Nada sobre nosotros sin nosotros

Durante demasiados años, el Sistema Nacional de Salud ha hablado de los pacientes sin escuchar suficientemente a los pacientes. Se han diseñado estrategias, aprobado planes, desarrollado programas asistenciales y adoptado decisiones que afectaban directamente a millones de personas sin que quienes conviven diariamente con la enfermedad ocuparan el lugar que les correspondía en la mesa donde se tomaban esas decisiones.

La aprobación por el Consejo de Ministros del Proyecto de Ley de las Organizaciones de Pacientes supone un intento de corregir esa anomalía histórica. El Ministerio de Sanidad, encabezado por la ministra Mónica García, ha impulsado una norma que reconoce jurídicamente a las organizaciones de pacientes como interlocutoras legítimas ante la Administración y como agentes fundamentales de la gobernanza sanitaria, garantizando además su presencia permanente en órganos de participación del Sistema Nacional de Salud. Entre las novedades más relevantes figura la incorporación de ocho representantes de pacientes al Comité Consultivo del SNS, uno de los principales órganos de asesoramiento y participación sanitaria del país.

La importancia de esta decisión va mucho más allá de una reforma administrativa. Lo que realmente reconoce la futura ley es que la sanidad del siglo XXI no puede construirse únicamente desde los despachos, los hospitales o los centros de salud. También debe construirse desde la experiencia de quienes conviven con una enfermedad, de quienes afrontan tratamientos complejos, de quienes atraviesan procesos diagnósticos largos e inciertos y de quienes conocen mejor que nadie las dificultades que aparecen cuando la enfermedad deja de ser un concepto clínico para convertirse en una realidad cotidiana.

Durante décadas, las asociaciones de pacientes han desarrollado una labor silenciosa que rara vez ha recibido el reconocimiento institucional que merece. Han sido escuelas de información sanitaria cuando internet estaba lleno de dudas y bulos. Han sido refugio emocional para personas recién diagnosticadas. Han sido espacios de acompañamiento para familias desorientadas. Han sido interlocutores ante las administraciones cuando determinados colectivos necesitaban acceso a tratamientos, recursos sociales o reconocimiento de derechos. Y han sido, en muchas ocasiones, la única estructura capaz de ofrecer apoyo continuado a personas que se enfrentaban a enfermedades crónicas, raras, degenerativas o altamente incapacitantes.

La propia exposición de motivos de la futura norma reconoce que estas organizaciones han venido participando en ámbitos como la información sanitaria, la defensa de derechos, el acompañamiento y la evaluación de políticas públicas, pero lo han hecho muchas veces desde mecanismos informales y sin un marco jurídico específico que reconociera plenamente su papel. La nueva ley pretende precisamente llenar ese vacío y consolidar a las organizaciones de pacientes como actores permanentes del sistema sanitario.

Sin embargo, el verdadero valor de estas entidades no se encuentra únicamente en su capacidad de representación institucional. Su principal aportación probablemente se produce mucho antes de llegar a los órganos de gobernanza. Ocurre en el instante en que una persona recibe un diagnóstico que cambia su vida.

Ningún paciente está preparado para escuchar determinadas palabras. Cáncer. Esclerosis múltiple. ELA. Parkinson. Insuficiencia renal. Enfermedad rara. Alzheimer. Fibromialgia. Artritis reumatoide. Diabetes tipo 1. Enfermedad inflamatoria intestinal.

Cuando llega el diagnóstico, los profesionales sanitarios ofrecen respuestas clínicas imprescindibles. Explican tratamientos, pruebas, pronósticos y opciones terapéuticas. Pero existe una dimensión de la enfermedad que trasciende la medicina estrictamente asistencial. Es la dimensión humana. La que aparece cuando surgen preguntas para las que no siempre existe una respuesta en una consulta médica.

¿Cómo será mi vida a partir de ahora?

¿Podré seguir trabajando?

¿Cómo afectará esto a mi familia?

¿Qué ocurre cuando llegue a casa?

¿Es normal tener miedo?

¿Cómo afrontaron esta situación otras personas?

Es ahí donde emerge una de las figuras más valiosas que han desarrollado las asociaciones durante los últimos años: el llamado paciente experto.

El paciente experto no es un sustituto del médico ni de la enfermera. Tampoco pretende ocupar funciones asistenciales. Su valor reside precisamente en otro lugar. Es una persona que ha recorrido antes el camino que otros comienzan a transitar. Es alguien que ha aprendido a convivir con una enfermedad, que ha experimentado incertidumbres, recaídas, tratamientos, ingresos hospitalarios, cambios vitales y dificultades cotidianas, y que utiliza esa experiencia para acompañar a quienes llegan después.

El Ministerio de Sanidad ha reconocido expresamente esta realidad al incluir en el proyecto legislativo medidas destinadas a reforzar el papel de las organizaciones en iniciativas de acompañamiento entre iguales y apoyo psicosocial. La norma considera el asociacionismo como una herramienta con valor sanitario y promueve mecanismos de apoyo mutuo entre pacientes.

