Los trastornos de salud mental afectan a más de un 35% de la población española y España está entre los países con mayor consumo de benzodiacepinas y antidepresivos.El consumo de psicofármacos presenta un gradiente social: a menor nivel de renta, mayor consumo, en un contexto en el que los determinantes sociales condicionan también la salud mental y en el que las desigualdades en empleo, vivienda, precariedad, violencia o redes de apoyo no pueden quedar fuera del abordaje del sufrimiento psíquico.La semFYC defiende impulsar la deprescripción individualizada de psicofármacos cuando una reevaluación del tratamiento determine que el balance entre sus beneficios y sus posibles riesgos ya no está plenamente justificado, siempre mediante una decisión compartida con el paciente y evitando retiradas bruscas.
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9 de octubre de 2026. Con motivo del Día Mundial de la salud mental, la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC) hace un llamamiento hacia un uso racional de de los fármacos en trastornos como la ansiedad y depresión. Según los datos de la Base de Datos Clínicos de Atención Primaria (BDCAP) del Ministerio de Sanidad, el 34% de la población española presenta algún tipo de problemática de salud mental. La ansiedad y la depresión se encuentran entre los problemas más frecuentes en Atención Primaria, donde alcanzan una prevalencia de hasta el 30% y el 20%, respectivamente. Ante esta realidad, la semFYC defiende un abordaje que permita adecuar el uso de los psicofármacos a las necesidades de cada persona y reforzar en consulta las alternativas terapéuticas no farmacológicas cuando estén indicadas. Especialmente significativo es el incremento de los diagnósticos de depresión entre los jóvenes de 15 a 29 años, que aumentaron un 148% desde 2014 y no han retrocedido tras la pandemia. En este grupo, además, el 59% reconoce haber tenido problemas de salud mental. Los datos muestran también un incremento de los trastornos del sueño y de la alimentación, en un contexto en el que resulta necesario prestar atención a los cambios sociales y a los determinantes que están condicionando la salud mental de las nuevas generaciones. |
Asimismo, en comparación con varios países miembros de la OCDE, España ocupa una posición destacada en el consumo global de benzodiacepinas y antidepresivos y su prescripción se encuentra actualmente en aumento4. Prevalencia en consulta Los especialistas de Medicina Familiar y Comunitaria ven con frecuencia en consulta a pacientes que manifiestan malestares emocionales o psicológicos que, en muchos casos, no responden a trastornos mentales graves que requieran abordaje farmacológico, sino a problemas cotidianos de la vida. “El simple hecho de que alguien llegue a la consulta por situaciones de malestar que podemos considerar congruentes con circunstancias vitales nos debe hacer replantearnos qué está ocurriendo con las herramientas colectivas de sostén del sufrimiento. No es baladí que hayan aumentado muchísimo más las consultas relacionadas con sufrimiento psíquico en Atención Primaria de lo que han aumentado las derivaciones”, señala Víctor Expósito, médico de familia y comunitaria y coordinador del grupo de trabajo de Salud Mental de la semFYC. Para el experto, manuales como El DSM-V y el CIE-11, aunque pueden ser útiles para la investigación o la solicitud de prestaciones, son herramientas descriptivas que “cuantifican síntomas, su duración y su gravedad con el fin de clasificar la situación que vive la persona entre una lista de trastornos y acaban generando soluciones de medicalización para malestares esperables en contextos de precariedad”. El contexto de precarización también se refleja en el consumo de psicofármacos, que presenta un claro gradiente social: a menor nivel de renta, mayor consumo. Para la semFYC, este patrón pone de manifiesto que las desigualdades sociales no solo condicionan el riesgo de sufrir problemas de salud mental, sino también la respuesta que se da a ese sufrimiento. “Al ignorar los gradientes sociales y no plantear soluciones basadas en la justicia social y la equidad, acabamos medicalizando problemas que tienen también un origen social”, señala Expósito. Por el contrario, la semFYC defiende