El servicio de referencia del Hospital de Los Montalvos registró 546 ingresos y atendió a 607 pacientes en sus domicilios durante 2025. Pero el equipo no solo busca aliviar los síntomas, crea verdaderos vínculos con los pacientes y sus familias: «Nuestra coraza se rompe casi todos los días»
Los cuidados paliativos no consisten únicamente en aliviar el dolor físico de una enfermedad avanzada, ni se limitan a acompañar a una persona durante sus últimos días de vida. Esta firme convicción se convierte en el motor de la Unidad de Cuidados Paliativos de Salamanca, ubicada en el Hospital de Los Montalvos y un referente dentro de la comunidad. Todas las mañanas, sus profesionales valoran cada caso para dar respuesta desde una «mirada integral» al «dolor total» de sus pacientes: el físico, el social, el emocional y el espiritual. Y sorprende hasta dónde llega el equipo para ayudar a pacientes con enfermedades avanzadas en sus últimos momentos de vida. Su profunda humanidad les lleva a ser artífices de momentos tan especiales como el que puede ocurrir este fin de semana.
Un paciente ingresado temía, desde hace días, no llegar al bautizo de una nieta. La preocupación por perderse ese momento familiar se convirtió también en una fuente de sufrimiento que los medicamentos, por sí solos, no podían resolver. Por eso, los profesionales comenzaron a gestionar, el pasado viernes, la posibilidad de celebrar el bautizo en la capilla del complejo sanitario. La iniciativa se planteó a primera hora de la mañana, en una de las sesiones interdisciplinares que el equipo celebra cada día para estudiar las necesidades de sus pacientes y decidir cómo responder a ellas: «Desde que le hemos comunicado al hombre que estaban trabajando para hacer posible ese momento, ha pasado a consumir una tercera parte de los analgésicos que necesitaba anteriormente», aseguran desde la unidad.
Es precisamente esa concepción del sufrimiento la que explica la forma de trabajar de estos profesionales. Porque, en la mayoría de ocasiones, aliviar el dolor no es solo administrar una pastilla o un tratamiento. Según su filosofía, significa también atender una preocupación familiar, resolver una necesidad social o ayudar a que una persona pueda disfrutar de un momento importante de su vida a pesar de sus difíciles circunstancias de salud. La atención está disponible las 24 horas y los 365 días del año.
Más de 1.100 pacientes en 2025
Este servicio tiene su origen en 2004, cuando la antigua ‘Unidad del Dolor’ del Hospital de Los Montalvos se transformó en un nuevo proyecto. Desde entonces, ha evolucionado hasta configurar la estructura asistencial actual. A día de hoy, dispone de una unidad hospitalaria con unas 15 camas y dos equipos de atención domiciliaria, uno para el área urbana de Salamanca y otro para la rural. Cada uno de estos equipos está formado por un médico y una enfermera, que trabajan en coordinación con Atención Primaria para atender a los pacientes que necesitan una intervención especializada.

Durante el pasado año, su alcance creció considerablemente: los equipos domiciliarios atendieron a 607 pacientes y la unidad hospitalaria registró 546 ingresos. Según las estimaciones del jefe del servicio de la Unidad de Cuidados Paliativos de Salamanca, Francisco José Vara, «aproximadamente el 70% de los pacientes atendidos son oncológicos y el 30% presentan otras enfermedades»: «Llegamos al 65% de las personas con necesidades paliativas del área de Salamanca».
A esta estructura se suma un equipo de atención psicosocial integrado por tres psicólogos y dos trabajadores sociales, que cuenta con el apoyo de la Fundación «la Caixa». Sus profesionales atienden las necesidades emocionales y sociales de los pacientes, sus familiares y sus cuidadores, tanto en el hospital como en los domicilios y las residencias.
«La coraza se rompe casi todos los días»
El trabajo con personas que afrontan enfermedades avanzadas y con familias que viven situaciones de gran incertidumbre deja una huella emocional en quienes las acompañan. La formación y la experiencia son fundamentales, pero no impiden que los profesionales establezcan vínculos con sus pacientes ni que sufran cuando estos fallecen: «Por mucho que quieras ponerte una coraza para que no te salpiquen las emociones de los demás, esa coraza se rompe casi todos los días», reconoce Vara.
