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María, Leonor y otras chicas del montón

María y Leonor son dos jóvenes preadolescentes a las que la vida les ha sonreído de forma diferente, pero ambas tienen un denominador común: en sus manos, y en el de otros muchos jóvenes de su generación, está la ingente labor de tejer el futuro de la sociedad y del país en el tocará labrar su futuro y su vida.

Ambas también están unidas geográficamente por una ciudad literaria por excelencia: la Oviedo de Clarín.

Fotografía: @pixabay

María, por su parte, es una joven de catorce años que lo tiene todo. Una familia estructurada, una vida estable y buena, unos estudios que le proporcionan no sólo conocimientos, sino el instinto normal de cual ser humano de su edad de querer descubrir nuevas experiencias en la vida y en el mundo. Esto que, a simple vista parece normal, en el fondo no lo es tanto, porque lleva implícito cierto grado de atrevimiento y de riesgo inconsciente por descubrir nuevos elixires que no sirven de nada, aunque ella crea que sí. Este afán por experimentar nuevas y efímeras pócimas, ya sabemos que no le va a durar. Aguantará tan solo hasta que compruebe, quizás en su propia piel, las consecuencias devastadoras de ciertos manjares, que realmente no lo son tanto.

Su madre, a la que llamaré Sonia, me consta que está preocupada por esta deriva. He escuchado y he compartido sus preocupaciones. Y lo seguiré haciendo. Como madre le preocupa el futuro de María, y también el de su hijo mayor. Pero el foco de atención lo tiene especialmente en María. Su objetivo y su prioridad, preservarla de las debilidades de la edad y de la inocencia por descubrir lo que no debe descubrir. Sonia quiere protegerla de determinados estilos que a su edad podrían ser más peligrosos de lo que la propia María cree, a pesar de que ella piense lo contrario.

Fotografía: @pixabay

María es una chica inteligente, moderna, culta, pero que, como todas las jóvenes (y los jóvenes) de su generación tiene unas ganas inmensas de bucear en nuevos mares, hasta ahora ocultos para ellos. María, como otros muchos jóvenes, cree que por tomar ciertas decisiones o por tener catorce años, ya es adulta. Pero la realidad es otra. Sonia lo sabe, y aunque intenta explicárselo millones de veces, creo que María no lo ve, y esto que parece normal, no lo es, si observamos ciertos riesgos que intenta asumir en ocasiones cobijada en el paraguas de la inconsciencia y del atrevimiento más inocente y más ingenuo a la vez.

Afortunadamente mi amiga Sonia y María, su hija, no son un caso aislado. Sonia y María hay muchísimas en España. Jóvenes que creen que el descubrimiento de nuevos ‘manjares’ les va a convertir en adultos; y madres (y padres) que, conscientes de las miles de aristas punzantes que a diario nos presenta la vida, se dejan la piel para preservarlos, y evitar que esas aristas pinchen en la piel y en el corazón de sus hijos (e hijas).

Por su parte, Leonor es una joven de quince años, que en la actualidad vive fuera de España pero que durante tres días ha visitado Asturias. Leonor está destinada a ocupar la Más Alta Magistratura del Estado en España. Quizás por esta condición, su formación sea diferente a la de María y a la de otros muchos jóvenes de su generación, pero eso no es obstáculo para que, al verla actuar, vea una similitud tremenda entre ambas: María y Leonor son el futuro. En sus manos, bajo sus espaldas y cimentado sobre su formación, está el futuro de nuestra sociedad. Su generación está condenada a llevar las riendas de la sociedad en un futuro más o menos próximo.

Fotografía: @pixabay

Por eso resulta tan importante formar a nuestros jóvenes en valores. María y Leonor -cada una en su estilo- son jóvenes que se están preparando y formando para coger el timón de la sociedad. Pero no vale exclusivamente con formarlos, y llenarles las paredes de sus respectivos hogares de títulos y diplomas formativos. Hay que educarlos en valores.

Si queremos dejar una sociedad sólida, cohesionada, y alejada de fantasmas que sólo conducen a la discordia, necesitamos jóvenes como María o Leonor, que quieren comerse el mundo; jóvenes formados y cultos; jóvenes con valores, que prioricen lo urgente de lo importante; jóvenes que apuesten por una sociedad mejor; jóvenes con luces largas que miren hacía el futuro sin olvidarse del pasado; de todo el esfuerzo de sus padres y de sus abuelos por el legado transmitido; jóvenes asentados en el mundo de la investigación y de la tecnología que abren las puertas a un horizonte más prometedor que ya está aquí.

María, Leonor, y su generación son el futuro. Apostemos por ellas. No nos defraudarán. Es una inversión segura.

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