El Dr. Roberto Martín Reyes es un destacado cardiólogo, actualmente liderando el servicio de cardiología en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz desde marzo de 2023. Su formación académica incluye un Doctorado en Neurociencias por la Universidad de Salamanca, obtenido en 2004. Entre sus contribuciones científicas, destaca la publicación “Monocyte Chemoattractant Protein-1 Is an Independent Predictor of Coronary Artery Ectasia in Patients with Acute Coronary Syndrome” en la revista J Clin Med en septiembre de 2020. Ha sido galardonado con el premio “Mejores médicos de España” en 2023, reflejando su excelencia en el campo de la cardiología. Además, es miembro activo de la Sociedad Española de Cardiología, lo que subraya su compromiso con el avance de la medicina cardiovascular. Su trayectoria profesional y académica lo posiciona como un referente en su especialidad, contribuyendo significativamente al desarrollo de técnicas avanzadas en el tratamiento de enfermedades coronarias.
Las enfermedades cardiovasculares continúan entre las principales causas de mortalidad y discapacidad, pese a que muchos de sus factores de riesgo son modificables. En este Día Mundial del Corazón, ¿qué mensaje considera prioritario trasladar a la población?
Respuesta.- El mensaje fundamental es que una parte muy importante de la enfermedad cardiovascular se puede prevenir. Muchas veces pensamos en el infarto o el ictus como acontecimientos inesperados, pero en realidad suelen ser el resultado de años de exposición a factores de riesgo como la hipertensión, el colesterol elevado, el tabaco, la diabetes, la obesidad, el estrés o el sedentarismo.
La prevención debe comenzar mucho antes de que aparezcan los síntomas. Conocer nuestra presión arterial, nuestros niveles de colesterol y glucosa, mantener un peso adecuado, hacer ejercicio regularmente y no fumar son medidas sencillas que pueden tener un enorme impacto.
Y añadiría algo importante: sentirse bien no significa necesariamente estar libre de riesgo cardiovascular. La hipertensión o el colesterol elevado pueden evolucionar durante años de forma completamente silenciosa.
“La actividad física debería entenderse casi como un tratamiento preventivo: no hace falta convertirse en deportista, pero sí reducir las horas que pasamos sentados, realizar ejercicio aeróbico y de fuerza regularmente y controlar desde edades tempranas nuestros principales factores de riesgo”
El sedentarismo, la obesidad y los malos hábitos alimentarios están aumentando en buena parte de la población. ¿Le preocupa especialmente cómo estos factores pueden modificar el perfil del paciente cardiovascular en los próximos años?
Respuesta.- Sí, y especialmente porque estamos viendo estos factores de riesgo a edades cada vez más tempranas. La obesidad y el sedentarismo no son problemas aislados: favorecen la aparición de hipertensión, resistencia a la insulina y diabetes tipo 2, alteraciones del colesterol y un estado inflamatorio que termina aumentando el riesgo cardiovascular.
Esto puede provocar una paradoja: disponemos de tratamientos cada vez mejores, pero podemos encontrarnos con pacientes cardiovasculares cada vez más jóvenes si no actuamos sobre los hábitos de vida.
Precisamente, el estudio REACT, liderado por el Dr. Borja Ibáñez, del CNIC, y presentado este año en el Congreso Europeo de Cardiología, ha aportado un dato especialmente llamativo: tras estudiar mediante técnicas de imagen a más de 16.800 personas sin enfermedad cardiovascular conocida, se detectó aterosclerosis ya en 1 de cada 13 jóvenes de entre 18 y 29 años, y progresa rápidamente tras la menopausia. Es una demostración muy gráfica de que la enfermedad cardiovascular puede comenzar décadas antes de producir un infarto o un ictus y avanzar de forma completamente silenciosa.
Por eso la prevención debe empezar pronto. La actividad física debería entenderse casi como un tratamiento preventivo: no hace falta convertirse en deportista, pero sí reducir las horas que pasamos sentados, realizar ejercicio aeróbico y de fuerza regularmente y controlar desde edades tempranas nuestros principales factores de riesgo.
La insuficiencia cardiaca representa uno de los grandes problemas ligados al envejecimiento de la población y genera además numerosos ingresos hospitalarios. ¿Estamos viviendo una auténtica revolución en su tratamiento?
Respuesta.- Sin duda. La insuficiencia cardiaca es probablemente una de las áreas de la Cardiología que más ha cambiado en los últimos años.
