- La Unidad de Tratamiento de la Obesidad Infantil incorpora un equipo de Medicina Física y Rehabilitación para integrar la actividad física prescrita en el tratamiento
- Los fármacos de nueva generación se incluyen como opción terapéutica, pero deben ir de la mano de cambios en el estilo de vida y apoyo emocional
- La intervención multidisciplinar mejora la calidad nutricional de las familias y refuerza la adherencia a los tratamientos gracias al apoyo psicológico, que trabaja el estigma y elimina la culpabilización
El Hospital Universitari Vall d’Hebron refuerza su compromiso para abordar una de las epidemias que afecta a la población pediátrica en el siglo XXI: la obesidad. La Unidad de Tratamiento de la Obesidad Infantil amplía este año su dispositivo asistencial con la incorporación de un equipo de Medicina Física y Rehabilitación, que integra la actividad física como parte del tratamiento, e impulsa nuevos ensayos clínicos con fármacos de última generación para población infantil y adolescente.
Coincidiendo con el Día Mundial de la Obesidad, un año después de su presentación y dos desde su puesta en marcha, la unidad hace balance y anuncia novedades. En el último año ha realizado 200 primeras visitas, ha pasado de atender de 6 a 9 nuevos casos semanales y actualmente realiza seguimiento activo a más de 380 niños, niñas y adolescentes. A la consulta de Vall d’Hebron llegan los casos más graves derivados de Atención Primaria u otros servicios hospitalarios, cada vez a edades más tempranas y con una salud emocional frágil.
“Hemos mejorado mucho la adherencia. Antes muchos pacientes no regresaban tras las primeras visitas. Se sentían culpables y desanimados. El acompañamiento psicológico y el hecho de no culpabilizar son claves para que se sientan mejor, acompañados, y continúen el tratamiento”, explica el Dr. Eduard Mogas, jefe de la Unidad de Tratamiento de la Obesidad Infantil.
En Cataluña, el 14% de los niños y el 8% de las niñas padecen obesidad, según la última Encuesta de Salud (ESCA 2024). Sin embargo, la cifra no se distribuye de manera homogénea, varía según el barrio. Entre las familias con menos recursos, la prevalencia alcanza el 15%, mientras que en las más favorecidas se sitúa en un 5%. En zonas vulnerables, el riesgo puede llegar a ser hasta ocho veces superior. Ante esta realidad, Vall d’Hebron, más allá de tratar los casos más graves, asume la responsabilidad de actuar como agente de salud pública en su territorio e incidir en los hábitos y la educación que condicionan la salud desde la infancia.
Un abordaje multidisciplinar
La unidad, acreditada como centro de referencia europeo por la Sociedad Europea para el Estudio de la Obesidad (EASO), comenzó con un equipo formado por un pediatra endocrinólogo, una psicóloga y una nutricionista, que realizan la primera visita de manera conjunta. Este año se ha incorporado una nueva endocrinóloga, una enfermera de práctica avanzada y el equipo de Medicina Física y Rehabilitación, en el que forman tándem la Dra. Imma Donat y la fisioterapeuta Berta Canut. Las visitas también se ofrecen por la tarde para facilitar la conciliación escolar.
“En la primera visita identificamos si existe sedentarismo o baja resistencia aeróbica. Los niños no deberían presentar limitaciones físicas derivadas de su composición corporal, ya sea por exceso de grasa o falta de fuerza muscular. Si lo detectamos, los derivamos al equipo de Medicina Física y Rehabilitación”, señala el Dr. Eduard Mogas.
La médica rehabilitadora evalúa la condición física y, si detecta debilidad o sedentarismo, se activa un programa presencial o en formato de telerehabilitación. “El programa presencial lo realizamos en grupos con sesiones semanales durante tres meses, donde trabajamos la fuerza y ejercicios cardiovasculares”, explica Berta Canut. “El objetivo no es solo perder grasa, sino ganar fuerza, mejorar la composición corporal y crear el hábito de moverse”, añade. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda a niños y adolescentes realizar 60 minutos diarios de actividad física, pero solo cuatro de cada diez cumplen esta pauta. “Nuestro reto es ayudarles a sustituir las pantallas por movimiento y ofrecer un espacio seguro donde puedan recuperar la confianza corporal, especialmente en entornos donde las actividades extraescolares suponen una barrera económica”, apunta la Dra. Imma Donat.
Eliminar la culpabilización para mejorar la adherencia
La unidad trabaja con un modelo multidisciplinar. El programa de actividad física se suma a los talleres nutricionales y a las sesiones grupales de acompañamiento psicológico. “La obesidad no es una cuestión de voluntad individual, es una enfermedad crónica, compleja y multifactorial. Los niños y adolescentes son víctimas de un contexto metabólico, genético, ambiental y social que facilita el aumento de grasa corporal, al tiempo que disponen de menos herramientas para gestionarlo que la población adulta”, insiste el Dr. Eduard Mogas.
Aunque entre un 8 y un 10% de los casos tienen causas genéticas claras y un porcentaje similar se relaciona con patologías o tratamientos médicos, el resto responde a la combinación de una alimentación poco saludable y una vida sedentaria.
La intervención multidisciplinar ofrece buenos resultados. El 35% de los pacientes presenta una adherencia muy baja a la dieta mediterránea al llegar a la unidad. Tras la intervención nutricional y los talleres grupales con familias, ningún paciente permanece en esa franja. “Somos capaces de mejorar de forma significativa la calidad nutricional y también la percepción de calidad de vida, un avance clínicamente relevante”, afirma el Dr. Eduard Mogas. Los resultados antropométricos son más discretos: la pérdida de peso rara vez supera el 10%. No obstante, en muchos pacientes se consigue frenar la progresión, un logro en una enfermedad con metabolismo alterado y gran tendencia a cronificarse.
Fármacos como complemento y investigación en marcha
Tanto en niños como en adolescentes, el tratamiento farmacológico puede ser una herramienta complementaria. Vall d’Hebron participa en hasta 15 ensayos clínicos internacionales para evaluar la eficacia de la nueva generación de fármacos, uno de ellos en población infantil y adolescente. Próximamente se pondrán en marcha tres más dirigidos a esta franja de edad. “El tratamiento farmacológico está indicado en algunos casos, pero es importante subrayar que nunca funciona por sí solo. Debe ir acompañado de cambios en el estilo de vida y apoyo emocional”, subraya la Dra. Maria Clemente, jefa de la Sección de Endocrinología Pediátrica.
La Unidad colabora estrechamente con la Unidad de Tratamiento Integral de la Obesidad de Adultos, coordinada por la Dra. Andreea Ciudin, y con el Vall d’Hebron Instituto de Investigación (VHIR), donde se investigan las causas y mecanismos de la obesidad para avanzar hacia tratamientos más personalizados. En palabras del equipo, la lucha contra la obesidad infantil no se gana solo con dietas ni con balances calóricos. Se construye con una mirada integral centrada en la salud global, que entiende que ningún niño elige su contexto, pero sí puede recibir herramientas para transformarlo. En la edad adulta, mantener la obesidad a raya puede reducir hasta un 80% la diabetes tipo 2, un tercio de las enfermedades cardiovasculares y cerca de un 20% de los cánceres.


