“Fumar se asocia con el ronquido y la apnea del sueño, especialmente en combinación con obesidad y consumo de alcohol”

La doctora Alexandra Vañes Baños es Licenciada en Medicina por la Universidad Miguel Hernandez. Especialista en Medicina familiar y comunitaria Hospital Sant Joan d´Alacant. También es Especialista en Neumología- Hospital Sant Joan d´Alacant, y es Experta Universitaria en Nutrición Clínica por la Universidad Europea.

Actualmente es la directora médica de Linde Médica España.

 

 

 

 

Hace pocos días se anunció por parte del Ministerio de Consumo que un próximo decreto obligaría a eliminar los alimentos ultraprocesados de los menús infantiles en hospitales. ¿Qué nos puede contar al respecto?

Respuesta.- El Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 ha anunciado un Real Decreto sobre alimentación saludable en hospitales y residencias, que incluirá la retirada de los alimentos ultraprocesados de los menús de niñas, niños y adolescentes ingresados en hospitales, así como de los menús infantiles de cafeterías y comedores abiertos al público en estos centros.

“No tiene sentido recomendar en consulta una dieta saludable y, al mismo tiempo, ofrecer ultraprocesados en un hospital pediátrico”

En la práctica significa que snacks, bollería industrial, refrescos azucarados, galletas y otros productos industrialmente complejos, con altos niveles de sal, azúcar o grasas saturadas, dejarán de formar parte del menú pediátrico hospitalario. Esta medida sigue la estela del Real Decreto de comedores escolares aprobado en abril de este año, que ya introdujo criterios nutricionales estrictos en colegios e institutos.

Desde el punto de vista clínico, es una decisión coherente: no tiene sentido recomendar en consulta una dieta saludable y, al mismo tiempo, ofrecer ultraprocesados en un hospital pediátrico. El entorno sanitario debe ser ejemplar también en el plano nutricional.

¿Hasta qué punto el consumo de ultraprocesados está incrementando la carga de enfermedades crónicas?

Respuesta.- La evidencia acumulada en los últimos años es muy clara: una mayor ingesta de ultraprocesados se asocia con más obesidad, más diabetes tipo 2, más enfermedad cardiovascular y más mortalidad prematura, incluso ajustando por otros factores de estilo de vida. Varios estudios de cohortes y metaanálisis lo han documentado de forma consistente.

En España, se estima que el consumo de ultraprocesados se ha triplicado en dos décadas, y hoy pueden aportar en torno a un tercio de la energía diaria en parte de la población. Esa tendencia se traduce, inevitablemente, en una mayor carga de enfermedad crónica: más años vividos con patología metabólica, más ingresos hospitalarios y más presión sobre el sistema sanitario.

No son el único factor, pero actúan como un potente amplificador de otros riesgos (sedentarismo, tabaquismo, contaminación, etc.).

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“En asma, varios estudios relacionan un alto consumo de ultraprocesados con más síntomas, más uso de medicación de rescate y peor control global. En EPOC, donde la inflamación sistémica y la pérdida de masa muscular son claves, una dieta pobre en nutrientes y rica en calorías vacías contribuye claramente a un peor pronóstico”

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¿Qué parte de la población es más vulnerable al abuso de ultraprocesados: jóvenes, mayores, pacientes crónicos? ¿Cómo podemos detener este consumo?

Respuesta.- La evidencia apunta especialmente a tres grupos muy vulnerables:

  • Niños y adolescentes, porque están construyendo sus hábitos para toda la vida y porque la obesidad infantil condiciona la salud respiratoria y metabólica futura.
  • Pacientes crónicos, en los que la dieta pobre en nutrientes y rica en ultraprocesados empeora el control de la enfermedad y aumenta el riesgo de exacerbaciones.
  • Personas con menor nivel socioeconómico, más expuestas a alimentos baratos, muy palatables y agresivamente publicitados.

Detener esta dinámica no depende solo de la voluntad individual. Necesitamos políticas públicas valientes (como las que estamos viendo en comedores escolares y hospitales), entornos que faciliten la elección saludable (escuelas, centros sanitarios, máquinas expendedoras, restauración colectiva) y educación nutricional realista, que traduzca la evidencia en decisiones concretas en la compra y en la cocina.

