El riesgo de insuficiencia mitral es un 23% superior en las personas que se sienten más solas, según una nueva investigación.
La soledad ejerce una poderosa influencia en la salud mental y física y, en especial, en el riesgo cardiaco, tal y como revela la evidencia científica acumulada. Una investigación añade nuevas pruebas, en esta ocasión centradas en las valvulopatías degenerativas. Es sabido que la prevalencia de las enfermedades de las válvulas del corazón aumenta con la edad. Según datos de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), cerca de una de cada ocho personas mayores padece alguna valvulopatía moderada o importante. La soledad aumenta aún más el riesgo asociado al envejecimiento, según el estudio publicado hoy en Journal of the American Heart Association, cuyos resultados muestran que aquellas personas que manifestaban sentirse más solas tenían un riesgo significativamente mayor de desarrollar alguna enfermedad degenerativa de las válvulas cardíacas, incluso tras tener en cuenta la influencia de los factores de riesgo cardiaco convencionales y genéticos.
Los autores del trabajo, dirigidos por Zhaowei Zhu, de la Universidad Central del Sur en Hunan (China), analizaron los datos de aproximadamente 463.000 adultos del Biobanco del Reino Unido. Los participantes habían respondido a cuestionarios para evaluar su grado de soledad y aislamiento social cuando se inscribieron en dicho registro. Realizaron un seguimiento de una media de 14 años, accediendo a las historias clínicas para contabilizar los nuevos diagnósticos de valvulopatías degenerativas.
A lo largo de ese periodo se diagnosticaron más de 11.000 nuevos casos de valvulopatía degenerativa. Más de 4.200 correspondían a estenosis de la válvula aórtica y casi 4.700 a insuficiencia de la válvula mitral. En torno al 72% de los participantes manifestaron tener niveles mínimos de soledad y el 28% aseguraron sentirse muy solos.
En comparación con las personas que manifestaron una soledad mínima, aquellas con los niveles más altos presentaron un 19% más de riesgo de desarrollar una enfermedad valvular cardíaca degenerativa, cifra que ascendía al 21% en el caso particular de la estenosis de la válvula aórtica y a un 23% cuando se trataba del riesgo de insuficiencia mitral. Sin embargo, el aislamiento social no se relacionó de forma significativa con un mayor riesgo de padecer ninguna afección relacionada con las válvulas cardiacas.
Se constató que esa elevación del riesgo era independiente de la predisposición genética, aunque las personas con un alto riesgo genético de enfermedad valvular cardíaca y mayor percepción de soledad presentaron una probabilidad superior de ser diagnosticadas de enfermedad valvular cardíaca.
La soledad como factor de estrés
El carácter observacional del estudio no permite establecer relaciones de causa-efecto entre la soledad y el riesgo de valvulopatías degenerativas. No obstante, los resultados son suficientemente llamativos como para poner el foco en este problema social creciente. “Nuestros resultados sugieren que abordar la soledad podría ayudar a retrasar la progresión de la enfermedad, posponer las intervenciones quirúrgicas como el reemplazo de válvulas y, en última instancia, reducir la carga clínica y económica a largo plazo de la enfermedad valvular cardiaca”, según otro de los autores del estudio, Cheng Wei, de la misma universidad china.
Los investigadores tienen claro que los hábitos de vida poco saludables a los que puede conducir la soledad -como la obesidad, el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol, la falta de sueño o el sedentarismo- solo explican parcialmente el vínculo con la enfermedad valvular cardíaca. A este respecto, Crystal Wiley, miembro de la Asociación Americana del Corazón (AHA), considera que los hallazgos del nuevo estudio “deberían dejar claro a pacientes y profesionales de la salud que la soledad no es solo una emoción; no es algo que una persona deba superar o afrontar por sí sola”. Sus repercusiones pueden ser muy profundas: “La soledad, y en particular la soledad crónica, es un factor de estrés para el organismo que puede perjudicar la salud”. Por ello, hace un llamamiento a pacientes y profesionales para que comprendan “la importancia de hablar sobre la soledad y la desconexión social como un riesgo para la salud, y no como una cuestión moral o un signo de debilidad”.
Una amenaza invisible
Cada vez son más las voces que se alzan para alertar sobre los riesgos para la salud que plantea la soledad no deseada. “En todo el mundo, una amenaza invisible aumenta el riesgo de enfermedad, acortando vidas y deshilachando el tejido de nuestras comunidades”. Es el comienzo de un comunicado firmado hace unos meses por Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), junto a Chido Mpemba y Vivek Murthy, copresidentes de la Comisión de la OMS sobre Conexión Social, en el que hacen referencia al informe publicado por la entidad internacional en junio de 2025 bajo el título De la soledad a la conexión social: trazando el camino hacia sociedades más saludables. “Ahora tenemos pruebas irrefutables de que la salud social –nuestra capacidad para establecer y mantener vínculos humanos positivos– es tan esencial para nuestro bienestar como la salud física y mental”, añadían. Sin embargo, se lamentaban de la desatención a este problema creciente “en los sistemas de salud y entre los responsables políticos”.
En lo que respecta a la salud cardiaca, las repercusiones pueden ser muy graves, según los datos de los que dispone la AHA: el aislamiento social y la soledad están asociados a un aumento del 30% del riesgo sufrir un infarto de miocardio o un ictus, o así como a una mayor probabilidad de fallecer de forma prematura por estas causas.
“Estamos viendo un aumento progresivo de pacientes cuyo corazón no solo se ve afectado por la hipertensión o la diabetes, sino por el contexto emocional y social. La soledad, en particular, se ha convertido en un elemento de riesgo tan relevante como los factores clínicos tradicionales”, señala Alicia Serrano, cardióloga de la Unidad de Cardiología del Hospital Vithas Valencia 9 de Octubre. “La soledad actúa de forma fisiológica sobre el sistema cardiovascular, puesto que la falta de interacción social incrementa la inflamación basal del organismo, eleva la presión arterial y potencia los efectos del estrés crónico. Todos estos mecanismos sumados explican por qué la soledad incrementa de manera tan clara el riesgo de infarto o ictus”, añade la especialista.
Pilares de la Salud es un proyecto impulsado por el Área de Salud de Unidad Editorial, con el apoyo de El Mundo y Expansión, que nace con la vocación de informar con rigor sobre los grandes retos que afectan tanto a la salud de la población como a la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud, fomentando al mismo tiempo la incorporación de hábitos de vida más saludables basados en la evidencia clínica.


