Lorenzo Bergua, enfermero en el Hospital Universitario San Jorge de Huesca, ha transformado sus vivencias como sanitario y padre en 45 cuentos ilustrados de salud infantil que hablan desde el miedo al hospital hasta la pérdida de una mascota
Después de casi dos décadas dedicado a la enfermería, Lorenzo Bergua ha encontrado en la literatura infantil una nueva forma de hacer más amena la estancia en un hospital a los más pequeños. Enfermero del Hospital Universitario San Jorge de Huesca, donde actualmente trabaja en la Unidad de Pool, ha convertido muchas de las situaciones que ha vivido durante su trayectoria profesional en 45 cuentos ilustrados de salud infantil. Anestesia, diabetes, asma, radiografías, escayolas, oncología, miedo al hospital, pérdida de una mascota o alzhéimer son algunos de los temas que aborda en unas historias dirigidas principalmente a niños de entre 3 y 9 años, pero también concebidas como una herramienta para sus familias, colegios e incluso para los propios profesionales sanitarios.
El origen de ‘Cuentos Sanitarios’ está en su propia experiencia como enfermero y padre, y en una necesidad que detectó dentro y fuera del hospital: encontrar una manera sencilla, rigurosa y cercana de explicar a los niños qué les ocurre y qué pueden encontrarse durante un proceso médico o ante una situación emocional difícil. Bergua defiende en esta entrevista a ConSalud.esque informar a los menores con honestidad y adaptándose a su lenguaje contribuye a reducir el miedo y la ansiedad ante lo desconocido. Ahora, la colección da un nuevo paso con su llegada al Hospital Materno Infantil Miguel Servet de Zaragoza, donde próximamente se distribuirán sus 45 títulos para que puedan estar al alcance de los niños y las familias que pasan por el centro.
Después de casi 20 años como enfermero, ¿en qué momento surgió la idea de transformar tus experiencias en cuentos?
Surgió de la forma más natural: al llegar a casa. Tanto yo como mi mujer —médico anestesista— volvíamos del hospital y nuestros tres hijos nos esperaban con la misma pregunta: “¿qué has curado hoy?”. Al contarles nuestro trabajo me di cuenta de que faltaba material pensado para explicar, con su lenguaje, situaciones habituales del hospital: una sutura, una escayola, una radiografía… No solo para los niños, sino también para que los mayores encontráramos las palabras adecuadas. Lo que empezó respondiendo a esa curiosidad en la mesa de casa fue creciendo. Con el tiempo, los cuentos también abrieron espacio a temas sociales y emocionales que viven muchas familias: el divorcio, el alzhéimer, el paso a una residencia… Situaciones que, igual que las sanitarias, necesitan cariño, claridad y acompañamiento.

El primer cuento fue sobre la escayola. Mis hijos preguntaron para qué servía y, al buscar cómo explicárselo, vi con claridad que apenas existía educación sanitaria pensada para ellos. Ahí entendí que no era solo una respuesta para mi casa: era una herramienta que muchos niños —y muchas familias— necesitan. Después llegaron la radiografía, la resonancia, la diabetes y, poco a poco, el resto de la colección. Cada historia nace de una necesidad real: ayudar a entender qué va a pasar antes de que pase.
Explicar sin mentir, pero con cariño: ¿por qué es tan importante hablar así a los niños?
Porque hay que hablarles con cariño, a su altura y en su lenguaje. Saber qué va a ocurrir y sentirse acompañado reduce la ansiedad de una manera enorme. No edulcoro: si algo duele un poco, hay que decirlo. La mente de un niño puede convertir lo desconocido en un monstruo mucho más grande de lo que es; contarle la verdad con rigor y con calidez es la mejor forma de desactivar ese miedo
A menudo los padres y los profesionales estamos más agobiados que el propio niño. Son más listos de lo que parecen y, muchas veces, nos dan una lección a los adultos sobre cómo afrontar las cosas.
¿Cómo decides qué temas merecen convertirse en un cuento?
Casi siempre nacen del día a día como enfermero y de lo que me cuentan compañeros y amigos: un niño con diabetes recién diagnosticada, un abuelo que se va a una residencia, el párkinson, el alzhéimer… También temas de prevención y hábitos, como la higiene dental o el lavado de manos. El abanico va desde una escayola en urgencias hasta una quimioterapia o una resonancia. No invento temas desde un despacho: los recojo de las plantas, de las urgencias y de las caras de los niños y las familias a los que acompaño.

¿Cuál es el cuento más personal para ti?
El de la pérdida de una mascota, dedicado a mis hijos. Tenemos un Golden Retriever de 14 años, ya muy mayor, y sé que algún día faltará. Ese cuento no cuenta algo que ya haya pasado: está pensado para prepararlos, para que cuando llegue ese momento entiendan mejor la falta y, sobre todo, el amor que deja. Es la historia más personal que tengo; está hecha para ellos.
¿Qué papel puede tener la literatura infantil cuando una familia afronta el miedo o el duelo?
Explicar reduce la ansiedad del niño y también la de los padres y de los profesionales. Como padre y como sanitario, a menudo me agobia más la reacción del niño que el propio procedimiento. El miedo es válido, pero se puede superar; y siempre hay que hacerlo acompañado por un profesional. Trabajarlo de antemano —en casa, en el colegio o en el centro de salud— es, para mí, una de las mejores herramientas que tenemos. Un cuento convierte lo desconocido en algo familiar, y eso cambia por completo cómo se vive una prueba, un ingreso o una pérdida.
¿Qué supone para ti que la colección llegue al Hospital Materno Infantil Miguel Servet?
Mucho. Algunas editoriales mostraron interés, pero pedían tiradas de 50 o 100 ejemplares a coste del autor, y yo no podía asumir ese gasto. Por eso puse en marcha una campaña en GoFundMe: aproximadamente cada 550 euros permiten comprar una colección completa y enviarla a un hospital. Ya hemos podido llevarla al Hospital Universitario San Jorge de Huesca y al Hospital Materno Infantil Miguel Servet de Zaragoza. Llegar al Servet es una alegría enorme: significa que más niños y más familias van a tener esa herramienta en el momento en que más la necesitan. Con más apoyo, la idea es seguir sumando hospitales.
¿Cuál es el siguiente paso con la web y el Aula Virtual?
El proyecto empezó en el hospital, pero el valor real está en trabajar antes: en las escuelas y en los centros de salud, no minutos antes de la prueba. Si educamos en salud desde las aulas, reducimos el sufrimiento de los niños, el de sus familias y también el nuestro como profesionales. En la web https://www.cuentossanitarios.com y en el Aula Virtual (con demo y fichas en PDF) estamos organizando, por título, el cuento junto con una guía para el profesorado, una guía para el personal sanitario y un cuaderno de actividades. La idea es que familias, colegios y equipos de salud puedan preparar al niño con tiempo, con rigor y con cariño.
FUENTE: ConSalud.es


