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100 años leyendo juntos

Si hablamos de héroes en épocas de crisis, es evidente que los autónomos ocupan un puesto de honor. Cuando vienen mal dadas hay que ser muy valientes para subir a diario la persiana. Más aún siendo consciente de que las cosas están yendo francamente mal.

Fotografía: @pixabay

Pero siguen ahí, y pelean y pelean, y vuelven a pelear, que diría Luis Aragonés.

En esto de pelear, de abrir la persiana con dificultades, de no saber cómo se llegará a fin de mes saben mucho los libreros. Ese ejército de titanes que, a diario, dan lo mejor de ellos mismos, por otro ejército: el de los lectores, y el del propio sector del libro. Un sector que merece respeto, comprensión y fidelidad.

Estamos muy acostumbrados a las librerías pequeñas, integradas en el comercio de proximidad. Esos pequeños comercios en los que librero y lector forman un tándem indestructible.  Esas librerías en las que el librero no sólo es un librero. En muchos casos se transforma en cómplice, amigo, aliado… del lector. Conoce sus gustos, su entorno, y hasta su  propia vida. Y esto tiene un valor incalculable. Desde un punto de vista social. También desde un punto de vista económico.

Fotografía: @pixabay

Por estos motivos y otros muchos hay que apoyar las pequeñas librerías de barrios, porque son el pulmón económico y social de muchas ciudades.

Pero tampoco perdamos de vista las grandes cadenas de librerías (sean propiedad de quién sean). Son grandes nichos de empleo. Para seguir: son puntos de referencia en el sector cultural y, especialmente en el sector del libro. Para proseguir: con la que está cayendo son relatos vivos de cientos y cientos de autores de verdad (no de los de palanganeos y baratijas) que se merecen un respeto por crear.

Una librería que acaba de cumplir 100 años es la mítica Casa del Libro en la Gran Vía madrileña; testigo impertérrita de la Historia de Madrid y de España.

Fotografía: @casadellibro

En realidad resulta difícil, a primera vista, encontrarse frente a una librería de grandes dimensiones con el color verde colonizando el escaparate y no pensar que se trata de la Casa del Libro. Hoy, la cadena de librerías del Grupo Planeta cuenta con una red de librerías que se acerca a los 150 establecimientos repartidos por toda la geografía nacional.

Un libro es un punto de encuentro, de unión. Un mismo espejo en el que se pueden mirar dos, tres y cien mil personas diferentes y que cada una saque tantas conclusiones como estados de ánimo atraviese en su lectura. Es un objeto fiel. Pasa el tiempo y ahí sigue para ofrecerte las mismas palabras de antaño, aunque ahora, la última vez que te entregas a su universo, lo abordes desde una perspectiva completamente opuesta. Un libro no falla.

Será por ello que un hombre que vio mundo, mucho mundo, como Sir Francis Burton (1821-1890) encontró su patria en las páginas. ¿Cuál es su hogar?, le preguntó al inglés, ya en el final de su vida, un periodista. No dudó en la respuesta: «Siempre, donde están mis libros». Escritor y explorador incansable, su carrera de diplomático le había llevado a residir en tres continentes distintos y a tener vivienda en cuatro ciudades europeas. Sin embargo, su casa, su refugio, estaba en los textos; y es que, cuentan las crónicas, tanto viaje desde pequeño le provocó una crisis de identidad que burló entre historias propias y de otros.

Fotografía: @elespanolcom

Fue esta la anécdota que empleó, en la tarde noche del pasado jueves día 30, el presidente de los Grupos Planeta y Atresmedia, José Creuheras, para poner en valor el peso de los libros. La ocasión lo merecía: el centenario de la Casa del Libro. Un evento para el que el Salón de Baile del Círculo de Bellas Artes se vestía de gala. La bóveda acristalada y las dos docenas de columnas dóricas de mármol abrazaban a Sus Majestades los Reyes de España a su llegada. Fue con la presencia de Don Felipe y Doña Letizia cuando dio comienzo un acto en el que, por supuesto, no faltaron los culpables de abastecer de historias todas esas estanterías de la Casa del Libro durante cien años: Nativel Preciado, Javier Sierra, Reyes Monforte, Julia Navarro, Fernando Benzo, Espido Freire, Sergio Vila-Sanjuan…

La Casa del Libro de la entonces conocida como avenida de Pi y Margall se convertía en testigo directo de los acontecimientos de la historia y en un lugar «destacado» en el mundo de la «cultura y el entretenimiento», apuntaba el director; sobre todo, en nexo entre autores y público. «Fue la vocación con la que nacimos y con la que seguimos» señaló Javier Arrevola, director de la Casa del Libro. Un «ADN inmutable» en el que se mantienen los valores de la fundación: «Pasión por los libros, creatividad, cercanía y compromiso».

Fotografía: @casadellibro

Principios que le han permitido ser hoy la «única propuesta especializada» consolidada y contar con una plataforma digital que compite de tú a tú con las multinacionales en España e Hispanoamérica. «Estamos en el mejor momento de nuestra historia», destacaba un Javier Arrevola que también aportaba datos: «Uno de cada cinco libros que se adquieren en España, se compran en la Casa del Libro». Y todo, «a pesar de las dificultades que hemos pasado en los últimos años, la irrupción de las grandes plataformas y el abuso de lo inmediato».

Estas palabras encierran el valor de las librerías y de los libros. Las librerías no tendrían sentido sin los libros. Los libros sin los lectores. Los lectores son una parte esencial de la sociedad. Por tanto, es evidente la importancia de las librerías y de lo que la sociedad las necesita. Pero da igual que sean grandes, pequeñas o medianas. Lo importante es viajar a través de esas historias los libros.

Qué una librería cumpla 100 años es motivo de alegría. Soy consciente que no habrá sido un camino fácil (aunque alguno piense lo contrario). Pero lo han conseguido. Ello es motivo de alegría para todos. Igual que tiene que alegrarnos el hecho de que una pequeña librería de barrio consiga un hito. En definitiva, que el sector del libro (el de verdad, el comprometido, el serio y riguroso) prospere nos tiene que llenar de satisfacción. Es la verdadera esencia de hacer las cosas bien. Y por desgracia no siempre se hacen bien. Pero Casa del Libro lo hizo. Ahí está el resultado.

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