer sostenible el conjunto del sistema sanitario. Su última petición fue clara: “Un presupuesto estable y creciente”.
FUENTE: Gaceta Médica