La evidencia acumulada durante años muestra que el acompañamiento entre iguales mejora la adherencia a los tratamientos, favorece la alfabetización sanitaria, reduce la sensación de aislamiento y ayuda a afrontar mejor el impacto emocional asociado a muchas enfermedades. La propia ministra Mónica García ha destacado públicamente que las organizaciones de pacientes generan redes de apoyo, mejoran el conocimiento sobre las patologías y tienen un impacto positivo sobre la salud y la calidad de vida de las personas afectadas.

Las grandes organizaciones del movimiento asociativo llevan años defendiendo esta misma idea. Carina Escobar, presidenta de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP), ha calificado la ley como una reivindicación histórica del movimiento de pacientes y ha insistido en la necesidad de que las organizaciones sean reconocidas como interlocutoras legítimas, representativas e independientes. Al mismo tiempo, la POP ha reclamado que el texto preserve la identidad propia de las asociaciones gobernadas por pacientes, familiares y personas cuidadoras, evitando diluir la representación real de quienes viven la enfermedad en primera persona.

También el Foro Español de Pacientes ha respaldado el avance de la norma y ha defendido la necesidad de consolidar mecanismos estables de participación que permitan a los pacientes influir en las políticas públicas que afectan a su salud.

Esta participación resulta especialmente importante en un momento en el que la cronicidad se ha convertido en uno de los principales desafíos sanitarios de España. Millones de ciudadanos conviven con enfermedades crónicas que requieren seguimiento continuado, coordinación entre niveles asistenciales, educación sanitaria y apoyo social. En este contexto, las asociaciones no son un complemento ornamental del sistema. Son una infraestructura social de enorme valor.

Lo son en el ámbito estatal, pero también en las comunidades autónomas y en los ayuntamientos.

Los servicios de salud autonómicos gestionan la inmensa mayoría de la actividad asistencial del país. Son ellos quienes organizan hospitales, centros de salud, programas de prevención y estrategias de atención a pacientes crónicos. En todos esos espacios, las asociaciones aportan una información que difícilmente puede obtenerse mediante estadísticas o indicadores administrativos: la experiencia real de quienes utilizan el sistema.

Los ayuntamientos, por su parte, desempeñan un papel cada vez más relevante en ámbitos como la salud comunitaria, el envejecimiento activo, la lucha contra la soledad no deseada, el apoyo a cuidadores o la integración social de personas con enfermedades crónicas y discapacidad. Buena parte de estas actuaciones se desarrollan gracias a la colaboración permanente con entidades de pacientes que conocen de primera mano las necesidades de sus comunidades.

Las sociedades científicas llevan años defendiendo modelos de atención centrados en la persona y una mayor participación de los pacientes en la toma de decisiones sanitarias. Conceptos como medicina participativa, toma de decisiones compartida, humanización de la asistencia o atención centrada en el paciente han dejado de ser aspiraciones teóricas para convertirse en elementos fundamentales de la práctica clínica moderna.

La futura ley se alinea precisamente con esa evolución. Reconoce que la calidad asistencial no depende únicamente de la tecnología, la investigación o la capacidad diagnóstica. También depende de la capacidad del sistema para escuchar, comprender y acompañar.

Quizá esa sea la principal enseñanza que deja esta norma. Durante mucho tiempo, las asociaciones de pacientes fueron percibidas como observadoras externas del sistema sanitario. Hoy resulta evidente que esa visión ha quedado superada. Las organizaciones de pacientes generan conocimiento, impulsan investigación, promueven educación sanitaria, detectan necesidades no cubiertas, colaboran con profesionales, participan en proyectos científicos y ofrecen apoyo emocional y social allí donde muchas veces las estructuras asistenciales no llegan.

La sanidad española sería difícilmente comprensible sin la labor desarrollada durante décadas por miles de asociaciones de cáncer, enfermedades raras, patologías neurológicas, enfermedades cardiovasculares, salud mental, diabetes, enfermedades respiratorias, enfermedades autoinmunes y muchas otras condiciones de salud.

La aprobación de esta ley no constituye el final de un camino. Constituye el reconocimiento oficial de una realidad que ya existía. Los pacientes han dejado de ser sujetos pasivos de la asistencia para convertirse en participantes activos del sistema. Y cuanto más capaz sea la sanidad española de integrar su experiencia, su conocimiento y su capacidad de acompañamiento, más humana, más cercana y más eficaz será la atención que reciba la ciudadanía.

Porque detrás de cada asociación hay personas que transformaron su propia experiencia de enfermedad en ayuda para otros. Y detrás de cada paciente experto hay alguien que demuestra cada día que, cuando aparece una enfermedad, pocas cosas resultan tan valiosas como encontrar a otra persona que ya ha recorrido antes ese mismo camino.

José Angel Jarne
José Angel Jarne
Miembro de ANISALUD (La Asociación Nacional de Informadores de la Salud), José Ángel Jarne ha sido el responsable de varios gabinetes de prensa del sector de periodismo sanitario (de una asociación de pacientes y director de comunicación de una fundación de investigación de células madre). Durante los últimos años se ha dedicado a la gestión de gabinetes de prensa y la organización de eventos en el ámbito privado. Es el director del portal.

Deja tu comentario

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

spot_imgspot_imgspot_img

Articulos relacionados

Síguenos...

80FansMe gusta
9SeguidoresSeguir
26SeguidoresSeguir
1SuscriptoresSuscribirte

Últimas entradas