Investigadores de la Clínica Mayo (Estados Unidos) han descubierto patrones distintos del microbioma intestinal en adultos de 50 años o menos con cáncer colorrectal y de mama en comparación con aquellos diagnosticados más tarde en la vida
Investigadores de la Clínica Mayo (Estados Unidos) han descubierto patrones distintos del microbioma intestinal en adultos de 50 años o menos con cáncer colorrectal y de mama en comparación con aquellos diagnosticados más tarde en la vida, uno de los varios hallazgos de un análisis de muestras de heces de 1.364 pacientes con cáncer de diferentes tipos, etapas y tratamientos.
Los hallazgos, publicados en la revista Cell, provienen de la cohorte del Microbioma Oncológico de la Clínica Mayo, un estudio en condiciones reales que reclutó a pacientes con cáncer en la Clínica Mayo de Arizona, Florida y Minnesota (todas en Estados Unidos), representando a 40 estados.
Los investigadores recolectaron muestras de heces antes de comenzar el tratamiento, que se vincularon con datos clínicos detallados sobre efectos secundarios y resultados. Estas muestras ofrecen una perspectiva del microbioma intestinal, compuesto por billones de microbios que habitan el tracto digestivo.
Así, se compararon a pacientes con cáncer con unas 287 personas sin la enfermedad para identificar diferencias generales en el microbioma. Posteriormente, las comparaciones entre los distintos tipos de cáncer revelaron señales más específicas: tras tener en cuenta otras afecciones de salud, los investigadores identificaron 341 especies bacterianas asociadas a cinco grupos de cáncer.
El estudio apunta a que, entre los pacientes más jóvenes, aquellos con cáncer colorrectal presentaban niveles más altos de lactato y una mayor presencia de Veillonella parvula, una bacteria intestinal que se alimenta del propio lactato. Por su parte, el cáncer de mama de aparición temprana mostró alteraciones en 64 especies bacterianas y niveles más bajos de ácidos biliares primarios.
Asimismo, entre los tumores neuroendocrinos, se mostró una pérdida generalizada de bacterias intestinales comunes asociadas a la salud; los cánceres de hígado y de las vías biliares intrahepáticas presentaron varios niveles elevados de bacterias como Enterococcus faecalis. Por otro lado, el cáncer de esófago mostró niveles elevados de hasta seis especies (Streptococcus, por ejemplo).
La investigación también encontró vínculos distintivos en la leucemia linfoide, el mieloma múltiple y los cánceres de células plasmáticas relacionados.
Según ha explicado el coautor e investigador del microbioma en la Clínica Mayo (Minnesota), Ruben Mars, la investigación permite “acotar la búsqueda a aquellos cambios microbianos que son más específicos de cada tipo de cáncer”.
“Esas son las señales que debemos comprender primero si queremos determinar si el microbioma desempeña un papel causal en el cáncer y, en última instancia, desarrollar intervenciones específicas”, ha asegurado.
Hallazgos que plantean nuevos interrogantes
Los hallazgos de este nuevo estudio coinciden con el aumento de las tasas de cáncer colorrectal y de mama entre los adultos jóvenes: la incidencia del primero de estos está aumentando aproximadamente en un 3% cada año entre los adultos de 20 y 49 años, mientras que la incidencia de cáncer de mama está aumentando un 1,4% anual entre las mujeres menores de 50 años, según recogen los datos de la Sociedad Americana del Cáncer.
Por ello, el hallazgo en el colon y el recto plantea interrogantes sobre una posible conexión biológica: los tumores pueden producir altos niveles de lactaco, que la Veillonella parvula utiliza para crecer. A pesar de esta nueva pista, aun se desconoce si esta relación influye en la aparición temprana de la enfermedad.
Por oro lado, en los casos de cáncer de mama, una de las 64 especies que presentaban diferencias en pacientes más jóvenes era Clostridium scindens, una bacteria implicada en elmetabolismo de los ácidos biliares y los esteroides. Los investigadores no han podido encontrar diferencias comparables en el microbioma relacionadas con la edad en el cáncer cerebral, el tercer tipo de cáncer analizado en el estudio de aparición temprana.
Si bien los hallazgos en el cáncer colorrectal y de mama no demuestran que estas diferencias microbianas o metabólicas causen la aparición temprana de la enfermedad, sí han podido identificar vínculos que justifican estudios adicionales.
Identifican bacterias asociadas a la supervivencia en cánceres
Los investigadores de la universidad estadounidense han podido identificar bacterias intestinales asociadas con la supervivencia en cánceres colorrectorales, de hígado y de las vías biliares intrahepáticas, de melanoma, de ovario y de próstata.
En concreto, la Bifidobacterium longum se asoció con una mayor supervivencia y Blautia aura massiliensis con una menor supervivencia en casos de cáncer de hígado y de las vías biliares intrahepáticas.
Los investigadores también estudiaron si el microbioma intestinal previo al tratamiento estaba asociado con la diarrea durante la quimioterapia, un efecto secundario que puede dificultar la tolerancia al tratamiento.
Entre los pacientes que recibieron 5-fluorouracilo (5-FU), un fármaco quimioterapéutico utilizado para tratar muchos tipos de cáncer, aquellos que posteriormente desarrollaron diarrea presentaban niveles más bajos de genes bacterianos capaces de metabolizar el fármaco.
Gran parte de esta función provenía de Anaerostipes hadrus, una bacteria intestinal común. Esta misma señal no se relacionó con la diarrea en pacientes que recibieron carboplatino, otro fármaco quimioterapéutico, lo que sugiere que el hallazgo fue específico del 5-FU.
En los siguientes pasos, los investigadores estudiarán si las señales microbianas específicas del cáncer desempeñan un papel causal en la enfermedad y validarán el potencial del microbioma para predecir los efectos secundarios del tratamiento en grupos de pacientes más amplios.
La investigación fue financiada en parte por los Institutos Nacionales de Salud y donaciones filantrópicas de la Fundación Valhalla, la Fundación Familiar Maxine & Jack Zarrow y otros benefactores del Programa de Microbioma de la Clínica Mayo y el Centro de Medicina Individualizada.
FUENTE: ConSalud.es


