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El hematólogo, clave para entender y tratar la pérdida gestacional recurrente, y la trombocitopenia neonatal y pediátrica

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Pilar Llamas
  • La pérdida gestacional recurrente sigue siendo un reto clínico complejo, donde la participación del hematólogo es determinante para identificar causas tratables y evitar intervenciones innecesarias

  • En los recién nacidos, el manejo de la trombocitopenia está cambiando tras demostrarse que las transfusiones liberales pueden incrementar las complicaciones

  • En la infancia, los avances en el campo del diagnóstico genético están transformando la forma de identificar las trombocitopenias constitucionales y diferenciarlas de las formas adquiridas

Madrid, 24 de noviembre de 2025 – La Sociedad Española de Trombosis y Hemostasia (SETH) ha acogido, en el marco del XX Curso de Formación Continuada en Trombosis y Hemostasia, una mesa dedicada a “Hematología pediátrica y obstétrica”, en la que se ha puesto de manifiesto la importancia del hematólogo en el diagnóstico y manejo de situaciones clínicas concretas que afectan tanto a la salud materna como a la de los recién nacidos y niños.

La sesión abordó tres grandes bloques: la pérdida gestacional recurrente, la trombocitopenia neonatal y la trombocitopenia pediátrica, tres escenarios donde la colaboración multidisciplinar resulta determinante para orientar el diagnóstico y optimizar los tratamientos.

Pérdida gestacional recurrente: cuándo consultar al hematólogo

“La pérdida gestacional recurrente (PGR), también conocida como aborto recurrente, afecta entre el 1 % y el 5 % de las mujeres en edad fértil y continúa siendo uno de los retos asistenciales más complejos por su naturaleza multifactorial”, tal como explica Pilar Llamas, hematóloga del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, Madrid.

Aunque inicialmente su abordaje corresponde a un equipo de Ginecología especializado en este campo, la especialista subraya que “la consulta con el servicio de Hematología es imprescindible cuando se descartan causas ginecológicas habituales, existen alteraciones en pruebas de coagulación, trombocitopenia o anemia, hay antecedentes personales o familiares de trombosis o diagnóstico previo de trombofilia, o se sospecha síndrome antifosfolípido obstétrico, una de las pocas causas tratables de PGR”.

Sobre las pruebas de trombofilia indicadas, la doctora Llamas reconoce que “existe debate sobre la extensión de las pruebas de laboratorio y las guías difieren en sus recomendaciones”. Respecto a la trombofilia adquirida, el síndrome antifosfolípido (SAF) es la causa tratable más relevante asociada a la PGR. Algunas guías recomiendan iniciar el cribado de anticuerpos antifosfolípido tras dos o tres abortos, en casos con sospecha clínica de SAF. “En este sentido, es fundamental correlacionar los criterios clínicos y de laboratorio para establecer un diagnóstico certero, que permita administrar el tratamiento antitrombótico adecuado”.

Respecto a la trombofilia hereditaria, la evidencia actual desaconseja el cribado rutinario, ya que no existe una relación clara con el aborto recurrente ni un beneficio probado del tratamiento anticoagulante. Su estudio debería reservarse para casos con antecedentes de tromboembolismo venoso o trombofilia familiar conocida.

La doctora Llamas insiste en que la implicación del hematólogo resulta “clave para evitar tratamientos innecesarios y unificar criterios”, especialmente en un contexto donde la indicación de pruebas de trombofilia sigue siendo muy heterogénea.

En los últimos años, las sociedades científicas han avanzado en la elaboración de guías de práctica clínica consensuadas, destinadas a unificar criterios y promover la educación médica continua. Por ejemplo, “desde la SETH, hemos impulsado la creación de un grupo de trabajo multidisciplinar para analizar el papel de la terapia antitrombótica y la trombofilia en los problemas reproductivos. Su objetivo es elaborar un documento que refleje la evidencia científica disponible y el consenso alcanzado entre las distintas sociedades implicadas, cuya publicación se espera para el próximo año”.

Trombocitopenia neonatal: un abordaje más preciso y menos intervencionista

La trombocitopenia neonatal es un hallazgo frecuente en el neonato ingresado, con prevalencias que oscilan entre el 1 % y el 5 % de los neonatos y hasta el 70–80 % en prematuros con peso inferior a 1Kg. Según explica María Falcón, hematóloga del Complejo Hospitalario Universitario Insular-Materno Infantil, Las Palmas de Gran Canaria, “las causas varían según la edad gestacional. En recién nacidos a término, la más habitual es la trombocitopenia aloinmune, y en bebés prematuros, predomina la hipoxia fetal crónica por insuficiencia placentaria”.

Uno de los cambios más relevantes en los últimos años deriva del estudio PLANET-2, que demostró que las transfusiones liberales de plaquetas tenían un impacto negativo a corto y largo plazo en el neonato. Como consecuencia, “las guías actuales recomiendan umbrales de transfusión más restrictivos, adaptados a la edad gestacional y a los riesgos asociados”, subraya la doctora. Falcón.

Entre los retos actuales destaca la necesidad de herramientas que permitan distinguir neonatos con alto riesgo hemorrágico de aquellos con riesgo bajo, lo que evitaría transfusiones innecesarias y sus potenciales efectos adversos. Además, la búsqueda de alternativas terapéuticas a la transfusión es clave para avanzar en la seguridad de estos pacientes.

La especialista pone en valor la importancia de un enfoque multidisciplinar entre Neonatología, Pediatría y Hematología, así como la relevancia de la formación continuada: “Muchos hematólogos se encuentran con estas patologías de forma ocasional en su práctica clínica y necesitan actualización constante”.

Trombocitopenia pediátrica: diagnosticar bien para tratar adecuadamente

Por su parte, Rubén Berrueco, hematólogo pediátrico del Hospital Sant Joan de Déu, en Barcelona, recuerda que “la trombocitopenia en niños es un hallazgo frecuente y, a menudo transitorio, pero que, en algunos casos, requiere una atención específica”. La trombocitopenia inmune (PTI), con una incidencia aproximada de 1 caso por cada 10.000 niños al año, es una causa frecuente de trombocitopenia adquirida, especialmente entre los 2 y los 4 años. En cambio, la trombocitopenia constitucional es mucho menos frecuente.

El diagnóstico diferencial de la trombocitopenia en la edad pediátrica incluye las infecciones (virales o bacterianas), efectos secundarios de fármacos (quimioterapia o anticonvulsivos), enfermedades hematológicas (leucemia o aplasia medular), o trastornos congénitos y enfermedades autoinmunes, entre otros.

Por otra parte, los avances recientes incluyen una mejora sustancial en el diagnóstico genético de las trombocitopenias constitucionales, gracias a paneles de genes más rápidos, precisos y accesibles. No obstante, “el gran reto sigue siendo diferenciar las trombocitopenias constitucionales de las adquiridas y transitorias”, afirma.

El doctor Berrueco insiste en un mensaje clave: “No todo recuento plaquetar bajo en niños es una PTI”, subrayando la necesidad de una correcta orientación diagnóstica para evitar tratamientos innecesarios. Una vez más, “la colaboración entre pediatras y hematólogos es esencial para garantizar un manejo individualizado”.

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