Ser optimista reduce un 15% el riesgo de desarrollar demencia

El optimismo no es solo un rasgo de personalidad, sino un activo biológico que protege al cerebro, según lo observado en un estudio sobre 9.000 adultos durante 14 años.

“Mira siempre el lado bueno de la vida”, cantaban y silbaban los Monty Python en la escena final de la película La vida de Brian; un himno al optimismo absurdo y paródico que acaba de recibir respaldo científico: un equipo de investigadores de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard ha confirmado que cultivar una actitud positiva, al margen de una forma de ver la vida, es un escudo contra la demencia.

El trabajo, que se ha publicado en el Journal of the American Geriatrics Society, señala que las personas más optimistas tienen un 15% menos de probabilidades de desarrollar demencia que aquellos con una visión más sombría de la vida. El hallazgo sitúa a los factores psicosociales en la primera línea de la prevención, algo fundamental teniendo en cuenta que actualmente no hay cura para estos procesos neurodegenerativos y 57 millones de personas conviven con demencia en el mundo -en España, según la Sociedad Española de Neurología (SEN), unas 800.000 personas padecen Alzheimer, la forma más común de demencia, cifra que podría duplicarse en las próximas dos décadas por el envejecimiento de nuestra población-.

Se siguió a 9.071 adultos durante un periodo de hasta 14 años(entre 2006 y 2020). Para los científicos no se trata solo de estar alegre, sino de una disposición mental constante. En el trabajo, ese resultado del 15% de mayor protección para las neuronas de los optimistas se mantuvo incluso tras ajustar los datos por edad, sexo, origen étnico y nivel educativo. Es más, los investigadores descartaron que la protección se debiera a otros factores: los resultados eran los mismos aunque la persona tuviera enfermedades crónicas, como diabetes, o cuadros de depresión.

A menudo, la psicología positiva se enfrenta al recelo de los que consideran que sus beneficios son meramente anecdóticos o que están sesgados por la salud previa del individuo. Por ello, el equipo liderado por la investigadora Säde Stenlund y la profesora Laura D. Kubzansky ha diseñado un estudio con un gran rigor metodológico para evitar espejismos estadísticos.

Uno de los mayores retos en estos estudios es lo que se llama causalidad inversa: ¿es el optimismo el que protege al cerebro o es que las personas que empiezan a sufrir un deterioro cognitivo pierden su capacidad de ser optimistas? Para despejar la incógnita, los científicos realizaron un análisis de sensibilidad eliminando a todos los participantes que desarrollaron demencia en los dos primeros años de seguimiento, pero el efecto protector del optimismo se mantuvo intacto, demostrando que la actitud positiva precede y previene el daño.

¿Por qué ser positivo salva neuronas?

Los investigadores utilizaron el test validado Life Orientation Test-Revised (LOT-R) para medir ese optimismo, definido como una expectativa general de que sucederán cosas buenas. Pero, ¿cómo consigue un pensamiento positivo convertirse en un escudo químico que impide que el Alzheimer empiece a devorar nuestro cerebro?

Los autores sugieren varias vías. Por un lado, el mecanismo directo: el optimismo se asocia con menores niveles de cortisol (la hormona del estrés) y una respuesta inflamatoria más controlada. “Identificar el optimismo como un factor psicosocial protector destaca el valor potencial de esta actitud para apoyar un envejecimiento saludable”, escriben los autores. Laneuroinflamación es, precisamente, uno de los grandes enemigos en el desarrollo del Alzheimer.

Por otro lado, existen mecanismos indirectos. Las personas optimistas suelen tener redes sociales más fuertes y mayor capacidad de resiliencia ante la adversidad, factores que contribuyen a una mayor reserva cognitiva. Aunque el optimismo tiene un componente hereditario (estimado en un 25%), el trabajo subraya que es un rasgo modificable. Existen intervenciones psicológicas que han demostrado ser eficaces para elevar los niveles de optimismo, lo que abre la puerta a nuevas estrategias de salud pública que no dependan exclusivamente de fármacos.

Para los investigadores de Harvard es fundamental seguir explorando si el optimismo aprendido o aumentado en la edad adulta tiene el mismo impacto en mantener una función cognitiva saludable que el carácter positivo de nacimiento y también se necesita más investigación para comprender mejor si el optimismo podría formar parte de las iniciativas de prevención de la demencia.

 

 

FUENTE: Diario Médico

 

Ana Manterias
Ana Manterias
Colabora en el portal desde el ámbito de la comunicación y el marketing, con una visión estratégica orientada al sector de la sanidad y la salud, las enfermedades y la nutrición. Especializada en relaciones institucionales, coordina la línea editorial de todos los autores con un enfoque riguroso y coherente.

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