la necesidad de mirar más allá del síntoma para entender el malestar psíquico en su contexto social y apoya un abordaje biopsicosocial en salud mental, que evalúa también factores socioeconómicos, apoyo familiar, vivienda, empleo, etc., tal y como establece la Estrategia de Salud Mental del SNS5,6. “En ocasiones el mejor medicamento es la justicia social, y esto es especialmente aplicable al sufrimiento mental. La prevención primaria en este caso pasa por conseguir estrategias capaces de reducir las inequidades”, defiende Expósito. Esto se traduce, por ejemplo, en reducir el estrés relacionado con el trabajo y la precariedad laboral e identificar y dar solución a situaciones de violencia y maltrato, especialmente sobre las mujeres y la infancia. Reducir la prescripción no es renunciar a tratar el trastorno En estas circunstancias, la sociedad científica insiste en que es necesario buscar soluciones más allá de los fármacos y promover las acciones de deprescripción y terapias no farmacológicas. Este tema será uno de los que se abordará en el próximo XLVI Congreso de la semFYC, que se celebrará del 5 al 7 de noviembre en Las Palmas de Gran Canaria. La deprescripción requiere una valoración individualizada y un seguimiento clínico. Antes de retirar un psicofármaco es necesario reevaluar su indicación y el balance beneficio-riesgo actual, teniendo en cuenta la evolución de la persona, sus circunstancias y las alternativas terapéuticas disponibles. La decisión debe acordarse con el paciente y, cuando esté indicada la retirada, realizarse generalmente de forma gradual, con un ritmo adaptado a cada caso y anticipando los posibles síntomas de abstinencia. La comunicación y el acompañamiento profesional son especialmente importantes en personas con tratamientos prolongados, intentos previos de retirada, comorbilidad psiquiátrica o ausencia de apoyos sociales. Por el contrario, medicalizar todos los problemas de salud mental puede suponer un mayor riesgo de sobreutilización de intervenciones sanitarias, lo que afecta tanto a la salud de las personas como a la sostenibilidad del sistema sanitario. Por ejemplo, apunta Expósito, los riesgos a largo plazo del consumo diario de benzodiacepinas, aunque son bien conocidos (tolerancia, dependencia, deterioro cognitivo, caídas en mayores)7, se pasan por alto ante la incapacidad de establecer alternativas en muchos casos. Frente a la respuesta exclusivamente farmacológica, la semFYC defiende ampliar las opciones terapéuticas disponibles desde Atención Primaria y adaptarlas a las necesidades de cada persona. Entre ellas, se encuentran intervenciones psicológicas como la terapia cognitivo-conductual, la actividad física, las estrategias de resolución de problemas y los ejercicios de relajación, así como intervenciones comunitarias, grupos de apoyo y talleres de manejo del estrés. El objetivo no es sustituir sistemáticamente los medicamentos, sino evitar que sean la única respuesta ante situaciones en las que existen otras intervenciones eficaces y adecuadas. Los profesionales de Atención Primaria son los que tienen mayor conocimiento de la historia longitudinal del paciente, lo que convierte este nivel asistencial en el ámbito idóneo para coordinar alternativas no farmacológicas. Los profesionales tienen disponibles guías clínicas que les permiten reevaluar el balance riesgo-beneficio de diferentes tipos de fármacos. “Cualquier fármaco en salud mental está sujeto a controles periódicos y debemos descartar la idea de que hay fármacos que son para toda la vida y evitar la inercia terapéutica en este tipo de terapias. Cuando un paciente con ansiedad o depresión consigue una solución habitacional o un trabajo en el que sentirse realizado, se aleja de situaciones de violencia o refuerza su autoconocimiento y autoestima es muy posible que haya que replantear el tratamiento farmacológico”, explica el experto. Es frecuente que, ante el rechazo profesional a retirar el fármaco, allegados y pacientes decidan por su cuenta retirarlo de forma abrupta, al contrario de lo que habitualmente se aconseja. “Existen algoritmos específicos para cada clase de psicofármaco, pero en muchas ocasiones basta con pararse a hablar y entender a la persona que tenemos delante y abandonar el pensamiento