Una investigación aporta pistas sobre cómo la infancia es crítica para las enfermedades cutáneas de origen inmune, y por qué la ‘marcha atópica’ suele empezar con un eccema
La prevalencia de la dermatitis atópica se cifra, según información de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (Seaic), en un 20% de los niños (y entre el 7% y el 14% de los adultos en Europa y Estados Unidos). En algunos, la dermatitis es el preludio de lo que los alergólogos denominan desde hace años como “marcha atópica”, término para referirse al proceso por el que la aparición de eccema en edades tempranas da paso, en etapas posteriores, a alergias alimentarias, rinitis o asma bronquial.
Pero, ¿por qué las enfermedades alérgicas, y en concreto las de la piel, comienzan tan pronto? Una nueva investigación apunta una explicación biológica a su inicio en edades tempranas. El estudio, realizado en ratones jóvenes, ha mostrado que algunos tipos de células inmunitarias en la piel de los primeros años de vida son más reactivas que en los adultos, una diferencia que podría explicar por qué los niños son más vulnerables a la inflamación y las enfermedades alérgicas de la piel.
“La sensibilización a los alérgenos ambientales es un factor de riesgo importante para la dermatitis atópica, la rinitis alérgica, el asma y la alergia alimentaria. Aquí hemos demostrado que, durante la ventana de desarrollo posnatal, el sistema inmunitario innato de la piel se adapta para aumentar su reactividad a los alérgenos. Este hallazgo proporciona una justificación biológica para la aparición temprana de enfermedades alérgicas y atópicas asociadas a los alérgenos, especialmente en la piel, y su progresión a través de los tejidos durante la infancia”, escriben en la revista Nature los autores de este estudio, dirigidos por Shruti Naik, profesora de Inmunología e Inmunoterapia y Dermatología en la Facultad de Medicina Icahn del Mount Sinai, en Nueva York.
Los investigadores descubrieron que la célula dendrítica actúa de forma más reactiva en la piel joven que en la adulta. Para llegar a encontrar la clave en esta célula inmune, los investigadores expusieron a crías de ratones a alérgenos cotidianos, como ácaros del polvo y moho. A diferencia de los ratones adultos, las crías desarrollaron una fuerte inflamación cutánea, lo que revela un breve período temprano en la vida en el que el sistema inmunitario de la piel es especialmente sensible.
El equipo también descubrió que los bebés carecen de niveles normales de glucocorticoides, hormonas que posteriormente ayudan a controlar las reacciones inmunitarias, lo que permite que las respuestas alérgicas se afiancen. Cabe destacar que se encontraron signos de la misma actividad inmunitaria en muestras de piel de niños con eccema de inicio temprano, pero no en adultos, lo que sugiere que esta etapa temprana de la vida también podría ser importante en los humanos.
Reguladores endocrinos del sistema inmune
“De hecho, las personas con dermatitis atópica o covid persistente muestran una respuesta reducida del cortisol al estrés fisiológico, lo que sugiere que los niveles de corticosteroides endógenos actúan como reguladores clave del tono inmunitario en distintos contextos inflamatorios”, escriben.
Además, señalan que, más allá de los glucocorticoides, las células inmunitarias expresan receptores para múltiples factores de crecimiento y hormonas, lo que abre la puerta a que otros factores endocrinos modulen ese periodo inicial de la reactividad inmunitaria. “Comprender cómo estas redes hormonales interactúan con el sistema inmunitario en maduración puede ayudar a explicar mejor el predominio en la primera infancia de las enfermedades atópicas y alérgicas asociadas a los alérgenos y servir de base para estrategias destinadas a prevenir sus consecuencias a largo plazo”, concluyen.








