Un estudio en adultos con epilepsia resistente a los medicamentos relaciona el consumo casi diario de cannabis con más crisis y una aparición más temprana de la resistencia al tratamiento
El consumo frecuente de cannabis podría estar relacionado con una mayor gravedad de las crisis epilépticas en adultos con epilepsia resistente a los medicamentos. Así lo apunta un estudio dirigido por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en San Luis (WashU Medicine), que ha observado que los consumidores casi diarios presentaban más del doble de convulsiones al año que quienes no consumían cannabis.
El trabajo, publicado el 28 de septiembre en la revista ‘Epilepsia’, analizó a 64 adultos con epilepsia resistente a los fármacos, es decir, pacientes en los que al menos dos medicamentos anticonvulsivos no habían conseguido controlar adecuadamente las crisis. Los participantes fueron atendidos en una unidad especializada de monitorización de epilepsia, donde se registra la actividad cerebral para valorar posibles cambios en el tratamiento o la necesidad de cirugía.
De los pacientes estudiados, 22 declararon consumir cannabis de forma frecuente, al menos 20 días al mes, mientras que otros 42 no lo consumían. Entre los usuarios habituales, el 90% presentó crisis tónico-clónicas generalizadas, también conocidas como crisis de gran mal, que se encuentran entre las manifestaciones más graves de la epilepsia y pueden asociarse a lesiones y a un mayor riesgo de muerte súbita relacionada con la enfermedad. Entre los no consumidores, aproximadamente la mitad no presentó este tipo de crisis.
Más crisis y resistencia al tratamiento
Otra de las diferencias observadas por los investigadores fue la rapidez con la que estos pacientes llegaron a necesitar atención especializada. Los consumidores frecuentes ingresaron en la unidad de monitorización una media de cinco años después de su primera convulsión, frente a los 18 años registrados entre quienes no consumían cannabis. Además, fueron dados de alta con un mayor número de medicamentos anticonvulsivos pese a llevar menos tiempo conviviendo con la epilepsia.
Los autores señalan que los resultados no permiten demostrar que el cannabis sea la causa del empeoramiento de la epilepsia. Sin embargo, consideran que la asociación observada justifica seguir investigando la relación entre el consumo frecuente y la evolución de las crisis. “No existen datos concluyentes que demuestren que el consumo de cannabis empeore la epilepsia”, afirmó Aaron F. Struck, profesor asociado de Neurología en WashU Medicine y autor principal del estudio.
El investigador considera especialmente relevante abordar el consumo de cannabis con los pacientes que recurren a esta sustancia para tratar problemas como la ansiedad o las dificultades para dormir. “Pero si alguien usa cannabis para aliviar la ansiedad o los problemas de sueño, prefiero tratar esos problemas con medicamentos que conocemos bien, en lugar de algo que no está regulado y cuyo impacto en el cerebro desconocemos”, señaló.
Cannabis recreativo y cannabidol no son lo mismo
Los investigadores también ponen el foco en una diferencia importante: el cannabis recreativo no debe confundirse con los medicamentos basados en cannabidiol (CBD) utilizados para determinadas epilepsias. Una forma purificada de CBD está aprobada en Estados Unidos para algunas formas graves de epilepsia, pero estos tratamientos no contienen tetrahidrocannabinol (THC), el principal compuesto psicoactivo del cannabis.
El estudio surgió a partir de la observación clínica de Struck, que comenzó a detectar entre algunos pacientes jóvenes con epilepsia grave un patrón que no encajaba con los factores de riesgo habituales. “Atendía a pacientes con convulsiones terribles, epilepsia muy grave, que no presentaban ninguno de los factores de riesgo habituales”, explicó. “Lo único que tenían en común era el consumo frecuente de cannabis de alta potencia”.
Otro de los datos que llamó la atención de los investigadores fue que, en los 15 consumidores frecuentes de los que pudieron reconstruir el historial clínico, todos habían comenzado a consumir cannabis antes de sufrir su primera convulsión. Esto hace menos probable, según los autores, que el consumo se iniciara como consecuencia de la propia epilepsia o con la intención de aliviar sus síntomas.
Los investigadores también observaron que las resonancias magnéticas de los consumidores frecuentes eran, en general, normales, pese a la gravedad de sus crisis. Struck plantea que esto podría apuntar a alteraciones en el funcionamiento de los circuitos cerebrales más que a lesiones estructurales visibles, aunque esta hipótesis deberá confirmarse en futuras investigaciones. El equipo ya trabaja en un estudio multicéntrico más amplio que incorporará datos sobre la cantidad, edad de inicio y forma de consumo y utilizará medidas objetivas para determinar la exposición al cannabis.
“En este momento, la respuesta honesta cuando un paciente pregunta si su consumo de cannabis está afectando sus convulsiones es que no estamos seguros”, afirmó Santiago Philibert-Rosas, primer autor del trabajo. “Estudios más amplios nos ayudarán a darles una respuesta real —qué tan importante es y si dejar de consumirlo ayuda— para que puedan tomar una decisión informada”.
FUENTE: ConSalud.es


