La doctora Marta Martín Millán es especialista en Medicina Interna del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla de Santander y profesora asociada del Departamento de Medicina y Psiquiatría de la Universidad de Cantabria. Licenciada en Medicina por esta universidad en 1999, realizó su formación MIR en Medicina Interna en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla y obtuvo el título de Doctora por la Universidad de Cantabria en 2009. Entre 2006 y 2009 llevó a cabo una estancia predoctoral en la Universidad de Arkansas para Ciencias Médicas, en Little Rock (Estados Unidos), donde investigó el papel de los receptores de estrógenos en la biología ósea. Entre 2020 y 2025 ejerció además como tutora de residentes.
Su actividad asistencial e investigadora está especialmente vinculada a la Unidad de Metabolismo Óseo y Mineral del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla y al Instituto de Investigación Marqués de Valdecilla (IDIVAL), con líneas de trabajo relacionadas con el metabolismo óseo y mineral, la osteoporosis y el metabolismo lipídico. El Portal del Investigador de la Universidad de Cantabria recoge actualmente 19 publicaciones, dos proyectos de investigación y una tesis doctoral dirigida. Su producción científica incluye trabajos sobre osteoporosis, metabolismo óseo, receptores de estrógenos y enfermedades metabólicas óseas, además de su participación como ponente y docente en numerosos cursos, seminarios, reuniones y congresos científicos.
Entre 2022 y 2025 fue secretaria de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Investigación Ósea y del Metabolismo Mineral (SEIOMM). Asimismo, es codirectora de la Revista de Osteoporosis y Metabolismo Mineral (ROMM), órgano oficial de expresión científica de la SEIOMM y de la Sociedad Iberoamericana de Osteología y Metabolismo Mineral (SIBOMM). Continúa desarrollando una activa labor científica: en 2025 participó en la actualización de las guías de manejo de la osteoporosis de la SEIOMM y en 2026 figura como autora de nuevos trabajos sobre enfermedades metabólicas óseas, osteoporosis de inicio precoz y otros ámbitos del metabolismo óseo y cardiovascular.
Hoy, 20 de octubre se celebra el Día Mundial de la Osteoporosis. Más allá de recordar una vez al año la importancia de esta enfermedad, ¿qué aspecto de la osteoporosis cree que continúa siendo insuficientemente conocido por la sociedad y debería ocupar el centro de la conversación pública?
Respuesta.- La osteoporosis es una enfermedad sistémica y progresiva que permanece silente hasta que, en muchos casos, se produce una fractura. Y una fractura por fragilidad puede tener consecuencias devastadoras, tanto en términos de mortalidad como de pérdida de autonomía y dependencia funcional. Tras una fractura de cadera, por ejemplo, la mortalidad durante el primer año puede aproximarse al 30 % en determinados grupos de pacientes. Además, una proporción importante de quienes sobreviven no recupera su situación funcional previa. Por tanto, la osteoporosis no es simplemente un problema de densidad ósea: es una enfermedad con importantes consecuencias personales, familiares y sociales, cuya verdadera magnitud todavía no es suficientemente conocida por la población.
“La osteoporosis no es simplemente un problema de densidad ósea, tanto en términos de mortalidad como de pérdida de autonomía y dependencia funcional”
Si este Día Mundial tuviera que servir para conseguir un cambio concreto en los próximos años, ya sea entre los pacientes, los profesionales sanitarios o las administraciones, ¿cuál considera que debería ser prioritario?
Respuesta.- La osteoporosis es frecuente en ciertas poblaciones. Además, existen factores clínicos bien conocidos que ayudan a identificar a las personas en riesgo de sufrir una fractura. Hay que concienciar sobre la prevención primaria, que puede empezar incluso en la juventud fomentando el ejercicio físico de impacto y una nutrición adecuada. Y desde luego, hay que concienciar sobre la prevención secundaria. Cualquier persona que haya sufrido una fractura por fragilidad ósea debería de recibir un tratamiento. Los médicos debemos estar familiarizados con la osteoporosis para pensar en ella, igual que pensamos en la diabetes o en la hipertensión para prevenir los infartos.
Valdecilla cuenta con una trayectoria importante en investigación del metabolismo óseo. ¿Qué preguntas científicas sobre osteoporosis se están intentando responder actualmente desde Cantabria que todavía no tienen una respuesta satisfactoria?
Uno de los aspectos que nos interesa especialmente es esclarecer el papel de nuevos factores de riesgo relacionados con el envejecimiento biológico, como la senescencia celular y la hematopoyesis clonal. Ambos procesos podrían ayudarnos a comprender mejor por qué algunas personas desarrollan fragilidad ósea o sufren fracturas, incluso cuando los factores de riesgo tradicionales no explican suficientemente su situación. Profundizar en estos mecanismos podría abrir nuevas vías para identificar a las personas más vulnerables y desarrollar estrategias de prevención y tratamiento más individualizadas.
Parte de la investigación realizada desde Valdecilla utiliza cohortes de población de Cantabria seguidas durante años. ¿Qué valor tiene disponer de pacientes estudiados durante periodos prolongados frente a obtener únicamente una fotografía puntual de su salud ósea?
Respuesta.- El seguimiento longitudinal permite observar cómo evoluciona la densidad mineral ósea y cómo se relacionan distintos factores con la aparición de fracturas a lo largo del tiempo. A diferencia de una evaluación puntual, permite estudiar la secuencia temporal de los acontecimientos, establecer asociaciones que ayuden a formular hipótesis sobre posibles relaciones causales y desarrollar modelos predictivos.
También resulta esencial para evaluar los efectos de los tratamientos a largo plazo, su persistencia, la adherencia, la seguridad y las consecuencias de interrumpirlos. En definitiva, seguir a una población durante años nos permite comprender mejor la historia natural de la enfermedad y obtener información que difícilmente conseguiríamos mediante estudios transversales.
