“En el cáncer de mama, curar más ya no basta: hay que curar mejor”

La Dra. Cristina Arqueros Núñez es una reconocida médica oncóloga española nacida en Barcelona, especializada en el tratamiento y la investigación del cáncer de mama. Obtuvo su licenciatura en Medicina y Cirugía por la Universidad de Barcelona y, posteriormente, completó su formación como especialista en Oncología Médica en el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau en el año 2015. Consolidó su perfil académico al doctorarse con la máxima calificación Cum Laude en la Universitat Autònoma de Barcelona en julio de 2021, defendiendo una tesis doctoral centrada en el impacto del microambiente tumoral en el cáncer de mama HER2-negativo, además de contar con formación de posgrado en Farmacogenética y Medicina Personalizada.

En el ámbito asistencial y profesional, ejerce actualmente como médica adjunta en el Servicio de Oncología Médica y la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau en Barcelona. Combina su labor clínica con la docencia como profesora en la Universitat Autònoma de Barcelona y con la investigación científica en el Instituto de Investigación de Sant Pau (IR Sant Pau). En este último organismo, lidera y colabora en diversos ensayos clínicos internacionales destinados a mejorar la supervivencia y la calidad de vida de las pacientes. Su experiencia la ha llevado a ser un miembro activo del grupo de trabajo de cáncer de mama HER2-positivo de GEICAM (Grupo Español de Investigación en Cáncer de Mama) y a publicar numerosos artículos en revistas de alto impacto médico.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando hablamos de cáncer, ¿qué debemos entender y por qué no podemos hablar de una única enfermedad?

Respuesta.-     El cáncer aparece cuando algunas células de nuestro cuerpo acumulan errores en su ADN y dejan de obedecer las normas: crecen sin control, no mueren cuando deberían y, con el tiempo, pueden invadir otros tejidos. Esa es la idea común, pero a partir de ahí todo cambia según el órgano en el que se origina, el tipo de célula y, sobre todo, las alteraciones moleculares concretas que impulsan a cada tumor.

Por eso hablamos de “los cánceres”, en plural. Un cáncer de mama y uno de pulmón se parecen poco, y dentro del propio cáncer de mama hay enfermedades muy distintas, con pronósticos y tratamientos diferentes. Incluso dos mujeres con un diagnóstico que suena igual pueden tener tumores que se comportan de forma distinta.

Entender esto cambia la conversación. Nos ayuda a dejar de ver el cáncer como una sentencia única e igual para todos, y a entender por qué hoy el tratamiento se decide a medida, según las características del tumor y de la persona.

En el cáncer de mama, ¿por qué es tan importante conocer el subtipo antes de decidir el tratamiento? ¿Se aplica al resto de tumores?

Respuesta.-    Porque el subtipo nos dice qué hace crecer al tumor y, por tanto, cuál es su punto débil. En la biopsia analizamos si las células tienen receptores hormonales (estrógeno y progesterona), si sobreexpresan la proteína HER2 y a qué velocidad se dividen. Con eso distinguimos tres grandes grupos:

  • Hormonosensibles (luminales): son la mayoría, alrededor de siete de cada diez. La hormonoterapia es la base del tratamiento, y en muchos casos podemos evitar la quimioterapia.
  • HER2 positivos: antes eran de los más agresivos. Hoy, gracias a tratamientos dirigidos contra HER2, su pronóstico ha mejorado de forma espectacular.
  • Triple negativos: no tienen ninguna de esas dianas. Se tratan con quimioterapia y, en muchos casos, inmunoterapia.

Si no conocemos el subtipo, corremos dos riesgos: no dar un tratamiento que funcionaría o dar uno que no aporta beneficio y sí efectos secundarios. Además, el orden importa: en algunos subtipos tratamos antes de la cirugía, y la respuesta a ese tratamiento nos ayuda a ajustar lo que viene después.


