En algunas sociedades, los ultraprocesados representan un 50% de la energía total consumida diaria, mientras se advierte sobre su influencia en algunos cánceres digestivos.
La calidad de la dieta, junto a otros factores de riesgo, como el consumo de alcohol o tabaco, puede desempeñar un papel importante en el desarrollo de algunos cánceres digestivos. En este contexto, un estudio realizado por la Unidad de Epidemiología de la Nutrición de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH), ha evidenciado que las personas que consumen mayor cantidad de alimentos ultraprocesados (más de 148 gramos/día) presentan un mayor riesgo de desarrollar cáncer de esófago(129% más) y de estómago (56%), que quienes los consumen en menor medida.
El estudio, publicado en la revista científica Frontiers in Nutrition, incorpora datos de más de mil participantes y se suman a la evidencia científica que desaconseja el consumo habitual de alimentos ultraprocesados.
Los alimentos ultraprocesados son aquellos que se elaboran industrialmente con sustancias derivadas de los alimentos, junto con aditivos alimentarios e ingredientes superfluos, como los colorantes, y con poca o ninguna presencia de ingredientes frescos. Desde el punto de vista nutricional, suelen contener cantidades elevadas de grasas totales, grasas saturadas y trans, sal y azúcares simples, además de presentar un menor contenido de fibra y micronutrientes. Según explica Laura Torres Collado, investigadora del grupo de Epidemiología de la Nutrición de la UMH (EPINUT UMH) y primera firmante del estudio, “cada vez hay más evidencia de que determinados patrones dietéticos, especialmente aquellos con alto consumo de alimentos ultraprocesados y bajo consumo de alimentos ricos en fibra, como las frutas, verduras y legumbres, pueden favorecer el desarrollo de algunos cánceres como los digestivos”.
En el estudio de casos y controles Panesoes, los investigadores analizaron la asociación entre el consumo de alimentos ultraprocesados y el riesgo de desarrollar tres tipos de cánceres digestivos: esófago, estómago y páncreas. Para ello, utilizaron datos de 1.218 participantes (193 casos de cáncer de esófago, 412 de estómago, 161 de páncreas y 452 personas sin cáncer -grupo de control-), reclutados en cuatro hospitales de Alicante y cinco de Valencia.
Según explica Jesús Vioque, director del grupo EPINUT de la UMH y líder del estudio, “todos los casos fueron incidentes, es decir, de nuevo diagnóstico, excluyéndose los casos prevalentes. Los controles se eligieron apareando por sexo, edad y provincia”. Respecto a la metodología, “todos los participantes fueron entrevistados por médicos en el momento de su ingreso hospitalario, y facilitaron información sobre estilos de vida y dieta mediante cuestionarios de frecuencia alimentaria validados, dando información sobre la dieta habitual 5 años antes del diagnóstico”. Además, se confirmaron los diagnósticos a partir de los informes anatomopatológicos.
Riesgo de tumor de esófago y estómago
Tras ajustar los resultados por distintos factores sociodemográficos y estilos de vida (edad, sexo, tabaquismo, consumo de alcohol o nivel educativo), los investigadores observaron que las personas con mayor consumo de alimentos ultraprocesados estimados mediante cuestionarios de frecuencia alimentaria semicuantitativos (consumo mayor de 148 gramos al día) presentaban un riesgo significativamente mayor de padecer cáncer de esófago y de estómago.

En concreto, los grandes consumidores tenían un riesgo 2,29 veces mayor de desarrollar cáncer de esófago y 1,56 veces superior de padecer cáncer de estómago. En cambio, no se observaron asociaciones significativas entre el consumo de ultraprocesados y el cáncer de páncreas. Según incide Vioque, “se confirmaron otras asociaciones como las encontrada con nivel socioeconómico, el consumo de tabaco y alcohol con los cánceres de esófago y estómago”, consistentes con la literatura para estos factores, “lo que fortalece las asociaciones encontradas con los alimentos ultraprocesados”.
Investigaciones previas
En estudios previos del grupo de Epidemiología de la Nutrición de la UMH ya se advierte sobre el impacto perjudicial del consumo de alimentos ultraprocesados. Por ejemplo, afecta negativamente a la flora intestinal de los adultos mayores con sobrepeso u obesidad y que aumenta el índice de masa corporal y la presión arterial. Con respecto a los cánceres del sistema digestivo, otro estudio del grupo EPINUT previo que una mayor adherencia a patrones dietéticos provegetarianos basados en alimentos saludables, se asocia con un menor riesgo de cáncer de esófago, estómago y páncreas; mientras que un patrón vegetal poco saludable -basado en alimentos vegetales muy procesados o ricos en azúcares-, aumenta el riesgo de cáncer gástrico.
¿Cuáles son los ultraprocesados más peligrosos?
El análisis que ahora publican ha permitido identificar qué categorías de ultraprocesados podrían estar más relacionadas con estos tumores digestivos. “Fijándonos en subgrupos de alimentos ultraprocesados, encontramos asociaciones destacadas con el consumo elevado de productos lácteos ultraprocesados -como la leche condensada o los helados- y de dulces y bollería industrial, vinculados a un mayor riesgo de cáncer de estómago”, enfatiza. Por otra parte, los refrescos y las bebidas azucaradas, así como los alimentos precocinados -sopas, salsas o platos para freír-, se asociaron con un mayor riesgo de cáncer de esófago. Vioque subraya que “es necesario realizar más estudios en otras poblaciones para confirmar todos estos hallazgos y, en paralelo, profundizar en los mecanismos biológicos implicados”.
En el trabajo también han participado los investigadores del grupo EPINUT de la UMH Sandra González Palacios, Laura María Compañ Gabucio, Carolina Ojeda Belokon, Marielisa Gabriela Belisario Ubeto y Manuela García de la Hera. El equipo investigador forma parte del Instituto de Investigación Sanitaria y Biomédica de Alicante (Isabial) y está integrado en el Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CiberESP) del Instituto de Salud Carlos III. Para llevar a cabo la investigación, han contado con financiación del Ministerio de Sanidad, de la Generalitat Valenciana y de Isabial.
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FUENTE: Correo Farmaceútico