de que hay soluciones claras y sencillas que funcionan igual para todo el mundo”, observa Expósito. Para cualquier acción de deprescripción es clave la colaboración del paciente, que con frecuencia puede ser reticente a renunciar al medicamento. El experto de la semFYC reconoce que en ocasiones es difícil diferenciar entre la dependencia fisiológica y la fuerza de cierto estigma o dificultad internalizada que actúa como barrera (“Sin pastillas no puedo”, “Sin esa pastilla no duermo nada”…). “Las intervenciones requieren comunicar y hablar sobre los mecanismos de abstinencia y adelantarnos a los síntomas que puedan sentir, transmitir seguridad y confianza con cercanía y asegurar que los ritmos son individualizados. Cuando se entiende que el malestar es temporal y se refuerzan y validan las estrategias de afrontamiento activas, la adherencia a la deprescripción mejora significativamente. Es importante a veces explicitar que no se perderá el apoyo y el acompañamiento del profesional si las cosas no salen como esperábamos”, apunta el coordinador del grupo de trabajo de Salud Mental. Hay que prestar especial atención en quienes han hecho un uso prolongado, tienen múltiples intentos previos de retirada, comorbilidad psiquiátrica o bien carecen de apoyos sociales. Como recuerda la semFYC, el abordaje del sufrimiento psíquico y la desmedicalización de determinados malestares emocionales no tienen respuestas sencillas ni soluciones que funcionen igual para todas las personas. La clave está en comprender el contexto de cada paciente, valorar de forma individualizada las distintas opciones terapéuticas y mantener aquellas intervenciones cuyo beneficio siga justificando sus posibles riesgos. SOCIEDAD ESPAÑOLA DE MEDICINA DE FAMILIA Y COMUNITARIA (semFYC) La semFYC es la federación de las 17 Sociedades de Medicina de Familia y Comunitaria que existen en España y agrupa a más de 22.000 médicos y médicas de familia. La especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria trabaja para mejorar la atención a la salud de la ciudadanía a través de una atención cercana, longitudinal, integral y centrada en las personas, sus familias y su entorno comunitario.
REFERENCIAS 1. Informe Anual del Sistema Nacional de Salud 2024. Disponible en: https://www.sanidad.gob.es/estadEstudios/estadisticas/sisInfSanSNS/tablasEstadisticas/InfAnual2024/INFORME_ANUAL_2024.pdf2. https://www.semfyc.es/actualidad/la-semfyc-pide-actualizar-el-abordaje-de-la-salud-mental-juvenil-en-atencion-primaria-enfocandose-en-prevencion-y-reduccion-del-uso-de-benzodiacepinas3. Gómez Miguel, A., Sanmartín Ortí, A. y Kuric Kardelis, S. (2025). Barómetro Juventud, Salud y Bienestar 2025. Centro Reina Sofía de Fad Juventud. https://doi.org/10.5281/zenodo.155745904. Vicens Caldentey C, Sempere Verdú E. Consumo de psicofármacos. Rev Clín Med Fam. 2025;18(4):296-298. DOI: 10.55783/rcmf.1804014. Plan de acción de salud mental 2025-2027. Disponible en: https://www.sanidad.gob.es/areas/calidadAsistencial/estrategias/saludMental/docs/Plan_accion_salud_mental_2025_27.pdf5. Kirkbride, J.B., Anglin, D.M., Colman, I., Dykxhoorn, J., Jones, P.B., Patalay, P., Pitman, A., Soneson, E., Steare, T., Wright, T. and Griffiths, S.L. (2024), The social determinants of mental health and disorder: evidence, prevention and recommendations. World Psychiatry, 23: 58-90. https://doi.org/10.1002/wps.211606. Peñarrubia-María MT, Parker LA, Puig-García M, Fuente-Moreno M, Lumbreras B, Lopez-Pintor E, et al. Challenge of long-term benzodiazepine use in primary care: insights from a real-world cohort study in Catalonia. Family Medicine and Community Health. 2025;13:e003233. https://doi.org/10.1136/fmch-2024-0032337. Rodríguez Tejada A, Torres Tejera ME. Estrategias no farmacológicas en el tratamiento de la ansiedad. Aten Primaria Prac. 2024;6: https://www.elsevier.es/es-revista-atencion-primaria-practica-24-articulo-estrategias-no-farmacologicas-el-tratamiento-S26050730240000388. Noetel M, Sanders T, Gallardo-Gómez D, Taylor P, del Pozo Cruz B, van den Hoek D et al. Effect of exercise for depression: systematic review and network meta-analysis of randomised controlled trials BMJ 2024; 384 :e075847 doi:10.1136/bmj-2023-07
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