Hasta ahora se pensaba que era un proceso lineal y los recuerdos a corto plazo se consolidaban en una memoria a largo plazo. Este trabajo demuestra que no hace falta la primera.
Cada día estamos expuestos a miles de estímulos y nuestro cerebro trabaja incansablemente para registrar nuestras experiencias como recuerdos, creando representaciones mentales de nuestros eventos diarios que permanecen durante cortos periodos de tiempo y si se almacenan correctamente pueden pasar a la memoria a largo plazo. Ahí entra en juego la memoria y conocimientos ya existentes, con los que el cerebro puede crear asociaciones y cuantas más cree mejor será el recuerdo, teniendo las emociones un papel fundamental para esa fijación de los recuerdos.


