Los resultados del trabajo muestran que la dieta provoca cambios en la microbiota intestinal que son diferentes en la enfermedad de Crohn y en la colitis ulcerosa, y que influyen en los niveles de inflamación del intestino
El equipo ha analizado las alteraciones en la microbiota en pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal y ha establecido un conjunto de bacterias que podrían servir como herramienta diagnóstica para la enfermedad de Crohn
Estos resultados ayudarán a establecer recomendaciones dietéticas personalizadas para cada paciente basadas en los cambios de la microbiota
El grupo de Investigación en Microbioma del Vall d’Hebron Institut de Recerca (VHIR) ha identificado algunos mecanismos que explican cómo la dieta influye en la microbiota intestinal y en la inflamación en la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa. Los resultados, publicados en la revista Gut, muestran que la alimentación modula la microbiota de manera diferente en ambas enfermedades, lo que se traduce en diferencias en los procesos inflamatorios del intestino.
La enfermedad inflamatoria intestinal (EII) es un grupo de patologías que causan hinchazón e inflamación de los tejidos del tracto digestivo. Las más comunes son la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn. Aunque presentan síntomas similares (dolor abdominal, diarrea, sangrado rectal, pérdida de peso, cansancio extremo…), la afectación es diferente. Mientras que la colitis ulcerosa causa úlceras en el revestimiento del colon y el recto, la enfermedad de Crohn afecta a las capas más profundas del aparato digestivo y, en mayor grado, al intestino delgado.
La dieta y la microbiota intestinal tienen un papel importante en el desarrollo de estas patologías. “Los cambios en la microbiota se asocian con alteraciones del sistema inmunitario, pero se desconocen los mecanismos específicos mediante los cuales determinados microorganismos contribuyen a este proceso. Con este trabajo queremos entender los mecanismos de la EII y las diferencias entre Crohn y colitis ulcerosa, y también conocer el papel que tiene la alimentación”, explica la Dra. Chaysavanh Manichanh, jefa del grupo de Investigación en Microbioma del VHIR e investigadora del área de Enfermedades Digestivas y Hepáticas del CIBER (CIBEREHD).
El papel de la dieta en la modulación de la inflamación
El estudio ha analizado a cerca de 200 personas, incluyendo pacientes con enfermedad de Crohn, con colitis ulcerosa y personas sanas. El equipo evaluó la dieta habitual de los participantes y la relacionó con la composición y la función de su microbiota intestinal, así como con marcadores clínicos y bioquímicos de inflamación.
Los resultados confirman que los pacientes con EII presentan una menor calidad de la dieta, lo que se asocia con cambios en la microbiota intestinal. Por ejemplo, tienen una menor diversidad bacteriana, especialmente en los casos de Crohn. Esta diversidad aumenta cuando la dieta es rica en fibra, fruta, verdura y frutos secos, y disminuye con un consumo elevado de alimentos procesados y bebidas azucaradas.
Además, el trabajo demuestra que las alteraciones en la microbiota se relacionan con cambios en la inflamación intestinal característica de la enfermedad. Sin embargo, los mecanismos que conectan dieta, microbiota e inflamación son diferentes según el tipo de EII. “En la enfermedad de Crohn observamos que determinados alimentos y patrones dietéticos generan cambios en bacterias y rutas metabólicas específicas, que se asocian con la inflamación”, señala el Dr. Luis Mayorga, especialista del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Universitario Vall d’Hebron e investigador del grupo de Investigación en Microbioma del VHIR. “En cambio, en la colitis ulcerosa, la relación entre dieta e inflamación parece depender más de cambios globales en la microbiota, como la pérdida de diversidad y el desequilibrio funcional”, añade.
Por ejemplo, en la enfermedad de Crohn, el consumo de dietas más saludables y la ingesta de café o pan integral se asocian con la presencia de determinadas bacterias y metabolitos que reducen la inflamación intestinal. En cambio, en la colitis ulcerosa, el seguimiento de una dieta mediterránea y rica en fibra reduce la inflamación gracias al mantenimiento de la diversidad bacteriana intestinal.
Estudiar la microbiota como biomarcador diagnóstico de la enfermedad de Crohn
De manera complementaria, el equipo ha analizado las alteraciones de la microbiota intestinal en pacientes con enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa y ha establecido un conjunto de bacterias que podría ayudar al diagnóstico de la enfermedad. Además, han estudiado cómo estos cambios se asocian con la inflamación presente en el intestino de estos pacientes. El estudio se ha publicado en la revista Biomarker Research.
Para ello, el equipo analizó muestras fecales de 34 personas con enfermedad de Crohn, 33 con colitis ulcerosa y 67 personas sanas. Se estudiaron las diferencias en la microbiota de estos tres grupos mediante diversas técnicas que permiten detectar qué tipo de microorganismos hay en las muestras y cuál es su función.
Los resultados mostraron una alteración importante de la microbiota en los pacientes con enfermedad de Crohn, con una reducción de la diversidad y de la cantidad de bacterias en comparación con las personas sanas. “Comprobamos que los pacientes con enfermedad de Crohn presentan muchos más cambios potencialmente perjudiciales, como un aumento de bacterias patógenas, por ejemplo Escherichia coli, y una reducción de bacterias beneficiosas”, afirma Gerard Serrano, investigador predoctoral del grupo de Investigación en Microbioma del VHIR.
En concreto, se detectó un panel de 20 especies bacterianas útiles para identificar la enfermedad de Crohn, ya que son características de estos pacientes. “Analizar este conjunto de bacterias podría ser una herramienta diagnóstica no invasiva y económica, especialmente útil en los casos en los que la endoscopia no aporta resultados concluyentes”, destaca la Dra. Manichanh.
Resultados que ayudan a establecer estrategias personalizadas para cada paciente
En conjunto, ambos estudios muestran que la microbiota intestinal está alterada en la enfermedad inflamatoria intestinal y que estos cambios tienen un papel activo en los mecanismos inflamatorios asociados a la dieta, además de ayudar al diagnóstico de los pacientes.
“Estos resultados establecen las bases para desarrollar, en el futuro, estrategias más personalizadas que ofrezcan recomendaciones dietéticas basadas en los cambios de la microbiota y adaptadas a cada paciente”, concluye la Dra. Manichanh.


