Un estudio de la Clínica Universidad de Navarra revela la necesidad de reforzar la información y el acompañamiento a las familias durante el embarazo y el inicio de la alimentación complementaria de los hijos
26 de agosto de 2026.- Los primeros 1.000 días de vida —desde el inicio del embarazo hasta los dos años— constituyen una etapa determinante para el desarrollo del metabolismo, el sistema inmunitario y el cerebro del recién nacido. Sin embargo, uno de cada dos padres desconoce qué significa este concepto, pese a reconocer mayoritariamente que esos primeros años condicionan la salud futura de sus hijos.
“Los primeros 1.000 días es el periodo en el que la nutrición, los cuidados, el entorno y el afecto ejercen una mayor influencia sobre la salud presente y futura del niño”, explica el Dr. José Manuel Moreno, codirector del Departamento de Pediatría de la Clínica Universidad de Navarra y director del Instituto de Nutrición y Salud de la Universidad de Navarra.
Esta es una de las principales conclusiones de un estudio desarrollado por el equipo de Gastronomía y Nutrición del Servicio de Hospitalidad de la Clínica, que ha analizado las expectativas, conocimientos y experiencias de 120 familias atendidas en las consultas de Obstetricia y Pediatría en la sede de Madrid del hospital y durante el inicio de la alimentación complementaria.
Los resultados muestran que, pese al desconocimiento sobre este concepto, la mayoría de los padres reconoce que este periodo influye en la salud futura de sus hijos, aunque no sea capaz de identificarlo o delimitarlo con precisión.
“Detectamos que muchas familias son conscientes de que esta etapa es importante, pero necesitan más información práctica y un acompañamiento más cercano para tomar decisiones con confianza”, explica María Eugenia Dulcich, dietista-nutricionista de la Clínica y autora del estudio. “Nuestro objetivo es transformar estos resultados en herramientas educativas que acompañen a las familias desde el embarazo y durante el inicio de la alimentación complementaria”.
El estudio también revela diferencias significativas entre las expectativas de las familias y lo que finalmente ocurre cuando comienza la alimentación complementaria.
Aunque muchos padres manifestaban inicialmente su intención de introducir alimentos mediante alimentación autorregulada por el bebé (baby-led weaning), en la práctica los purés fueron la opción más utilizada. Este cambio refleja que las decisiones finales suelen estar condicionadas por la experiencia diaria, las dudas que surgen y las circunstancias particulares de cada familia.
Según la investigadora, estos resultados ponen de manifiesto la necesidad de ofrecer un asesoramiento más personalizado, adaptado a las preferencias, necesidades y contexto de cada hogar.
Para el Dr. Moreno, conocer las inquietudes reales de las familias permitirá mejorar el acompañamiento que reciben durante esta etapa. “Este estudio nos ayuda a adaptar mejor nuestro mensaje y a elaborar materiales educativos más cercanos y útiles para que los padres adquieran hábitos de alimentación saludables desde el principio. Acompañar bien a las familias durante estos primeros 1.000 días es una inversión en la salud de toda la vida”, concluye.
Más apoyo nutricional y menos incertidumbre
El estudio también pone de manifiesto el escaso protagonismo que todavía tiene el dietista-nutricionista durante la introducción de la alimentación complementaria. Es el profesional sanitario menos consultado por las familias, a pesar de que tres de cada cuatro padres (un 75,6 %) que aún no habían comenzado este proceso consideran que su asesoramiento les ayudaría a afrontarlo con mayor seguridad.
Entre las familias que ya habían introducido la alimentación complementaria, el porcentaje de quienes consideraban que el asesoramiento del dietista-nutricionista les habría ayudado descendía al 56,3 %, lo que sugiere que muchas de las dudas iniciales se resuelven con la propia experiencia.
El estudio también confirma que los padres primerizos presentan niveles significativamente más elevados de ansiedad antes de comenzar este proceso, una diferencia que prácticamente desaparece una vez incorporados los primeros alimentos a la dieta del bebé, lo que indica que la experiencia reduce la incertidumbre y refuerza la confianza de las familias.
Pie de fotografía de cabecera: María Eugenia Dulcich, dietista-nutricionista del Servicio de Hospitalidad de la Clínica Universidad de Navarra.