Hoy disponemos de varios grupos de medicamentos capaces de reducir hospitalizaciones y, en muchos pacientes, mejorar significativamente el pronóstico. Además, algunos tratamientos inicialmente desarrollados para la diabetes, como los inhibidores de SGLT2 o GLP-1, han demostrado beneficios cardiovasculares incluso en pacientes sin diabetes.
A ello se suman dispositivos, tratamientos percutáneos de determinadas valvulopatías, nuevas estrategias de monitorización y programas especializados de seguimiento.
Pero hay un mensaje preventivo que no debemos olvidar: la mejor insuficiencia cardiaca es la que conseguimos evitar. Hacer controles rutinarios en cardiología y controlar adecuadamente la hipertensión, la diabetes, la obesidad, la enfermedad coronaria y las valvulopatías puede prevenir o retrasar su aparición.
“(…) deberíamos extender mucho más la formación de la población en reanimación cardiopulmonar y utilización de desfibriladores externos automáticos. Saber realizar una RCP puede literalmente salvar una vida”
La muerte súbita sigue generando una enorme preocupación social porque en muchas ocasiones afecta de manera inesperada. ¿Qué hemos aprendido sobre su prevención y qué capacidad tenemos hoy para identificar a las personas con mayor riesgo?
Respuesta.- Hemos avanzado mucho, aunque todavía no podemos predecir todos los casos. Sabemos identificar determinados grupos de alto riesgo: pacientes con cardiopatías estructurales, antecedentes de infarto, determinadas arritmias o enfermedades hereditarias.
Por eso son especialmente importantes los síntomas de alarma. Un síncope durante el ejercicio, dolor torácico con el esfuerzo, palpitaciones asociadas a pérdida de conocimiento o antecedentes familiares de muerte súbita a edades jóvenes deben ser evaluados.
Y hay otra forma de prevención fundamental: cuando la parada cardiaca ya se ha producido. La supervivencia depende enormemente de los primeros minutos. Por eso deberíamos extender mucho más la formación de la población en reanimación cardiopulmonar y utilización de desfibriladores externos automáticos. Saber realizar una RCP puede literalmente salvar una vida.
“El Heart Team reúne a cardiólogos clínicos, intervencionistas, especialistas en imagen, cirujanos cardiovasculares y, cuando es necesario, otros profesionales para analizar conjuntamente los casos complejos”La genética está permitiendo identificar determinadas cardiopatías hereditarias y conocer mejor el riesgo individual. ¿Hasta qué punto puede cambiar la prevención cardiovascular en personas aparentemente sanas pero con predisposición genética?
Respuesta.- La genética está cambiando progresivamente nuestra forma de entender la prevención. Existen enfermedades como determinadas miocardiopatías, canalopatías o algunas formas de hipercolesterolemia familiar en las que identificar una alteración genética permite estudiar a familiares que aparentemente están completamente sanos.
Esto nos permite pasar de una medicina reactiva a una medicina cada vez más predictiva y preventiva.
Pero también debemos evitar un error: tener predisposición genética no significa necesariamente desarrollar una enfermedad. La genética debe interpretarse junto con la historia clínica, los antecedentes familiares, las pruebas cardiológicas y los factores ambientales.
Probablemente en el futuro combinaremos cada vez más información clínica, genética y de imagen para estimar de manera individualizada el riesgo de cada persona.
La cardiología intervencionista ha permitido tratar por catéter patologías que antes exigían cirugía abierta. ¿Hasta dónde cree que llegará esta tendencia hacia procedimientos cada vez menos invasivos?
Respuesta.- Estamos asistiendo a una transformación extraordinaria. Hace años, la Cardiología Intervencionista estaba fundamentalmente centrada en las arterias coronarias. Hoy podemos tratar mediante catéter muchas enfermedades estructurales del corazón.
El implante percutáneo de válvula aórtica es probablemente el ejemplo más conocido, pero también podemos tratar determinadas enfermedades de las válvulas mitral y tricúspide, cerrar defectos intracardiacos y realizar procedimientos cada vez más complejos sin necesidad de cirugía abierta.
La tendencia continuará hacia procedimientos menos invasivos, más precisos y con recuperaciones más rápidas.
Pero el objetivo nunca debe ser realizar un procedimiento por catéter simplemente porque técnicamente sea posible. El objetivo es seleccionar el tratamiento que ofrezca el mejor resultado para cada paciente, que en ocasiones podrá ser una cirugía abierta pero mínimamente invasiva.
El desarrollo de técnicas percutáneas ha modificado profundamente la relación entre Cardiología y Cirugía Cardiovascular. ¿Cómo ha evolucionado esa convivencia y hasta qué punto los llamados Heart Teams han mejorado la toma de decisiones?