“Hay cosas que suman a favor y conviene decirlas con claridad. Las principales son reducir el alcohol (cualquier cantidad aumenta el riesgo, aunque sea poco), mantener un peso saludable, sobre todo después de la menopausia, hacer actividad física de forma regular, dar el pecho cuando es posible y se desea, y valorar con el médico el uso prolongado de terapia hormonal en la menopausia. Y, por supuesto, participar en los programas de cribado”

Y sí, esto se aplica cada vez más a otros tumores. En pulmón, colon, melanoma y muchos otros buscamos alteraciones moleculares concretas para elegir terapias dirigidas o inmunoterapia. El cáncer de mama fue pionero, pero hoy es la forma de trabajar en toda la oncología.

¿Qué pueden hacer las mujeres para reducir el riesgo de cáncer de mama y cómo se explican los factores no controlables sin culpabilizar?

Respuesta.-    Hay cosas que suman a favor y conviene decirlas con claridad. Las principales son reducir el alcohol (cualquier cantidad aumenta el riesgo, aunque sea poco), mantener un peso saludable, sobre todo después de la menopausia, hacer actividad física de forma regular, dar el pecho cuando es posible y se desea, y valorar con el médico el uso prolongado de terapia hormonal en la menopausia. Y, por supuesto, participar en los programas de cribado.

Pero hay que ser honestos: los factores más importantes no dependen de nosotras. Ser mujer y cumplir años son los dos grandes factores de riesgo. También influyen la genética, la historia familiar, la densidad de la mama, la edad de la primera regla o de la menopausia. Hay mujeres con hábitos impecables que desarrollan un cáncer de mama, y muchas otras con más factores de riesgo que nunca lo tienen.

Por eso yo hablo de reducir probabilidades, no de garantizar nada. Cuidarse vale la pena porque mejora la salud en general y reduce el riesgo de muchas enfermedades. Pero un diagnóstico de cáncer no es un castigo ni el resultado de haber hecho algo mal. A ninguna paciente le ayuda preguntarse “¿qué hice mal?”. Mi trabajo, y el de los mensajes de prevención, es dar herramientas sin cargar culpas.

¿Qué cambios deberían llevar a consultar sin esperar a la siguiente revisión?

Respuesta.-    Una mamografía normal es una buena noticia, pero refleja cómo estaba la mama ese día. Ninguna prueba es perfecta: en las mamas densas, por ejemplo, la mamografía es menos sensible, y algunos tumores aparecen entre dos revisiones. Por eso conocer el propio cuerpo sigue siendo importante.

Conviene consultar, sin esperar, si a la autoexploración aparecen cambios.

La mayoría de estos cambios no serán un cáncer, y es importante decirlo para no generar alarma. Pero no ignorarlos importa por una razón muy sencilla: cuanto antes se diagnostica un cáncer de mama, más probabilidades hay de curarlo y, a menudo, con tratamientos menos agresivos. Consultar un cambio nunca es exagerar.

 

Descubre a... la Dra. Cristina Arqueros Nuñez en diez preguntas

 

 

 

¿Cuándo se justifica una valoración genética y cómo se distingue una agregación familiar de una predisposición hereditaria?

Respuesta.-    Es una preocupación muy frecuente y comprensible. Lo primero es poner contexto: el cáncer de mama es tan frecuente que muchas familias tendrán varios casos simplemente por azar, por la edad o por compartir hábitos y entorno. Eso es una agregación familiar. Solo una minoría, alrededor del 5-10 % de los casos, se debe a una predisposición hereditaria, es decir, a una alteración genética que se transmite de padres a hijos, como las de los genes BRCA1, BRCA2 o PALB2.

En esos casos se deriva a una unidad de consejo genético, donde se valora la historia familiar completa y se decide si está indicado el estudio. Normalmente se empieza por la persona que ha tenido el cáncer. Además, hoy el estudio genético a veces tiene también una indicación terapéutica, porque algunos tratamientos funcionan especialmente bien en portadoras de determinadas mutaciones.


“Algunas cosas deben plantearse desde el primer día. La fertilidad es el ejemplo más claro: en mujeres jóvenes hay que hablar de ella antes de empezar el tratamiento, porque las opciones de preservación, como vitrificar óvulos, tienen que hacerse antes de la quimioterapia. Y hoy sabemos que, en determinadas situaciones, una mujer puede plantear un embarazo después de un cáncer de mama con seguridad, con el acompañamiento adecuado”

Saberlo permite actuar: seguimiento más intensivo, cirugías preventivas si la mujer lo decide, y estudiar a los familiares. Pero el consejo genético no es solo un análisis; es acompañar a la persona para que entienda qué significa el resultado, para ella y para su familia.

