Así impacta el frío en pacientes crónicos y vulnerables: “El invierno supone un periodo crítico”

Los expertos recuerdan la necesidad de extremar la precaución ante las bajas temperaturas que pueden irritar las vías respiratorias, elevar la presión arterial, debilitar el sistema inmune y desencadenar complicaciones graves en personas vulnerables

 

 

El descenso acusado de las temperaturas marca cada invierno un aumento previsible de complicaciones de salud, especialmente en personas mayores, pacientes crónicos y población vulnerable. Lejos de limitarse a episodios extremos de hipotermia o congelación, el impacto del frío sobre el organismo es profundo y multifactorial. Según la evidencia recogida por el Ministerio de Sanidad, las bajas temperaturas actúan como un desencadenante de infecciones, agravan patologías crónicas y aumentan la vulnerabilidad ante accidentes y lesiones.

“El aire frío y seco puede irritar las vías respiratorias, aumentando la inflamación y el riesgo de infecciones respiratorias”, explica el Dr. Alberto Kramer, especialista en atención primaria y urgencias, y coordinador del Grupo de Trabajo de Urgencias de SEMERGEN en declaraciones a ConSalud.es. El experto subraya que este efecto es especialmente crítico en pacientes con EPOC.

Las enfermedades respiratorias constituyen uno de los principales focos de riesgo. El frío reduce la capacidad defensiva del organismo y facilita la circulación de virus como la gripe, mientras que el aire seco irrita el revestimiento de las vías respiratorias y puede provocar broncoespasmos. En pacientes con EPOC, esta combinación incrementa la probabilidad de exacerbaciones, dificulta la respiración y aumenta el riesgo de ingresos hospitalarios durante los meses más fríos.

Además, el frío induce vasoconstricción, un mecanismo de defensa por el que los vasos sanguíneos se contraen para preservar el calor corporal. Este proceso eleva la presión arterial y aumenta la carga sobre el corazón. “La vasoconstricción obliga al corazón a trabajar más, lo que puede desencadenar eventos graves como angina, infartos o arritmias”, advierte el Dr. Kramer, señalando que el invierno supone un periodo crítico para personas con hipertensión, insuficiencia cardíaca o antecedentes cardiovasculares.

La menor perfusión sanguínea a las extremidades aumenta el riesgo de lesiones por frío en situaciones extremas, como congelación en dedos, orejas o nariz. Aunque estos casos representan una pequeña proporción del total, las consecuencias pueden ser graves, desde pérdida de sensibilidad hasta lesiones permanentes.

El impacto del frío no se limita al sistema cardiovascular y respiratorio. La exposición prolongada a bajas temperaturas puede debilitar el sistema inmunológico, aumentar la fatiga y elevar el metabolismo basal debido a la activación de mecanismos de generación de calor como el temblor. “Este aumento del consumo energético puede debilitar a personas con enfermedades crónicas, desnutrición o edad avanzada”, añade el Dr. Kramer, alertando de que el desequilibrio entre la producción y la pérdida de calor puede derivar en hipotermia si no se corrige a tiempo.

La hipotermia, identificada como “T-68” en la clasificación internacional de enfermedades, ocurre cuando el cuerpo pierde calor más rápido del que puede generarlo. Sus síntomas abarcan desde temblores y agotamiento hasta confusión o dificultad para hablar, y pueden afectar a la capacidad de pensar y moverse con normalidad. En población infantil, los signos de alarma incluyen falta de energía y piel fría y enrojecida. Sin atención precoz, este cuadro puede comprometer la función cerebral y poner en riesgo la vida.

Otro riesgo derivado de la exposición al frío es la congelación, causada por temperaturas bajo el punto de congelación. Las señales incluyen adormecimiento, piel entumecida y firme o de aspecto blanco o amarillento, y pérdida de sensibilidad. La intervención rápida es clave: evitar caminar si hay lesiones en los pies, aplicar calor corporal o sumergir la zona lesionada en agua tibia para evitar daños mayores.

A nivel psicológico y neurológico, las bajas temperaturas se asocian con un aumento en diagnósticos de depresión, ansiedad y esquizofrenia, así como con complicaciones durante la gestación. La combinación de factores biológicos, ambientales y conductuales en invierno amplifica la vulnerabilidad de estos colectivos.

Más frío, más accidentes

El frío también incrementa el riesgo de accidentes indirectos: caídas por placas de hielo, siniestros de tráfico y episodios de intoxicación por monóxido de carbono o incendios domésticos debido al uso de braseros o estufas. Estos eventos, aunque no son patologías propiamente dichas, sí contribuyen al aumento de la carga asistencial en los meses de invierno.

Los expertos recuerdan que conocer cómo afecta el frío al organismo y reconocer los primeros signos de alerta es esencial para reducir complicaciones y proteger a los colectivos más sensibles durante los meses de bajas temperaturas. “Cuando la temperatura baja, todos los sistemas del cuerpo se adaptan para conservar calor, pero este esfuerzo añadido puede resultar peligroso en personas vulnerables”, concluye el Dr. Kramer, destacando la importancia de extremar la prevención.

 

 

Noticia publicada en ConSalud.es el día 12 de diciembre de 2025

 

 

 

 


Recibe cada semana las claves de salud, sanidad y ciencia

Deja tu comentario

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

spot_imgspot_imgspot_img

Articulos relacionados

Síguenos...

60FansMe gusta
8SeguidoresSeguir
16SeguidoresSeguir
1SuscriptoresSuscribirte

Últimas entradas

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Puedes visitar nuestra página de privacidad y cookies en Politica de Privacidad