Microplásticos, “una emergencia para la salud cerebral”: aumentan el riesgo de accidente cardiovascular y demencia

Los expertos apuntan a la reducción del consumo de ultraprocesados porque, aunque no es una intervención sencilla, es la única herramienta con la que cuenta el sector actualmente para abordar la magnitud del problema

La contaminación por microplásticos está tomando cada vez más protagonismo por su vinculación con la salud más allá del ámbito ambiental. Un artículo publicado en el número inaugural de ‘Brain Health’, firmado por un equipo internacional de investigadores, sostiene que la acumulación de estas partículas en el organismo humano ha cruzado un umbral crítico y debe considerarse una emergencia para la salud cerebral.

La perspectiva recoge hallazgos que, hasta hace poco, pertenecían a campos de investigación desconectados entre sí. Por un lado, el análisis de tejido cerebral humano realizado por el equipo de la Universidad de Nuevo México ha revelado que las concentraciones de microplásticos en el cerebro superan entre siete y treinta veces a las encontradas en hígado o riñón. Las muestras, correspondientes a una cohorte de fallecidos entre 2016 y 2024, muestran además un incremento aproximado del 50% en la carga acumulada durante ese periodo. Las cifras más elevadas aparecían en donantes diagnosticados con demencia, y el polímero predominante era el polietileno, presente en forma de fragmentos nanométricos con aspecto de esquirlas.

A estos datos se suma una línea de investigación cardiovascular que refuerza la dimensión clínica del problema. El equipo del investigador Raffaele Marfella halló microplásticos y nanoplásticos incrustados en placas de ateroma de pacientes sometidos a endarterectomía carotídea. Durante las 34 semanas de seguimiento posteriores, aquellos cuya placa contenía estas partículas presentaron un riesgo casi cuatro veces mayor de sufrir infarto de miocardio, ictus o fallecer. Este vínculo, recuerdan los autores, conecta directamente la salud cardíaca con la cerebral, ya que el accidente cerebrovascular es una de las principales causas de daño neurológico.

¿Cómo llegan los microplásticos al cerebro?

La pregunta clave es cómo llegan estas partículas hasta el cerebro. La respuesta comienza a perfilarse gracias a estudios experimentales en animales. El equipo dirigido por Kopatz demostró que nanopartículas de poliestireno administradas por vía oral a ratones lograban atravesar la barrera hematoencefálica en apenas dos horas. Durante su recorrido, estas partículas adquieren una “corona biomolecular” que actúa como una suerte de pasaporte biológico, facilitando su entrada al tejido cerebral. Las partículas de mayor tamaño no consiguen atravesar esta barrera. Las nanométricas, sí.

“Estamos analizando un órgano donde las concentraciones más altas de microplásticos se asocian con los resultados clínicos más importantes en medicina”, afirma el Dr. Julio Licinio, autor principal del artículo y director ejecutivo de Genomic Press. “Cognición, estado de ánimo, accidente cerebrovascular, demencia. Resulta difícil seguir tratando esto como un problema ambiental periférico cuando el órgano central del cuerpo acumula más contaminante que los órganos periféricos”.

El artículo también pone el foco en otro vector de exposición: los alimentos ultraprocesados del Grupo 4 de la clasificación NOVA. En Estados Unidos, estos productos aportan ya más de la mitad de la ingesta calórica. Durante su fabricación, almacenamiento y calentamiento, los envases plásticos liberan micro y nanoplásticos que pasan al alimento. A ello se suma el desgaste mecánico durante el procesado industrial y la contaminación posterior.

Otros estudios poblacionales ya habían relacionado el consumo elevado de ultraprocesados con depresión, ansiedad, deterioro cognitivo, ictus y demencia. Un metaanálisis con 385.541 participantes detectó un aumento del 53% en la probabilidad de presentar síntomas comunes de trastornos mentales en quienes más los consumían. Datos del Biobanco del Reino Unido y de la cohorte REGARDS confirmaron que este patrón dietético incrementa el riesgo de deterioro cognitivo y accidente cerebrovascular, incluso en personas que siguen dietas consideradas saludables como la mediterránea, DASH o MIND.

“La frontera entre la salud física y la mental siempre ha sido más administrativa que biológica”, explica el Dr. Nicholas Fabiano, psiquiatra de la Universidad de Ottawa y coautor. “Los microplásticos no respetan esa frontera. Las mismas partículas que se alojan en los ateromas llegan al cerebro. Los mismos factores dietéticos que aumentan el riesgo cardiovascular aumentan el riesgo de depresión y demencia”.

¿Cómo eliminar estas partículas del organismo?

Ante este panorama, la perspectiva apunta hacia la eliminación activa de estas partículas del organismo. Un equipo del Hospital Universitario Carl Gustav Carus de Dresde ha descrito que la aféresis terapéutica, una técnica ya utilizada para filtrar componentes sanguíneos, podría extraer material compatible con microplásticos del plasma humano. La infraestructura para esta intervención ya existe en centros clínicos de todo el mundo.

“Al principio nos sorprendió lo que observamos”, reconoce el Dr. Stefan R. Bornstein, coautor principal del estudio. “La aféresis es una técnica consolidada. El hecho de que parezca interactuar con estas partículas in vivo abre un camino que no existía hace un año”. No obstante, advierte de que ahora el reto es validar estas observaciones con estándares de medición consensuados y desarrollar alternativas más escalables y específicas.

En esa misma línea, la Dra. Charlotte Steenblock subraya que el campo aún carece de herramientas analíticas suficientemente precisas. “Lo que falta es infraestructura de medición que permita clasificar los polímeros según su potencial nocivo y confirmar la eficacia de las intervenciones. Sin una cuantificación reproducible y específica, ninguna estrategia de eliminación puede confirmarse de forma estricta”.

La urgencia científica ha comenzado a trasladarse también al ámbito político y de financiación. En abril de 2026, la agencia estadounidense ARPA-H lanzó el programa STOMP (Systematic Targeting Of MicroPlastics), inspirado en el mismo modelo de innovación que dio origen al GPS, los primeros desarrollos de internet y las vacunas de ARN mensajero. Sus prioridades coinciden con las señaladas por el artículo: medir con precisión, entender los mecanismos de daño y desarrollar estrategias clínicas de eliminación.

Ya se han detectado microplásticos en el interior de la placenta humana, lo que implica exposición fetal durante el periodo más crítico del neurodesarrollo. Los niños, con barreras hematoencefálicas en desarrollo y mayor ingesta per cápita, podrían acumular una carga que las actuales cohortes adultas no permiten prever. En paralelo, pacientes con enfermedad cerebrovascular o neurodegenerativa ya están en las consultas, planteando una pregunta aún sin respuesta: ¿son estas partículas simples pasajeras, aceleradoras del daño o están implicadas directamente?

Mientras no exista una técnica validada de eliminación clínica, los autores concluyen que la única herramienta disponible a gran escala es reducir la exposición. Y, hoy por hoy, eso pasa inevitablemente por disminuir el consumo de alimentos ultraprocesados. “No es una intervención sencilla”, admiten, “pero es la única palanca real de la que disponemos para abordar la magnitud del problema en este momento”.

FUENTE: ConSalud.es

 

Ana Manterias
Ana Manterias
Colabora en el portal desde el ámbito de la comunicación y el marketing, con una visión estratégica orientada al sector de la sanidad y la salud, las enfermedades y la nutrición. Especializada en relaciones institucionales, coordina la línea editorial de todos los autores con un enfoque riguroso y coherente.

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