La semana pasada la ciudad de Bilbao acogió el Congreso SEC24 de la Salud Cardiovascular. En ese marco se presentó un estudio que ofreció unas cifras que deben llevarnos a una importante reflexión. 3 de cada 10 pacientes no toman la medicación prescrita al año de haber sufrido un infarto agudo de miocardio. Ante estos datos, la Sociedad Española de Cardiología ha sido concluyente. Subraya que no cumplir con el tratamiento tras un evento de este tipo puede incrementar el riesgo de complicaciones cardiovasculares y de muerte, así como de reingresos hospitalarios.
Cuando un paciente sufre un infarto agudo de miocardio, se le prescriben diferentes tipos de fármacos con el objetivo de evitar que ocurra un nuevo evento cardiovascular. Por ejemplo, fármacos para reducir el colesterol total y el conocido como colesterol “malo” (LDL), para evitar la formación de nuevos trombos en las arterias del corazón o para el control de la presión arterial y/o la frecuencia cardiaca.
Este trabajo viene de la mano de un grupo de investigadores del Hospital Universitario 12 de Octubre, la Universidad Complutense de Madrid y el Centro Español de Investigación Farmacoepidemiológica. Ha basado sus conclusiones en los cálculos del número de fármacos retirados en farmacia por los pacientes, observando que los pacientes toman más algunos grupos de fármacos que otros.
«De acuerdo con nuestros datos, los pacientes son más adherentes a las estatinas (fármacos para bajar el colesterol) que a aquellos que impiden la formación de nuevos trombos, como el ácido acetilsalicílico», explica Guillermo Moreno Muñoz, primer firmante del estudio. Las diferencias en la adherencia a los distintos fármacos pueden ser debidas a la aparición de diferentes efectos adversos, que pueden ser más o menos molestos para los pacientes, como la aparición de dolor muscular en el caso de las estatinas, o la aparición de sangrados superficiales, como hematomas o sangrados de encías, en el caso del ácido acetilsalicílico. «En cualquier caso, es necesario que hagamos estudios de naturaleza cualitativa para tener información real de los verdaderos motivos que empujan a los pacientes a no tomar la medicación», puntualiza Guillermo Moreno.
Diferencias por sexo
Por sexos, el estudio ha encontrado que la adherencia a fármacos en las mujeres con infarto agudo de miocardio oscila entre el 63,8% y el 83,1%, mientras que en hombres se encuentra entre un 50,3% y un 79,2%. No obstante, el primer firmante del trabajo indica que la muestra estaba primordialmente constituida por hombres, por lo que estas diferencias no son estadísticamente significativas por una falta de representación de las mujeres.

En este sentido, la SEC tiene en marcha a través de su Agencia de Investigación (AISEC) el estudio GENAMI, liderado por el doctor Héctor Bueno. «El objetivo de este estudio es evaluar si existen diferencias entre mujeres y hombres en el nivel de adherencia a los tratamientos farmacológicos y no farmacológicos en pacientes que han sufrido un infarto agudo de miocardio, tomando en consideración los factores biológicos, farmacológicos y sociales (socioeconómicos, culturales o de género) de las personas y analizando la posible influencia que éstos puedan tener», detalla el doctor Bueno.
«El estudio GENAMI nos permitirá confirmar o refutar nuestros datos en una población más amplia y representativa de la población española, con una participación 1:1 de mujeres y hombres y nos dará información adicional más precisa para conocer las diferencias por sexo en la adherencia al tratamiento», añade por su parte Guillermo Moreno.
Impacto en el pronóstico
La Sociedad Española de Cardiología habla claro con respecto al tratamiento. Recuerda que la falta de adherencia al tratamiento tiene un importante impacto en el pronóstico, ya que puede incrementar el riesgo de muerte, de complicaciones cardiovasculares y de reingresos hospitalarios.
De hecho, algunos estudios han observado un incremento de entre el 12% y el 25% de mortalidad por el incumplimiento terapéutico de las estatinas, o un incremento del 56% del riesgo de mortalidad por el incumplimiento de un tipo concreto de fármacos antihipertensivos, los IECAs/Ara-II.
Los autores del trabajo recuerdan que sin adherencia no hay eficacia terapéutica y apuestan por la educación de calidad para el paciente que permita mejorar el cumplimiento del tratamiento.
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