¿Existe relación entre la dieta basada en ultraprocesados inflamación crónica que agravan enfermedades cómo la EPOC o el asma?

Respuesta.- Sí, y cada vez está mejor descrita. Una dieta rica en ultraprocesados se asocia con:

  • Inflamación crónica de bajo grado, mediada por citoquinas proinflamatorias y estrés oxidativo.
  • Disbiosis intestinal (alteración de la microbiota), que impacta en la respuesta inmunitaria a través del eje intestino–pulmón.
  • Mayor probabilidad de obesidad y síndrome metabólico, que empeoran el comportamiento de enfermedades como el asma o la EPOC.

En asma, varios estudios relacionan un alto consumo de ultraprocesados con más síntomas, más uso de medicación de rescate y peor control global. En EPOC, donde la inflamación sistémica y la pérdida de masa muscular son claves, una dieta pobre en nutrientes y rica en calorías vacías contribuye claramente a un peor pronóstico. No podemos decir que los ultraprocesados “causen” EPOC, pero sí que empeoran el terreno inflamatorio sobre el que se asienta la enfermedad.

 

 

 

 

Usted es especialista en neumología. El pasado mes de mayo usted declaró al Diario de Sevilla que «es importante que los pacientes sepan que dejar de fumar también les va a ayudar a dormir mejor y sentirse más descansados». ¿Cómo influye el tabaquismo en el sueño?

Respuesta.- El tabaquismo influye en el sueño por varios caminos a la vez: la nicotina es un estimulante, altera la arquitectura del sueño, aumenta los despertares y reduce el sueño profundo.

”El tabaquismo influye en el sueño por varios caminos a la vez: la nicotina es un estimulante, altera la arquitectura del sueño, aumenta los despertares y reduce el sueño profundo”

Durante la noche aparece síndrome de abstinencia: el cerebro “pide” nicotina, lo que fragmenta aún más el descanso. Además, fumar se asocia con el ronquido y la apnea del sueño, especialmente en combinación con obesidad y consumo de alcohol.

En pacientes con EPOC, el daño pulmonar y la hipoxemia nocturna se agravan con el tabaco, lo que deteriora mucho la calidad del sueño. Por eso insistimos tanto en que dejar de fumar no solo es respirar mejor, también es dormir mejor. Muchos pacientes, semanas después de abandonar el tabaco, relatan un descanso más profundo y una sensación de energía que no tenían desde hacía años.

¿Cómo influye una mala alimentación, basada en ultraprocesados, en la adherencia al tratamiento domiciliario?

Respuesta.- Influye más de lo que solemos pensar. Una alimentación basada en ultraprocesados se asocia a peor calidad de sueño, más fatiga diurna y menos energía para mantener rutinas (incluida la terapia domiciliaria). También a un mayor riesgo de obesidad y reflujo gastroesofágico, que pueden empeorar síntomas respiratorios y hacer que el paciente perciba menos beneficio de la terapia. Los pacientes presentan un peor estado de ánimo: la relación entre dieta pobre y depresión leve o apatía está bien descrita, y esto impacta directamente en la motivación para seguir tratamientos a largo plazo.

En Linde Médica vemos que los pacientes con mejor patrón de alimentación suelen tener mayor adherencia a terapias respiratorias domiciliarias, no solo porque se encuentren físicamente mejor, sino porque tienen más capacidad de integrar esa rutina en un estilo de vida globalmente más saludable.

¿Cuánto mejora el control de las enfermedades crónicas cuando se sustituye un 20 – 30% de ultraprocesados por dieta mediterránea?

Respuesta.- Sería poco riguroso dar un porcentaje exacto de mejoría clínica ligado a un porcentaje concreto de sustitución, porque los estudios no están diseñados así. Lo que sí sabemos es que a medida que disminuye la proporción de calorías procedentes de ultraprocesados y aumenta la adherencia a un patrón tipo dieta mediterránea, mejoran el peso, los marcadores inflamatorios y el perfil metabólico.

