La sangre de cordón es probablemente una alternativa más protectora ya que es fisiológicamente más compatible que la de los adultos y puede ayudar a paliar las complicaciones asociadas a la prematuridad.
Los recién nacidos prematuros extremos, aquellos que nacen antes de las veintiocho semanas de gestación, necesitan a menudo transfusiones de sangre porque son especialmente vulnerables a padecer anemia. Esta es una complicación frecuente en estos prematuros con menos de 1,5 kg de peso, que se trata mediante transfusiones de concentrados de hematíes —glóbulos rojos— procedentes de donantes adultos. Actualmente, en Cataluña se transfunde a cerca de medio millar de bebés prematuros al año con sangre procedente de donantes adultos.


