Aunque el ideal sería poder emplear la Clasificación Internacional de Trastornos del Dolor de Cabeza, en la práctica clínica no se utiliza
Las cefaleas continúan siendo uno de los grandes desafíos de la salud pública mundial. Solo en 2023, según el último informe de ‘The Lancet’ sobre la carga global de los trastornos de dolor de cabeza, 2.900 millones de personas se vieron afectadas por cefaleas, lo que equivale al 34,6% de la población mundial. Solo la migraña supuso casi 488 YLD (años vividos con discapacidad) por cada 100.000 habitantes, manteniendo una prevalencia estable en las últimas tres décadas.
El estudio, elaborado en el marco del ‘Global Burden of Disease’, subraya además que el impacto es desigual entre hombres y mujeres: las mujeres duplican las tasas de YLD, alcanzando 739,9 frente a los 346,1 de los hombres. Una parte significativa de este peso se debe al uso excesivo de medicación: más del 58% de los YLD asociados a cefalea tensional en hombres –y el 56% en mujeres– se relacionan con este mal uso, que también afecta a migrañas en menor medida. El informe insiste en que gran parte de esta carga podría evitarse mediante educación pública y un diagnóstico adecuado.
En España, los datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN) también confirman este alcance de las cefaleas. Hasta un 99% de las mujeres y un 89% de los hombres han sufrido dolor de cabeza alguna vez en su vida. Más del 74% de la población ha padecido una cefalea primaria, el tipo más frecuente, y el 4% vive con una cefalea primaria crónica, es decir, más de 15 días de dolor al mes. Y, sin embargo, el diagnóstico sigue siendo tardío: una persona con migraña tarda de media siete años en recibir diagnóstico.
Ante este escenario, el Dr. Roberto Belvís, coordinador del Grupo de Estudio de Cefaleas de la SEN, explica en ConSalud.es el papel clave —y aún insuficiente— de la Clasificación Internacional de Trastornos del Dolor de Cabeza. “Es un consenso mundial, publicado por la Sociedad Internacional de Cefaleas, cuya tercera edición está actualmente en vigor”, señala. Aunque nació pensado para su empleo la asistencia, reconoce que su uso real está lejos del ideal: “En investigación se aplica siempre, pero en la práctica clínica no”.
FORMACIÓN E INTERÉS EN EL ABORDAJE DE LAS CEFALEAS
El problema es especialmente evidente en atención primaria, que concentra la mayoría de los casos. “Los expertos en cefaleas no vemos ni al 10% de los pacientes. El 90% lo ven médicos generales y, según un estudio de la OMS, menos del 40% conoce los criterios diagnósticos, lo cual es trágico”, lamenta el neurólogo.
Para el Dr. Belvís, la primera clave para mejorar esta situación es la formación y “lo segundo es el interés. Hay profesionales que conocen criterios de enfermedades raras y, sin embargo, no se saben los de la migraña, que es la segunda enfermedad más frecuente del mundo después de la caries”, puntualiza. Una paradoja que, en palabras del experto, impacta directamente en la calidad de vida de quienes sufren estos trastornos.
El neurólogo insiste en que tratar a estos pacientes a tiempo evita la cronificación y, sin embargo, esto no siempre ocurre. “Cuando los pacientes llegan a los expertos, muchas veces ya están cronificados, y entonces los tratamientos no son igual de buenos ni de rápidos”, indica el neurólogo.
ENCONTRAR UN BIOMARCADOR, EL FUTURO EN EL DIAGNÓSTICO DE MIGRAÑA
En cuanto al diagnóstico, el Dr. Belvís recuerda que sigue siendo estrictamente clínico. “No tenemos biomarcadores: no hay nada que se vea en una resonancia, un TAC o un análisis para diagnosticar una migraña o una cefalea tensional”, subraya. Las pruebas de imagen solo se solicitan para descartar cefaleas secundarias, relacionadas con otras patologías. La distinción entre primarias y secundarias está bien integrada entre los médicos, gracias a los signos de alarma, pero falta penetración de los criterios para clasificar las primarias.
Aun así, los diagnósticos “probables” solo son frecuentes cuando el profesional no domina esta clasificación. “Cuando alguien conoce la clasificación, hace diagnósticos definitivos. Yo, después de más de 20 años, diagnósticos probables hago muy pocos”, afirma el experto. La confirmación absoluta llegará el día que exista un biomarcador, algo que —aunque todavía lejano— ya tiene un candidato.
Se trata del CGRP (péptido relacionado con el gen de la calcitonina), una molécula cuya relevancia en la migraña está ampliamente demostrada. “Se eleva durante el ataque de migraña y se normaliza al desaparecer el dolor”, explica el doctor. En la migraña crónica permanece elevado y baja cuando el paciente mejora con tratamiento. Incluso se ha comprobado su papel causal: “Si lo inyectas, produces una migraña, incluso en personas que nunca la han tenido”, enfatiza el experto.
El problema, por ahora, es que medirlo es técnicamente complejo y muy costoso: la muestra debe procesarse de inmediato, algo difícil de implementar en laboratorios convencionales. “Hasta que no se pueda analizar sin esa inmediatez, no será viable como biomarcador diagnóstico, pero es la molécula que tiene más números para serlo”, concluye el neurólogo.