En enfermedades respiratorias, esto se traduce en menos exacerbaciones, mejor tolerancia al esfuerzo y mejor calidad de vida en el medio plazo.

Más que fijarnos en un 20–30% exacto, el mensaje es: cada punto porcentual que ganamos hacia dieta mediterránea y perdemos en ultraprocesados es un movimiento en la dirección correcta. Y ese efecto es acumulativo.

¿Qué seria para usted un ‘paciente ideal’ en términos de hábitos alimentarios?

Respuesta.- No hablo de perfección, sino de coherencia. Un paciente ideal, en términos de hábitos alimentarios, sería alguien que:

  • Tiene una base de dieta mediterránea: frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, pescado, aceite de oliva.
  • Reserva los ultraprocesados para momentos muy puntuales, no para el día a día.
  • Mantiene un peso razonablemente estable para su condición clínica.
  • Come con cierta estructura horaria y evita el picoteo continuo de productos de baja calidad.
  • Entiende que lo que come forma parte de su tratamiento, igual que la medicación o la terapia respiratoria domiciliaria.

Ese paciente no es “perfecto”, pero sí está alineado con lo que la evidencia nos dice que mejora el pronóstico.


“Si comes a base de ultraprocesados, probablemente dormirás peor, te cansarás antes, te costará más concentrarte y rendirás peor, tanto en clase como en el deporte. No porque sea ‘malo’, sino porque tu cuerpo funciona peor con ese combustible.”

 Si pudiera dar un consejo a un joven o adolescente que quiere empezar a cuidar su alimentación, ¿qué mensaje le trasladaría?

Respuesta.- A un adolescente no le hablaría de enfermedades futuras ni de listas interminables de alimentos prohibidos, porque eso rara vez funciona. Le hablaría de cosas que ya le importan hoy: cómo duerme, cómo rinde, cómo se siente y cómo se ve.

El mensaje sería algo como esto:

“Si comes a base de ultraprocesados, probablemente dormirás peor, te cansarás antes, te costará más concentrarte y rendirás peor, tanto en clase como en el deporte. No porque sea ‘malo’, sino porque tu cuerpo funciona peor con ese combustible.”

Por eso, más que prohibir, la clave es cambiar el equilibrio. No se trata de no comer nunca hamburguesas o snacks, sino de que no sean la base del día a día. Cuando sustituimos bebidas azucaradas por agua, o parte de los ultraprocesados por comida real —fruta, yogur, bocadillos normales, platos sencillos caseros— muchos adolescentes notan en pocas semanas que duermen mejor, tienen más energía y se sienten más despejados.

Y algo importante: no es una cuestión estética ni de peso. Es una cuestión de rendimiento. Comer mejor ayuda a entrenar mejor, a recuperarse antes y a tener la cabeza más clara. Eso es lo que suele marcar la diferencia para que un adolescente empiece, al menos, a escuchar.

Para terminar, ¿Qué mensaje sencillo trasladaría a los pacientes que no saben por dónde empezar a mejorar su alimentación?

Respuesta.- Les diría que empiecen por comer un poco más de “comida de verdad” y un poco menos de “comida de envase”.

No hace falta cambiar todo de golpe. Si hoy sustituye un refresco por agua, una bollería por fruta y añade una ración de verdura a su plato, ya está mejorando su terreno inflamatorio, su energía y, a medio plazo, el control de su enfermedad respiratoria.

La alimentación no sustituye al tratamiento, pero multiplica su efecto. Y eso está en gran parte en nuestras manos.

José Angel Jarne
José Angel Jarne
Miembro de ANISALUD (La Asociación Nacional de Informadores de la Salud), José Ángel Jarne ha sido el responsable de varios gabinetes de prensa del sector de periodismo sanitario (de una asociación de pacientes y director de comunicación de una fundación de investigación de células madre). Durante los últimos años se ha dedicado a la gestión de gabinetes de prensa y la organización de eventos en el ámbito privado. Es el director del portal.

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