Respuesta.- Ha cambiado completamente. Ya no deberíamos pensar en Cardiología Intervencionista y Cirugía Cardiovascular como especialidades que compiten por realizar un determinado procedimiento.
El Heart Team reúne a cardiólogos clínicos, intervencionistas, especialistas en imagen, cirujanos cardiovasculares y, cuando es necesario, otros profesionales para analizar conjuntamente los casos complejos.
Esto permite valorar no solamente qué procedimiento podemos realizar, sino cuál ofrece el mejor equilibrio entre beneficio, riesgo, durabilidad y calidad de vida para ese paciente concreto.
La medicina moderna es demasiado compleja para que determinadas decisiones dependan exclusivamente de una única especialidad. El paciente debe estar en el centro de la decisión.
“(…) hoy sabemos que corazón, riñón y metabolismo están íntimamente relacionados. La diabetes, la enfermedad renal, la obesidad y la insuficiencia cardiaca comparten mecanismos y factores de riesgo. Algo parecido ocurre con la cardio-oncología: conseguimos curar cada vez más cánceres y debemos asegurarnos también de proteger el corazón durante y después de determinados tratamientos”
Algunos pacientes cardiovasculares presentan enfermedades renales, metabólicas, neurológicas u oncológicas de forma simultánea. ¿Se ha convertido el trabajo multidisciplinar en una necesidad más que en una opción?
Respuesta.- Absolutamente. Cada vez atendemos pacientes de mayor edad, con más enfermedades asociadas y tratamientos más complejos.
Además, hoy sabemos que corazón, riñón y metabolismo están íntimamente relacionados. La diabetes, la enfermedad renal, la obesidad y la insuficiencia cardiaca comparten mecanismos y factores de riesgo. Algo parecido ocurre con la cardio-oncología: conseguimos curar cada vez más cánceres y debemos asegurarnos también de proteger el corazón durante y después de determinados tratamientos.
Por eso necesitamos pasar de tratar enfermedades aisladas a tratar integralmente a la persona. La colaboración entre especialidades ya no es un valor añadido; en muchos pacientes es imprescindible para ofrecer una medicina de calidad.
A pesar de todos los avances científicos, los hábitos de vida continúan teniendo un peso enorme en el riesgo cardiovascular. ¿Existe el peligro de confiar demasiado en la tecnología y los medicamentos y olvidar las medidas más básicas de prevención?
Sí. Tenemos medicamentos extraordinarios, técnicas de imagen cada vez más precisas, inteligencia artificial, dispositivos y procedimientos intervencionistas impensables hace apenas unas décadas. Pero ninguna tecnología debería hacernos olvidar los fundamentos.
No fumar, hacer ejercicio, mantener un peso saludable, cuidar la alimentación, dormir adecuadamente y controlar la presión arterial, el colesterol y la glucosa siguen siendo pilares de la prevención cardiovascular.
Respuesta.- La tecnología y los medicamentos no sustituyen a los hábitos saludables; los complementan cuando son necesarios.
En Cardiología somos capaces de abrir una arteria coronaria o implantar una válvula mediante un catéter, pero sería mucho mejor conseguir que muchas de esas personas nunca llegaran a necesitar esos procedimientos.
“(…) la prevención cardiovascular no empieza cuando aparece una enfermedad; empieza muchos años antes. Cuidar el corazón hoy es probablemente una de las mejores inversiones que podemos hacer para nuestra salud futura”
p style=”font-weight: 400; text-align: justify;”>Y para cerrar, en un Día Mundial del Corazón, ¿qué tres decisiones concretas recomendaría incorporar desde mañana a cualquier persona que quiera proteger su salud cardiovascular a largo plazo?
Respuesta.- Propondría tres decisiones muy sencillas.
Primera: moverse todos los días. Caminar, subir escaleras, practicar algún deporte y añadir ejercicio de fuerza. El enemigo no es solamente no hacer deporte; también lo son las muchas horas que pasamos sentados.
Segunda: conocer nuestros números. Presión arterial, colesterol, glucosa y peso. No podemos prevenir aquello que desconocemos, y muchos factores de riesgo cardiovascular no producen síntomas.
Tercera: eliminar el tabaco, control del estrés y cuidar lo que comemos. Priorizar verduras, frutas, legumbres, frutos secos, pescado y aceite de oliva, y reducir alimentos ultraprocesados, azúcares y exceso de sal.
Y resumiría todo el Día Mundial del Corazón en una idea: la prevención cardiovascular no empieza cuando aparece una enfermedad; empieza muchos años antes. Cuidar el corazón hoy es probablemente una de las mejores inversiones que podemos hacer para nuestra salud futura.