¿Cómo se integran el miedo, la fatiga, la sexualidad, la fertilidad o la imagen corporal, y qué apoyos necesitan las pacientes?

Respuesta.-    Tratamos a mujeres, no a tumores. Y el cáncer de mama irrumpe en todas las esferas de la vida: el trabajo, la pareja, la maternidad, la forma de mirarse al espejo. Si solo nos ocupamos del tumor, dejamos fuera gran parte de lo que la paciente está viviendo.

Algunas cosas deben plantearse desde el primer día. La fertilidad es el ejemplo más claro: en mujeres jóvenes hay que hablar de ella antes de empezar el tratamiento, porque las opciones de preservación, como vitrificar óvulos, tienen que hacerse antes de la quimioterapia. Y hoy sabemos que, en determinadas situaciones, una mujer puede plantear un embarazo después de un cáncer de mama con seguridad, con el acompañamiento adecuado.

La fatiga es real y no es debilidad; el ejercicio físico adaptado es una de las herramientas con más evidencia para combatirla. La sexualidad cambia, sobre todo con la hormonoterapia, y existen soluciones, pero muchas mujeres no lo preguntan si nosotros no abrimos la puerta. La imagen corporal, con la caída del pelo, la cirugía o la reconstrucción, afecta a la identidad, y merece tiempo y opciones.

¿Qué necesitan? Equipos multidisciplinares de verdad: enfermería de práctica avanzada que acompañe el recorrido, psicooncología, fisioterapia, nutrición, unidades de fertilidad, sexología y trabajo social. Y algo que no cuesta dinero: preguntar. Muchas pacientes no hablan de estos temas porque piensan que “no tocan” en la consulta de oncología. Tocan, y mucho.

¿Qué compromisos deberían mantenerse durante el resto del año?

Respuesta.-    Octubre se tiñe de rosa, y eso está bien: la visibilidad salva vidas. Pero el cáncer de mama dura los doce meses del año, y las pacientes también lo viven en marzo o en julio. Yo pediría compromisos concretos:

  • Financiación estable de la investigación, también la académica e independiente, que responde preguntas que la industria no siempre se plantea, como cuándo podemos dar menos tratamiento.
  • Tiempo protegido para los médicos que investigan. Hoy muchos investigamos robándole horas a la consulta o a la familia.
  • Equidad: que el código postal no determine el acceso a un cribado, a un estudio genético o a un fármaco nuevo.
  • Atención integral en el sistema público: psicooncología, fisioterapia y unidades de supervivientes como parte del tratamiento, no como un extra.
  • Visibilidad del cáncer de mama metastásico. Son las grandes olvidadas de las campañas, porque no encajan en el relato de “superarlo”. Necesitan investigación y recursos específicos.
  • Apoyo a la reincorporación laboral y protección frente a la discriminación después del cáncer.

El lazo rosa debería ser un recordatorio de lo que queda por hacer, no solo de lo conseguido.


“Al final, lo que más recuerdan las pacientes no son las cifras que les dimos, sino cómo se sintieron en esa consulta. Acompañar también es tratar”

 

¿Hasta dónde ha llegado la investigación y qué avances veremos en los próximos años?

Respuesta.-    Hemos vivido una transformación enorme. Hoy la gran mayoría de mujeres diagnosticadas en fases iniciales se curan, y en la enfermedad avanzada vivimos más y mejor que hace una década. Eso nos permite hacernos una pregunta que antes era impensable: no solo cómo curar más, sino cómo curar mejor.

En los últimos años hemos aprendido a añadir tratamiento donde hace falta, por ejemplo, con la inmunoterapia en el triple negativo, nuevas terapias dirigidas en tumores hormonales de alto riesgo, los anticuerpos conjugados, que llevan la quimioterapia directamente a la célula tumoral, y fármacos específicos para portadoras de mutaciones BRCA. Y, al mismo tiempo, hemos aprendido a quitar tratamiento donde no aporta: plataformas genómicas que evitan la quimioterapia a muchas mujeres con tumores hormonales, cirugías de la axila menos agresivas o la omisión de radioterapia en algunas pacientes mayores.