La manera de afrontar esa situación pasa por el apoyo mutuo y por una forma de trabajar en la que ningún profesional actúa de manera aislada. Las reuniones interdisciplinares permiten compartir las situaciones más complejas, decidir cómo atender a cada paciente y detectar cuándo un compañero necesita ayuda. «Es importantísima una formación impresionante en cuidados paliativos, pero sobre todo el trabajo en equipo y el cuidado de este», señala el responsable del servicio.
Para él, la atención integral exige que los profesionales de distintas disciplinas trabajen de forma coordinada y sitúen las necesidades del paciente por encima de cualquier individualidad. «Para que todo funcione, el equipo tiene que estar por encima de los egos individuales».
La musicoterapia, los talleres de pintura, el arte floral y la realidad virtual son algunos de los recursos que utilizan para acercarse a los pacientes desde otros lenguajes. Actividades que pueden ayudarles a expresar emociones, recuperar recuerdos o volver a contemplar lugares importantes cuando ya no pueden desplazarse hasta ellos. «Hay paciente que quieren ver su casa y les llevamos a ella a través de la tecnología. Y mientras están participando en estos talleres, es mucho más fácil abrirse y contar lo más profundo de ti. Ahí es donde creas el vínculo real con el paciente», explica.
Aunque el servicio permite atender a pacientes con síntomas intensos o situaciones especialmente complejas, el ingreso no siempre es el destino definitivo. Es una vía para que los profesionales puedan controlar los síntomas y resolver las necesidades que hacen necesaria la hospitalización para que, cuando las circunstancias lo permiten, el paciente pueda regresar a casa. La estancia media ronda los siete días.
«Tenemos la firme convicción de que el enfermo donde mejor está es en su domicilio. Pero el enfermo va a estar, si está en programa de cuidados paliativos, donde mejor se encuentre y donde esté mejor cuidado», explica Vara. Por eso, el alta no significa el final de la atención: el seguimiento continúa en casa, tanto desde el punto de vista clínico como psicológico y social.
Para que ese regreso sea posible, el servicio cuenta con recursos como los programas ‘INTecum’ y ‘A gusto en casa’, que ayudan a adaptar las viviendas y a facilitar medios como camas articuladas, sillas de ruedas o grúas. «Nos están ayudando mucho. Es muy importante proporcionar a cada paciente los recursos que necesita para permanecer en su entorno con el mayor bienestar posible», señala Vara.
La atención cobra una dimensión especialmente delicada cuando la enfermedad avanzada llega acompañada de soledad. De ahí nació el programa ‘Final de vida y soledad’, impulsado con el apoyo de la Fundación «la Caixa». La iniciativa se basa en una red de voluntarios seleccionados y formados específicamente en cuidados paliativos, que acompañan a los pacientes en sus domicilios con el respaldo del equipo profesional.
El programa forma parte de una atención que no se limita al paciente, sino que tiene en cuenta también a sus familiares y a las personas de su entorno que ejercen como cuidadores. Cuando no hay familia, ese círculo puede estar formado por vecinos o amigos que ayudan en el día a día. Y cuando llega el fallecimiento, el apoyo tampoco desaparece: los profesionales siguen acompañando a los allegados durante el duelo. «La prevención del duelo complicado, si se hace antes, es mucho más fácil», explica el jefe del servicio.
Su reivindicación: una tercera unidad domiciliaria para responder a la demanda
El crecimiento de las necesidades asistenciales lleva al servicio a reclamar una tercera unidad de cuidados paliativos. Lo hacen coincidiendo con el Día Mundial, que se celebra este 10 de octubre: «Estamos reivindicando otra unidad domiciliaria más de cuidados paliativos, sobre todo para el área periurbana de Salamanca, que está creciendo mucho», afirma Vara.
El equipo, por el momento, seguirá trabajando con la misma filosofía. Tienen claro que hay dolores que también se alivian escuchando, acompañando y haciendo posible aquello que todavía importa.
FUENTE: Salamanca HOY