Usted ha participado recientemente en un trabajo que aplica métodos de machine learning para valorar el riesgo de fractura en mujeres posmenopáusicas. ¿Qué pretendían descubrir que las herramientas tradicionales no permiten identificar suficientemente?
Respuesta.- El estudio pretendía mejorar la identificación de las mujeres posmenopáusicas con mayor riesgo de fractura mediante técnicas de aprendizaje automático (machine learning). Para ello, desarrollamos modelos a partir de dos cohortes independientes, con un seguimiento de entre 8 y 10 años y validación externa de los resultados.
“La osteoporosis está relacionada con el envejecimiento, pero este no explica por sí solo toda su complejidad”
Uno de los hallazgos más interesantes fue la importancia del antecedente de fractura, la densidad mineral ósea, la PTH y la vitamina D en la predicción del riesgo. En particular, la PTH aportó información relevante que no contemplan habitualmente los algoritmos de predicción de riesgo clásicos como FRAX. Los modelos alcanzaron una capacidad predictiva elevada.
El objetivo no trata de sustituir herramientas consolidadas como FRAX, sino explorar si la integración de nuevas variables y métodos capaces de identificar relaciones complejas puede mejorar la estratificación del riesgo y, en el futuro, ayudarnos a individualizar mejor las decisiones clínicas.
También ha participado en la actualización de las guías de la SEIOMM tras la incorporación de la abaloparatida. ¿Qué aporta este medicamento al tratamiento de la osteoporosis y qué pacientes pueden beneficiarse especialmente de disponer de otra opción osteoformadora?
Respuesta.- La abaloparatida amplía las opciones de tratamiento osteoformador para la osteoporosis. Es un fármaco relacionado con la teriparatida, aunque con características farmacológicas propias, que actúa sobre el receptor PTH1 y estimula la formación de hueso. Su principal interés clínico es disponer de otra alternativa para pacientes con osteoporosis y riesgo muy elevado de fractura, especialmente cuando se necesita una estrategia terapéutica osteoformadora.
La elección debe individualizarse teniendo en cuenta el riesgo de fractura, los antecedentes clínicos, las características de cada tratamiento y la estrategia terapéutica posterior. No se trata simplemente de disponer de un nuevo medicamento, sino de poder adaptar mejor el tratamiento a las necesidades de cada paciente.
Parte de su formación investigadora la realizó en Estados Unidos estudiando el papel del receptor de estrógenos en la biología ósea. Desde esa experiencia internacional, ¿ha cambiado mucho la manera de investigar el hueso y la osteoporosis en España durante las últimas dos décadas?
Respuesta.- Aquí y allí, antes y ahora, puede que algunas preguntas de las que el investigador parte sean parcialmente diferentes y las técnicas para responderlas eventualmente también, pero el marco y la técnica de pensamiento así como el planteamiento de hipótesis es, desde luego, el mismo, antes y ahora. Y tanto en España como en Estados Unidos.
“Cualquier persona que haya sufrido una fractura por fragilidad ósea debería de recibir un tratamiento”
¿Cuál es actualmente la gran pregunta sobre osteoporosis que la ciencia todavía no sabe responder y cuya resolución cambiaría realmente la evolución de la enfermedad?
Respuesta.- Una de las grandes preguntas es por qué, ante un proceso de envejecimiento aparentemente similar, algunas personas desarrollan una fragilidad ósea importante y sufren fracturas, mientras que otras mantienen una buena resistencia del esqueleto durante mucho más tiempo.
La osteoporosis está relacionada con el envejecimiento, pero este no explica por sí solo toda su complejidad. Profundizar en los mecanismos celulares y moleculares que convergen durante el envejecimiento podría permitir identificar nuevas vías de señalización implicadas en la enfermedad. Si conseguimos comprender mejor esos mecanismos, podremos avanzar hacia estrategias de prevención y tratamiento que no se limiten a frenar la pérdida ósea, sino que actúen de manera más precisa sobre sus causas.
¿Es razonable pensar que podremos llegar a predecir con suficiente precisión una fractura antes de que se produzca y actuar sobre ese riesgo de forma individualizada, o existe un límite biológico que probablemente nunca podremos superar?
Respuesta.- Es razonable y, de hecho, es lo que intentamos hacer ya en la práctica clínica: estimar el riesgo de fractura antes de que se produzca y actuar para reducirlo. Actualmente disponemos de herramientas útiles, aunque ninguna permite predecir con absoluta precisión quién sufrirá una fractura y cuándo lo hará.
“Que la osteoporosis se cura. Es lo que me gustaría poder decir así, de forma categórica”
En los próximos años, la integración de la información clínica con los datos genómicos, los biomarcadores y las nuevas herramientas de inteligencia artificial podría ayudarnos a avanzar hacia una medicina de precisión más individualizada. Sin embargo, una fractura depende de múltiples factores, algunos difíciles de anticipar, como las caídas o determinadas circunstancias ambientales. Es probable que mejoremos mucho nuestra capacidad predictiva, aunque todavía desconocemos cuál será su límite real.
Para terminar, volviendo al día de hoy, al Día Mundial de la Osteoporosis: ¿qué le gustaría poder decir a los pacientes dentro de diez años que hoy la medicina todavía no está en condiciones de prometerles?
Respuesta.- Que la osteoporosis se cura. Es lo que me gustaría poder decir así, de forma categórica. Ojalá. Para ello hay que seguir investigando, haciendo proposiciones, ensayos. Lo habitual para que un día se llegue al “Eureka!” definitivo. Se cura. Eso es lo que me gustaría decir, sí.