Los ensayos que financia CRIS van exactamente en esa línea.

¿Qué veremos en los próximos años? Creo que tres grandes avances:

  • La biopsia líquida: detectar ADN tumoral en sangre para saber quién tiene enfermedad residual invisible y quién está realmente curada, y adaptar el tratamiento en función de eso.
  • Biomarcadores que nos digan a quién tratar y a quién no, como el sistema inmunitario del propio tumor, que es precisamente lo que estudia ETNA.
  • Nuevos fármacos más precisos, con los anticuerpos conjugados avanzando hacia fases iniciales, nuevas hormonoterapias orales y la inteligencia artificial ayudando a leer imágenes y biopsias.

Y algo que no es tecnología, pero es igual de importante: que la calidad de vida se mida como un resultado más de los ensayos, al mismo nivel que la supervivencia. Curar más sigue siendo el objetivo. Curar mejor, también.

¿Qué puede hacer el equipo oncológico en consulta, cuándo ofrecer psicooncología y cómo plantearla para que la paciente la perciba como parte de sus cuidados?

Respuesta.-    El acompañamiento emocional empieza por nosotros, en la consulta. No hace falta ser psicóloga para preguntar “¿cómo estás llevando todo esto?” y esperar de verdad la respuesta. Dar la información de forma clara y en dosis que se puedan asimilar, explicar qué va a pasar, dejar que traigan a alguien de confianza y garantizar que haya una persona de referencia a la que acudir con dudas ya reduce mucho la angustia. La continuidad, ver al mismo equipo, también es terapéutica.

La psicooncología debería ofrecerse de forma sistemática, idealmente con un cribado de malestar emocional desde el diagnóstico, y especialmente en momentos de mayor vulnerabilidad: el diagnóstico, el inicio de tratamientos, el final del tratamiento (que, aunque sorprenda, es un momento de mucha soledad para muchas pacientes), una recaída, o cuando aparecen insomnio, ansiedad persistente, tristeza que no cede o dificultades en la pareja o con los hijos.

Para que no se viva como un estigma, la clave está en cómo lo presentamos. No es “como lo estás llevando mal, te mando al psicólogo”. Es “esto forma parte del tratamiento, igual que la analítica o la fisioterapia; todas las pacientes pueden beneficiarse”. Cuando la psicooncóloga forma parte del equipo, está físicamente cerca y la paciente la conoce pronto, la barrera desaparece.

Cuando una paciente llora, expresa rabia o permanece en silencio, ¿cómo se da espacio a esas emociones sin minimizarlas ni llenar el silencio?

Respuesta.-    Es una de las cosas más difíciles de aprender, porque como médicos estamos entrenados para resolver, y ante el llanto sentimos el impulso de arreglarlo. Pero una emoción no es un problema que haya que solucionar; es una respuesta legítima a algo muy duro.

Lo primero es parar. Dejar de hablar, no mirar el ordenador, ofrecer un pañuelo y esperar. El silencio que a nosotros nos incomoda a ella le está dando tiempo para procesar. Muchas veces la paciente necesita ese espacio antes de poder escuchar nada más.

Lo segundo es nombrar y validar, sin prisas por consolar.

La rabia también hay que recibirla sin tomarla como algo personal. Suele ser miedo con otra cara, o la sensación de injusticia ante algo que no ha elegido. Y el silencio no siempre es calma: a veces es bloqueo. Ahí ayuda preguntar con suavidad, “¿qué es lo que más te preocupa ahora mismo?”, y respetar si no quiere hablar todavía.

Al final, lo que más recuerdan las pacientes no son las cifras que les dimos, sino cómo se sintieron en esa consulta. Acompañar también es tratar.

José Angel Jarne
José Angel Jarne
Miembro de ANISALUD (La Asociación Nacional de Informadores de la Salud), José Ángel Jarne ha sido el responsable de varios gabinetes de prensa del sector de periodismo sanitario (de una asociación de pacientes y director de comunicación de una fundación de investigación de células madre). Durante los últimos años se ha dedicado a la gestión de gabinetes de prensa y la organización de eventos en el ámbito privado. Es el director del portal.

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