Europa plantea cambiar los cribados de cáncer: de la edad al riesgo individual

El Observatorio Europeo de Sistemas y Políticas de Salud analiza el avance hacia programas que adapten las pruebas y su frecuencia al riesgo individual para concentrar los recursos en quienes más pueden beneficiarse

Los programas de cribado del cáncer se encuentran ante un posible cambio de enfoque en Europa. Frente a los modelos que tradicionalmente han definido la población candidata principalmente mediante criterios amplios de edad y sexo, el avance en el conocimiento de los factores de riesgo permite plantear estrategias más individualizadas. Un informe del Observatorio Europeo de Sistemas y Políticas de Salud analiza la estratificación por riesgo como una de las principales innovaciones para mejorar la eficiencia de los programas y adaptar el recorrido de cada persona a su probabilidad de desarrollar cáncer.

La propuesta parte de una limitación del modelo tradicional. Aunque la edad es uno de los predictores más importantes del riesgo de cáncer y ha permitido desarrollar estrategias eficaces a escala poblacional, el documento advierte de que se trata de una aproximación relativamente poco precisa. El riesgo real puede variar considerablemente en función de la genética, las características físicas, los antecedentes personales y familiares, el estilo de vida o la exposición a factores ambientales.

La estratificación busca dividir a la población candidata en diferentes niveles de riesgo y asignar a cada uno un itinerario de cribado específico. Esto permitiría priorizar los recursos en las personas con mayor probabilidad de beneficiarse, al tiempo que podría reducir los perjuicios derivados de las pruebas en quienes presentan menor riesgo y ahorrar costes al sistema sanitario. Ya se han desarrollado calculadoras de riesgo para los cánceres de mama, colorrectal, cuello uterino, pulmón y próstata, y existen estudios piloto en marcha en diferentes países europeos.

El cambio puede afectar no solo a quién se somete al cribado, sino también a qué prueba se utiliza, con qué frecuencia se repite y qué seguimiento se realiza. En cáncer colorrectal, por ejemplo, la concentración de hemoglobina obtenida mediante el test inmunoquímico fecal puede combinarse con otros factores y con resultados de rondas anteriores. En cáncer de cuello uterino pueden incorporarse el genotipo del VPH y el estado de vacunación; en pulmón, factores sanitarios y socioeconómicos además de la edad y el tabaquismo; y en próstata, diferentes niveles de PSA están siendo estudiados para distinguir entre cánceres clínicamente significativos e insignificantes.

Estimación de riesgo génico de sufrir cáncer

La personalización podría llegar incluso a incorporar información genética mediante las denominadas puntuaciones de riesgo poligénico (PSR, por sus siglas en inglés), que cuantifican cómo el perfil genético de una persona puede predisponerla al cáncer. El informe señala que su inclusión mejora el funcionamiento de algunas calculadoras para cáncer de mama y colorrectal, pero advierte de importantes limitaciones: requerirían un amplio acceso a pruebas genéticas, presentan costes de implantación elevados y todavía existe evidencia limitada sobre su viabilidad en población sana. Además, su capacidad predictiva es peor en poblaciones no europeas, añade el informe Innovations in population-based cancer screening programmes.

Uno de los ejemplos más avanzados se encuentra en el cáncer de próstata. Irlanda participa en el proyecto europeo PRAISE-U con un piloto que combina la estratificación del riesgo con un test de PSA autoadministrado en casa mediante una punción en el dedo. Según el protocolo, los hombres con PSA inferior a 1 ng/ml repetirían el cribado cada cinco años; entre 1 y 3 ng/ml, cada dos años; y quienes superen los 3 ng/ml son derivados a resonancia magnética para clasificarlos posteriormente según su nivel de riesgo y decidir si necesitan biopsia.

Los primeros resultados muestran el potencial de este planteamiento para evitar procedimientos innecesarios. A marzo de 2026 se habían incorporado al piloto 1.613 hombres, equivalentes al 15% del objetivo de reclutamiento; un 13% presentó resultados anormales de PSA, un 22% fue clasificado como de bajo riesgo y el 36% evitó una biopsia. El documento considera que estos hallazgos iniciales apuntan a que el cribado estratificado del cáncer de próstata puede reducir investigaciones innecesarias, aunque señala como prioridades mejorar la participación, perfeccionar los algoritmos y ampliar la recogida de datos.

El cáncer de pulmón ofrece otro ejemplo de cómo seleccionar a la población por riesgo puede cambiar los resultados del cribado. El ensayo británico UKLS utilizó variables como duración del tabaquismo, antecedentes de enfermedades respiratorias y cáncer, historia familiar y exposición laboral al amianto para determinar qué personas debían someterse a una tomografía computarizada de baja dosis. El estudio determinó que se podría detectar el 86% de los cánceres de pulmón en una fase temprana, antes de que produjeran síntomas.

Posteriormente, varios pilotos comunitarios desarrollados en Manchester, Liverpool y el norte de Londres se enfocaron especialmente a zonas con mayor incidencia de cáncer de pulmón y desventaja socioeconómica. En Manchester, se consiguieron detectar el 80% de los cánceres en fases iniciales y mostraron una elevada participación de los grupos socioeconómicamente más desfavorecidos.

La experiencia terminó impulsando el programa inglés Targeted Lung Health Check. Hasta marzo de 2025, más de 2,5 millones de personas habían sido invitadas a una evaluación del riesgo y se habían diagnosticado más de 7.000 cánceres de pulmón, el 75% en estadios I o II. Cerca del 70% del cribado se realizó mediante unidades móviles y el programa mostró que las personas residentes en las zonas más desfavorecidas tenían más probabilidades de recibir un diagnóstico en una fase temprana que las de áreas menos desfavorecidas.

El informe del Observatorio Europeo de los Sistemas Sanitarios, advierte, sin embargo, de que trasladar estos modelos a la práctica exige infraestructuras de datos sólidas, validación y formación profesional. Las calculadoras deben comprobarse específicamente en las poblaciones donde vayan a utilizarse para reducir errores y sesgos, mientras que Atención Primaria aparece como el entorno probablemente más adecuado para gestionar la evaluación del riesgo por su papel en la prevención. También será necesario explicar adecuadamente a los ciudadanos por qué una persona puede recibir más pruebas y otra menos: el documento identifica incluso cierto escepticismo entre las personas clasificadas como de bajo riesgo ante la reducción de la intensidad del cribado, que algunas pueden interpretar como una medida destinada a ahorrar costes.

 

Xavi Mascarell
Xavi Mascarell
Colaborador habitual, de profesión sanitario, su interés se centra en las especialidades médicas, las asociaciones profesonales del sector y la actividad hospitalaria. Ha seguido de cerca avances en epidemiología, vacunas y prevención de la salud.

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